Revista D

Formación superior

En Centroamérica, más de 70 universidades se han fundado  en la última década. Pero, ¿se ha mejorado la calidad educativa?

Por Ana Lucía González

La educación es uno de los instrumentos más poderosos para reducir la pobreza y la desigualdad. Además, sienta las bases para un crecimiento económico sostenido.

En Centroamérica, Panamá, Belice y República Dominicana funcionan 242 universidades, entre públicas y privadas, según informes del Consejo Superior Universitario Centroamericano (Csuca). De estas, 27 son públicas y 215 privadas (periodo 2013-2014).

De acuerdo con datos del Csuca, con sede en Guatemala, los países que tienen mayor número de centros de enseñanza superior privadas son Costa Rica con 51 y Nicaragua con 50.

Este auge ha sido constante, pues en el 2004 solo funcionaban 169 (excepto Belice y República Dominicana) —17 públicas y 152 privadas—, explican los informes de este organismo.

Pasaron 284 años para que se registrara este fenómeno, a partir de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), la cuarta fundada en América Latina, el 31 de enero de 1676.

Privadas

La primera fue la Universidad Centroamericana, de Nicaragua, fundada por la Compañía de Jesús en 1960. Le siguió la Rafael Landívar, en Guatemala, en 1961, según lo documenta esta casa de estudios.

Aníbal Martínez, director administrativo del Csuca, afirma que esta expansión fue similar en toda la región durante dicho período, el cual fue liderado por la orden jesuita, que también creó otro centro de enseñanza superior en El Salvador, en 1965.

En cuanto a la alta cifra de sedes no gubernamentales en Nicaragua y Costa Rica, Martínez refiere que los requisitos en estos países para autorizarlas son más flexibles.

Baja cobertura

La población universitaria en el Istmo es de aproximadamente 843 mil estudiantes, de acuerdo con el reporte 2013-2014, del Csuca.

Pero podrían ser más. Este organismo estima solo en Guatemala una población de 196 mil 700 estudiantes, en el mismo lapso.

Bayardo Mejía, asesor pedagógico de la Dirección General de Docencia de la Usac, sin embargo, considera que la población es de aproximadamente 350 mil estudiantes, de los cuales la Usac matricula cerca del 45 por ciento.

Una investigación de Prensa Libre del 2012 determinó que solo el 2.24 por ciento de los guatemaltecos tiene acceso a inscribirse en alguna universidad del país.

Martínez considera que este porcentaje quizá sea inferior en el resto de centros de la región.

Ranking y calidad

Los rápidos cambios en la enseñanza superior en el siglo XXI han representado múltiples desafíos, desde el ámbito político, social, financiero y tecnológico, indican algunos estudios del Csuca.

A pesar de las casi 250 universidades en el área, la mayoría están en las últimas casillas de la clasificación iberoamericana o latinoamericana, no digamos mundiales, en las que simplemente no se figura en estos listados.

Para mejorar estos indicadores, en el 2003 se creó el Consejo Centroamericano de Acreditación, con sede en Costa Rica, el cual genera indicadores y desarrolla procesos de documentación de calidad a través de agencias para las diferentes carreras.

Sin embargo, Martínez considera que la escasa calidad educativa es un problema que se arrastra desde el nivel primario y secundario, lo que representa problemas de acceso y nivelación en el nivel terciario.

También existen otras falencias, entre estas, el poco incentivo a la investigación, que alcanza a los programas de posgrado, los que ofrecen pocas posibilidades de financiamiento. A esto se une la escasa oferta de programas en línea.

Por último, uno de los mayores desafíos en las universidades públicas es el balance entre calidad y oportunidad que permitan la inscripción a más estudiantes de bajos ingresos económicos.

Mejía refiere que para paliar estos desafíos se abordan una serie de estrategias, tales como optimizar la calidad docente, estructuras curriculares, así como garantizar el mayor número de graduandos posibles, además de desarrollar programas con empleadores.

Más allá de este escenario, Martínez imagina un espacio ideal de enseñanza donde no existan aulas ni paredes, donde se puedan ofrecer miles de opciones, con profesores en línea y donde los estudiantes organicen su propia guía de estudios. “Donde no se mida la calidad por los títulos de los profesores sino por sus conexiones virtuales”, concluye.