Comunitario

La seguridad tiene rostro de mujer

Tres mujeres que integran las fuerzas de seguridad compartieron con Prensa Libre sus historias y dificultades para desempeñar profesiones históricamente “de hombres”; pero ellas, con su lucha y sacrificio han demostrado que las mujeres son capaces de ejecutar acciones de igual magnitud. 

Por José Manuel Patzán

Olga Urrutia Aldana tiene 61 años y aunque  su lugar de trabajo está en un consultorio del hospital de la Policía Nacional Civil, en la zona 1, tiene muy presente los días, cuando entre balas y piedras, atendía a los elementos  de la extinta Policía Nacional (PN) durante  enfrentamientos con la insurgencia.

Urrutia Aldana recuerda que  vivió tiempos difíciles para una mujer dentro de la PN, pues a pesar de que nunca sufrió una agresión física de sus compañeros hubo momentos en que fue vista como una persona débil, por el hecho de ser mujer.

La profesional de la medicina ingresó a la PN en 1978, como ayudante de la clínica médica, desde donde se mantuvo alejada de las ideologías del conflicto armado interno, pero no de  momentos difíciles en los que pensó que podría morir.

La médico recuerda que comenzó sus labores  con una  plaza de Policía Nacional, con un sueldo de Q43 mensuales, pero se desempañaba con los médicos.

“Era una época conflictiva, se hacían rondas  por las  noches y salíamos a los enfrentamientos  con la insurgencia, nos decían que necesitaban médicos y nos íbamos al lugar, fue una época que se marcó porque atendíamos a los heridos en el lugar de los hechos, ahora los llevan al hospital de la PNC”. Refirió.

Agregó que uno de los momentos de más riesgo que recuerda fue cuando varios reos se fugaron de la Granja de Rehabilitación Penal Pavón, Fraijanes, cuando estuvo presente para atender a posibles heridos por la persecución que se efectuaba  entre disparos.

Lucha y sacrificio

Los horarios que tenía Urrutia Aldana normalmente eran nocturnos y de madrugada, en algunas ocasiones  al llegar a las 7 horas  a su vivienda prefería no dormir  para atender a su familia.

“A veces quisiera regresar el tiempo para estar con la familia, pero  esta profesión es así y requiere de sacrificios. Cuando me dieron la plaza de médico me dijeron que el trabajo era de noche, y me preguntaron si estaba dispuesta a aceptar la plaza, porque habían solo hombres y yo era una dama”, dijo Urrutia.

Añadió, “Yo les digo a las mujeres que luchen, que nunca se queden esperando, yo soy médico desde antes que me graduara porque puse interés”.

Urrutia refiere que en la sociedad hay quienes discriminan a la mujer porque piensan que es débil y quienes la ven como una competencia y tratan de evitar que se supere.

“Cuando hay una plaza entre un hombre y una mujer prefieren al hombre, porque consideran que la mujer es débil y no puede trabajar de noche”, aseguró.

Urrutia ha recibido varios reconocimientos del Ministerio de Gobernación y otras entidades por el trabajo que ha desempeñado como médico de la institución policial, en donde espera  seguir por muchos años.

“Somos los últimos que vamos quedando en el hospital y a veces pensamos que ya es hora de darle oportunidad a otras personas”, concluyó.

“El machismo existe pero uno puede demostrar que la mujer predomina”

“Mi familia y mis hijos se sienten orgullos porque no me ven como sexo débil. No tenemos la fuerza de un hombre pero  podemos lograr los objetivos”, refiere  la agente Pilar Pinedo Escobar, quien también integra los “lobos”.

La agente especializada dice que le gusta pertenecer a esa unidad policial por la agilidad y la capacidad que desarrollan con las motocicletas, para perseguir a delincuentes entre  callejones.

“Me siento orgullosa de pertenecer a los lobos, es una unidad muy llamativa ante la población y respetada. Desde que estaba en el curso de agentes me llamó la atención para pertenecer a las fuerzas especiales”, asegura Pinedo.

Uno de los momentos más peligrosos que recuerda dentro de la policía es la persecución a dos roba motos.

“Nuestra vida estuvo en riesgo porque se fueron contra la vía, los perseguimos y solo era cuestión de segundos para que alguien nos embistiera de frente, afortunadamente los logramos capturar”, precisó.

Añadió: “Algunos compañeros nos consideran  como el sexo débil, pero uno les demuestra que podemos consignar igual y ser igual de efectivas que ellos, en todo trabajo".