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Geólogo Rüdiger Escobar Wolf: La prevención se construye

Apenas unas horas habían transcurrido del temblor de la madrugada del miércoles 14 último, y el geólogo Rüdiger Escobar Wolf ya mostraba en las redes una animación de los datos sísmicos obtenidos en tiempo real por la red sísmica global.

Por Mirja Valdés

En esta entrevista, Escobar Wolf se refiere a la dirección en la cual deberían encaminarse los esfuerzos para reducir los riesgos. Como él dice, “la esperanza es que como nación se logre tener acceso a mejores oportunidades, y no se tenga que vivir en un nivel de pura supervivencia”.

El país es altamente sísmico. ¿Qué deben considerar los guatemaltecos al construir?

Cómo, dónde y con qué se construye son quizás las variables más importantes por considerar. Tecnologías constructivas tradicionales, como el adobe, pueden ser altamente vulnerables al movimiento sísmico.

La mampostería reforzada, las construcciones con paredes de bloc y columnas de concreto con acero reforzado son menos vulnerables. Si se abusa en el diseño y construcción de estas tecnologías, por ejemplo agregándole más niveles a una casa de los que permitirían su diseño original, puede volverla vulnerable.

El lugar donde se construye también es muy importante para reducir el riesgo sísmico. Una estructura que esté diseñada y construida para resistir el movimiento sísmico, pero que esté en un área que pueda deslizarse o quedar soterrada bajo un deslizamiento de una ladera cercana será igualmente vulnerable.

Ante la inminencia de sismos, ¿hacia dónde deberían encaminarse los esfuerzos del Estado para minimizar los daños?

Uno de los papeles fundamentales del Estado sería regular la construcción de estructuras para que sean sismorresistentes y no se localicen en áreas que las expongan a deslizamientos, entre otros. Las normas de Asociación Guatemalteca de Ingeniería Estructural y Sísmica (Agies) son “recomendadas”. Si se hicieran obligatorias, quizás se podría reducir la vulnerabilidad sísmica.

Geólogo guatemalteco Rudiger Escobar Wolf.
Geólogo guatemalteco Rudiger Escobar Wolf.

Pero más allá de solo establecer un marco regulatorio, el Estado haría bien en incentivar por otros medios el diseño y construcción sismorresistente. Y claro, empezar por abordar el problema de todas las estructuras que son propiedad del mismo Estado, y que sospecho en muchos casos son altamente vulnerables al riesgo sísmico. Hace muchos años se dio una iniciativa para reducir esa vulnerabilidad, y se creó una comisión de reducción del riesgo sísmico dentro del Ejecutivo, pero creo que ese esfuerzo se apagó.

Los últimos temblores han ocurrido en áreas de San Marcos, Quetzaltenango y Retalhuleu. ¿Hay alguna explicación?

El que los sismos recientes hayan afectado particularmente esa región es una casualidad. No sería sorprendente que el próximo sismo destructor ocurra en un área diferente de Guatemala. Por ejemplo, los que causaron daño en el departamento de Santa Rosa en el 2011. Y quizás una de las áreas más críticas es la capital, asentada en un área que puede producir sismos altamente destructivos —por las fallas asociadas al graben del valle de la ciudad—. Un ejemplo de esto son los sismos que causaron muchas muertes y destrucción en el área de la capital en 1917 y 1918.





Escuchamos en las noticias magnitud e intensidad. ¿Cuál es la diferencia entre ambos?

La magnitud es una medida del tamaño total del sismo o la energía total radiada como ondas sísmicas. Es decir que es un solo número que mide el tamaño final del sismo. La intensidad mide qué tan fuertes son los efectos del sismo en un lugar dado, de tal forma que para el mismo sismo se registrarán distintas intensidades en distintos lugares, dependiendo de qué tan lejos está el lugar del origen de las ondas sísmicas.

Es decir, los sismos de mayores magnitudes tienden a generar intensidades máximas más elevadas. Esa correlación depende mucho de algunas características del sismo, en particular de la profundidad de la zona donde se generan las ondas sísmicas. Sismos muy profundos tienden a generar intensidades menores.

Las casas y templos de adobe cedieron ante la fuerza de la naturaleza. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Las casas y templos de adobe cedieron ante la fuerza de la naturaleza. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

¿Qué lecciones se pueden tomar de las experiencias de otros países altamente sísmicos, como Chile, Japón y algunas regiones de Estados Unidos?

