Historia de un sí - 44
      Caminatas por
los pirineos        

Después de celebrar la Santa Misa, continúan la marcha a través del bosque. Varios días después, tras una larga noche de camino, llegan a la falda de un monte. Es domingo. El Padre se prepara para celebrar la Santa Misa. Será la última antes de salir de España.
Una gran piedra, casi plana, le sirve de altar. Don Josemaría reza sin prisa y con atención. Con el corazón, como es su costumbre. Todos los asistentes, muy conmovidos, se contagian de su amor a Jesucristo. Un estudiante catalán escribe en su diario:
-Nunca he oído Misa como hoy. Este sacerdote es un santo.

Cuando acaba de dar la Sagrada Comunión,
el Padre coloca algunas Formas Consagradas
en una pequeña caja que pone en su pecho,
muy cerca de su corazón. Durante algún tiempo éste será el único Sagrario de la Obra. De este modo tienen la compañía del Señor y pueden comulgar
aunque sea imposible
celebrar la Santa Misa.

Apenas anochece
continúan avanzando
a través del monte.
Don Josemaría
recomienda a sus hijos
que ofrezcan aquellos
peligros e incomodidades.
Durante la tercera
noche encuentran una
carretera. La cruzan
con mucho cuidado
para no ser descubiertos.
Caminan después por
el centro de un río,
con el agua a media
pierna. Al hacerse de
día se esconden detrás
de unas piedras. Están
agotados. Algunos,
destrozadas las zapatillas,
sangran por los pies.
El frío es cada vez más
intenso.

Pronto comienza a caer aguanieve. Al fin oscurece y empieza la última noche. Ésta será la más peligrosa de todas. En silencio avanzan hacia Andorra. Suben una sierra. Bajan después por la ladera opuesta y de pronto:
-¡Chist! –el guía hace gestos con las manos.
-¡Cuidado! Son señales de que existe peligro.
-Escondámonos entre las rocas.

El guía acaba de descubrir una pequeña luz en el valle. Es un puesto de soldados que guardan la frontera. Pasan cerca del control y los ¡perros huelen a los fugitivos y empiezan a ladrar! Se paran. El silencio es absoluto. Suben después una pequeña y difícil montaña y atraviesan un riachuelo.
-¡Lo hemos conseguido! –grita entonces el guía-. ¡Estamos en Andorra!

Aún es de noche. De repente oyen disparos a sus espaldas. Son los soldados que han descubierto su huida.

Gracias a Dios están
fuera de su alcance.
El Padre se dirige a
los que le acompañan:
-Vamos a rezar la Salve
para agradecer a la
Santísima Virgen su
especial protección.

Todos oran con alegría
y cariño a la Madre de
Dios. Ya es diciembre y
cae nieve abundante.

Unos días después
entran en España por
San Sebastián.

Aún quedan muchos
meses de guerra.

 
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