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25/02/13 - 00:00 Espectáculos

Si no fuera músico...

Para cuatro artistas nacionales, dedicar la mayor parte de su vida a crear ritmos ha sido su realización.

POR PAMELA SARAVIA - MúSICA

Durante mucho tiempo, vivir de la música en Guatemala no era una opción. Y aunque aún requiere de muchos esfuerzos, poco a poco se han ido abriendo puertas para lograrlo. Ellos saben que su profesión requiere de tiempo, estudios y grandes sacrificios.

Pese a eso, varios de los artistas nacionales también tienen una carrera universitaria e incluso trabajan en esas áreas, en forma paralela a su vida en los escenarios.

Otros han dejado en pausa los estudios y otras aspiraciones por enfocarse en la música.

Los cuatro intérpretes que acá se presentan cuentan qué sería de sus vidas o cómo creen que esta sería si la música no se hubiera convertido en su prioridad.


Dj Pako Rodríguez

Para el disyóquey guatemalteco, el hecho de dedicarse a la música estuvo muy claro desde sus 14 años, cuando empezó a ir a todo tipo de fiestas a trabajar como Dj.

Al salir del colegio ingresó en la universidad e intentó estudiar Administración de Empresas y Comunicación, pero se dio cuenta de que no era para eso; lo suyo era la música y era lo que quería hacer el resto de su vida.

Sin embargo, en algún momento de su infancia hubo otra carrera que también le llamó la atención y a la que solía jugar con frecuencia: ser cineasta.

 “Teníamos en casa una cámara, y yo la agarraba  y  empezaba a grabar. Vestía a mis amigos y los ponía a actuar”, cuenta el Dj, quien ahora filma sus propios videos para sus shows.

 

Mike Llera (El Clubo)

Al guitarrista de esta banda guatemalteca siempre le gustó la música. A los 12 años su papá le regaló una guitarra acústica y desde entonces  empezó a formar agrupaciones en el colegio.

Luego empezó estudios en Ingeniería Industrial y está próximo a terminar la carrera. Sin embargo, hay algo más que siempre lo ha  apasionado: la aviación.

“Lo que siempre amé, me llamó la atención y fue mi sueño: ser piloto aviador”, cuenta.

Tiene varios tíos pilotos, y de pequeño lo llevaban a dar “colazos”. Desde entonces quiso ser piloto aviador.

Mike aún tiene en su mente estudiar algún día para esto, pero de momento sigue enfocado en la música.

 

David Martínez (Gangster)

La vida profesional del baterista se divide en  dos. Es químico farmacéutico y trabaja haciendo análisis de control de calidad de alimentos terminados. Además, estudia una maestría en Gestión de Recursos y Liderazgo Estratégico.

Atribuye su éxito en ambas ramas a dos cosas: voluntad y suerte. “Tiene mucho que ver la voluntad que uno tenga de hacer las cosas y hacerlas bien, y  también he tenido  suerte. Cada campo tiene su mundo, y si  querés hacer algo bien tenés que estudiar y dedicarte mucho a eso. Entonces, he tenido suerte de lograr encontrar tiempo para las dos cosas”, explica.

 

Ale Puga (El Tambor de la Tribu)

A este cantante solo le faltan dos cursos para cerrar la carrera de Administración de Empresas,  pero por ahora su vida gira por completo en torno a la música, que es su pasión desde los 4 años, cuando su papá escuchaba elepés en casa.

La realidad para Puga es que  aunque se dedicara a la administración, seguiría ligado a la música.

 “No me puedo imaginar mi vida sin el Tambor o sin la música. Algo tendría que estar haciendo ligado con ella, aunque sea grabando mis canciones de manera amateur o tocando en bares con un nombre artístico”.


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