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Anorexia: la vida en una balanza

Esconder la comida y aborrecer hasta el agua purificada llevaron a Karla Daniela Paniagua Ávila a pesar 70 libras a los 16 años, un cuadro de desnutrición proteicoenergética severa —según la tabla de la Organización Mundial de la Salud, en relación con el índice de masa corporal—.

Por Gabriela López

Desde los 12 años, Paniagua Ávila padece anorexia y bulimia. Recuerda que era una excelente estudiante de sexto primaria, y pesaba 140 libras.

La nutricionista Kcrysta Rossal opina que para una niña de esa edad, con una estatura de un metro con 50 centímetros, existe riesgo de obesidad; pero aclara que no se pueden establecer estándares de peso en adolescentes, porque están en  crecimiento.

Paniagua Ávila ahora tiene 20 años, y reconoce que comenzó a comer menos y a hacer ejercicio hasta que se obsesionó.

“Uno nunca está consciente, cuando empieza,  de lo que puede llegar a ser”, expresa.

Pesarse todos los días era su martirio, y meses después  vomitaba todo lo que comía.

La joven fue hospitalizada por primera vez a los 13 años, por una severa deshidratación. En ese momento le diagnosticaron anorexia.

Una obsesión

La visita a una nutricionista le causó más obsesión por comer sano. Aunque había llegado a su peso ideal, quería perder más libras.

Paniagua Ávila veía lejos la anorexia. “Yo nunca voy a estar así”, pensaba. Su fascinación por  ver  mujeres anoréxicas en internet y querer ser como ellas la llevó a vomitar hasta 60 veces al día, y a pesar de ello se mentalizaba de que no estaba tan mal como otras mujeres. La debilidad la llevó al punto de caerse cuando intentaba pararse.

Asegura que cuando se padece anorexia, al pasar frente al espejo, “te ves gorda”.

Agrega: “Sientes culpa después de comer, sientes miedo a engordar”.

Se pierde todo

Dejó los estudios y cayó en depresión, la relación con su familia se complicaba; ellos querían que comiera, por salud, pero ella solo quería adelgazar más.

“Pensaba que no tenía ningún sentido vivir. Mucho tiempo pasé pensando en suicidarme”, comenta.

Recuerda que a los 16 años sus padres la internaron en una clínica especializada en tratamientos alimenticios, en México.

Estar lejos de su familia, sin contacto por  cuatro meses, la hizo tocar fondo y querer recuperarse.

Durante tres años estuvo bien con un peso de cien libras, se graduó del colegio y comenzó la universidad, donde inició sus estudios de Psicología, pero hace un año su salud empeoró. El deseo más grande de Paniagua es escapar de la enfermedad, que describe como “una locura”, y poder ayudar a otras personas.

Actualmente pesa 90 libras y debe recibir un tratamiento intensivo en México, ya que en Guatemala no hay una clínica especializada en anorexia, pero su familia no cuenta con recursos suficientes.

El tratamiento cuesta US$6 mil 500 mensuales, y lo requiere por seis meses.

¿Cómo ayudar?

Alejandra Paniagua, hermana mayor de Karli, como cariñosamente le llama, creó una fundación para salvar la vida de su hermana y la de otras personas que padecen anorexia.  

Hasta el momento han recaudado el costo de un mes de terapia.

Si desea ser parte de su recuperación, puede contactarla en Facebook como Todos con Karli – Karli’s Recovery.

Además, aceptan donativos en la cuenta monetaria 014-1006121-2, del banco G&T Continental, a nombre de Karla Paniagua.

¿Qué es la anorexia?

No existe una cifra oficial que confirme la cantidad de casos. Hernán Ortiz, psiquiatra especialista en adicciones, indica que la anorexia es un trastorno alimenticio que consiste en la obsesión por perder peso y tener una imagen corporal distorsionada.

La persona anoréxica restringe su alimentación y la bulímica come con exageración y luego vomita. La combinación de ambas se llama bulimarexia.

Recomendaciones

  • Expertos sugieren atender alertas de la enfermedad.
  • Reconocer que se tiene un desorden alimenticio y buscar ayuda.
  • Buscar a profesionales, como psicólogos, psiquiatras y nutricionistas.
  • Cumplir al pie de la letra con el tratamiento que se le asigne.
  • Se debe  trabajar no solo en la alimentación, sino también en un tratamiento psicoterapéutico.