Durante estos viajes, el Padre predica retiros y ejercicios espirituales muchas veces al año. Todos oyen su palabra: chicos, chicas, profesores universitarios y sacerdotes, cientos de sacerdotes. Cada vez hay más personas del Opus Dei en diferentes ciudades de España.
Pero también hay gente que no comprende lo que es el Opus Dei y acusa al Padre falsamente de no estar haciendo una cosa de Dios.
El Obispo de Madrid, gran amigo del Padre, decide aprobar la Obra. Es decir, reconocer que viene de Dios y que, por tanto, puede extenderse por toda España. Cree que, de este modo, cesarán las afirmaciones falsas contra el Padre. Él mismo le da la noticia. Un día suena el teléfono.
-¿Quién es, por favor?
-El Obispo de Madrid. ¿Está el Padre?
-Sí, soy yo mismo, señor Obispo. ¿Qué desea?
-Comunicarle que he aprobado la Obra. ¡Enhorabuena!
-Muchas gracias, señor Obispo –contesta el Padre lleno de gratitud.
Inmediatamente después se reúne con su madre y le dice:
|
 |
-¡Quiero darte una buena noticia!
-¿Cuál?
-Acaba de telefonear el señor Obispo para anunciar que ha aprobado la Obra.
Se dirigen al Oratorio. De rodillas, junto al Sagrario, el Padre habla agradecido y emocionado:
-Gracias, Señor, por este regalo.
Lo mismo hacen todos los miembros de la Obra cuando llegan a casa.
El Padre continúa viajando de una ciudad a otra. En uno de estos viajes llega a Lérida para predicar a sacerdotes. La misma mañana en que empieza el retiro, le dice el obispo de la Diócesis:
-Don Alvaro le llama por teléfono.
A través del hilo telefónico, el Padre escucha esta dolorosa noticia:
-Su madre ha muerto inesperadamente.
El Padre siente una profunda tristeza. Se acerca al Sagrario y habla con el Señor muy conmovido. Pronto comprende que Dios ha hecho lo que más conviene y acepta, con amor, su Voluntad.
Después, llora como un niño que ama
a su madre con locura.
Ya de madrugada llega a Madrid.
Entra en el Oratorio. Se arrodilla
ante el cadáver y llora de nuevo
junto a sus hijos, que le
acompañan emocionados.
Después, estando a solas
con Alvaro, le pide que rece
con él una oración de acción
de gracias al Señor. Al
terminar celebra la
Santa Misa por su madre.
Tras la muerte de doña Dolores,
su hermana Carmen realiza el
trabajo que en los últimos años
han hecho entre las dos, hasta
que Dios se la lleva con Él
al Cielo, muchos años después. |