Muchas cosas se pueden aprender. Las normas de construcción y organización territorial, como mencioné anteriormente, son muy estrictas en algunos de estos países. Pero también es importante reconocer que sin acceso a los recursos adecuados es difícil implementar esas normas, o en general, optar por comportamientos más seguros. Cuando lo importante es conseguir el sustento del día, la preocupación acerca del impacto de un sismo, que quizás solo ocurra una vez cada cien años, probablemente caerá bajo en la lista de prioridades.

El reto quizás es tratar de implementar lo más que se pueda, con los recursos que se tienen. Y claro, a largo plazo la esperanza es que como nación se logre tener acceso a mejores oportunidades, y no se tenga que vivir en un nivel de pura supervivencia.

Japón anticipa por segundos los sismos, no es mucho, pero alerta y ellos tienen protocolos que siguen. ¿Podríamos contar con ese sistema?

También México lo tiene. En Guatemala, en teoría, también es posible, porque el mecanismo es el mismo, sobre todo para los sismos de la zona de subducción en el Pacífico. ¿Qué hacer con esa información?, es una pregunta más compleja, algo que quizás podríamos preguntarles a nuestros vecinos mexicanos.

Usted ha señalado la necesidad de generar conocimiento científico de todas las amenazas naturales. ¿En cuáles deberíamos enfocarnos?

El conocimiento científico y técnico podría ser muy valioso para reducir el riesgo sísmico. Caracterizar mejor la amenaza sísmica, con estudios de la sismicidad pasada, especialmente para fuentes sismogénicas como las fallas del graben de la Ciudad de Guatemala, creo que podría ser de gran valor para ese fin.

Estudios sobre la amenaza de deslizamientos asociados a sismos, especialmente en áreas que se han poblado recientemente, también podrían ser valiosos.

Pero más allá de generar ese conocimiento, es importante socializarlo con aquellos que pueden tomar decisiones sobre temas de reducción del riesgo.

¿Por qué es importante para los gobiernos y la gente aprender sobre las ciencias de la tierra y el estudio de volcanes y sismos?

Crear conciencia en esos temas es importante, porque eso puede generar más apoyo para el tipo de investigación que mencioné anteriormente, pero a un nivel más general. Una población más educada en esos temas probablemente va a ser más abierta a considerar el riesgo o la vulnerabilidad cuando tome decisiones sobre cómo y dónde construir sus casas, sus negocios, lo que sea.

Lograr que la población en general tenga un mejor nivel de conocimiento de esos temas podría ayudar a que ganen mayor importancia en la agenda nacional. Desafortunadamente, estos temas suelen salir a la superficie únicamente de forma coyuntural, cuando ocurre un evento desastroso. El ejemplo del deslizamiento en El Cambray es uno que me viene a la mente.

¿Qué le recomienda un experto en riesgos al ciudadano común antes, durante y después de un sismo?

Lo que hagamos antes es probablemente lo más importante, aunque también lo más difícil. Antes del sismo es cuando tenemos la oportunidad de reducir la vulnerabilidad del lugar donde vivimos, trabajamos. Lo primero es identificar si nuestra casa o trabajo están expuestos a la amenaza sísmica, si son vulnerables.

¿Qué tipo de estructura es? ¿Qué tan resistente a sismos es? Y aunque la estructura se piense que es resistente, ¿está en un área en la que podría ser afectada por deslizamientos o licuefacción causados por un sismo? Todas estas preguntas pueden ser muy difíciles de contestar para alguien que no sea experto en temas de ingeniería estructural, o riesgo sísmico, pero algunas de las guías básicas, como las de Agies, pueden darnos una idea. Idealmente, el Estado jugaría un papel en esto, tratando de identificar áreas que estén altamente expuestas o proveyendo guías generales para que la población se dé una idea de su nivel de vulnerabilidad.

¿En qué piensa cuando sucede un temblor?

Uno no puede evitar pensar en el sufrimiento de la gente que pierde familiares y amigos en esas tragedias, en la magnitud abrumadora de esas desgracias. Inevitablemente también pienso en la naturaleza del fenómeno, el tipo de sismo, cómo se generó, cómo se compara con otros sismos, etcétera. Existe esa dualidad entre la fascinación por un fenómeno tan poderoso y el horror por las posibles consecuencias.

Geólogo  

Rüdiger Escobar Wolf estudió:

  • Ingeniería Civil de la Universidad de San Carlos.
  • Trabajó como  analista de riesgo para la Conred.
  • Obtuvo una maestría y luego un doctorado en Ciencias Geológicas por la Universidad Tecnológica de Míchigan, Estados Unidos.
  • Estudió   Vulcanología y Riesgos Volcánicos.
  • Trabaja en  la investigación científica y docencia universitaria en temas relacionados con los riesgos geológicos, los volcanes y las aplicaciones de los sensores remotos.