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Superar obstáculos es el destino del médico Javier Bolaños

Fueron muchos los desafíos, pero el médico pudo crear un postgrado de Cirugía Pediátrica para que  las nuevas generaciones puedan especializarse sin tener que viajar al extranjero.

Por Andrea Orozco

Javier Bolaños, cirujano pediatra que labora desde hace 29 años en el Hospital Roosevelt, asegura que lo más importante en su vida es Dios, su familia y el trabajo. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Javier Bolaños, cirujano pediatra que labora desde hace 29 años en el Hospital Roosevelt, asegura que lo más importante en su vida es Dios, su familia y el trabajo. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Graduar en Guatemala a la primera generación de cirujanos pediatras y comenzar la construcción de un hospital materno infantil son éxitos recientes de Javier Bolaños, guatemalteco reconocido por lograr  las primeras cirugías exitosas de separación de siamesas en la región.

La Universidad de San Carlos le cerró las puertas, pero Bolaños buscó otra opción y la primera generación de cirujanos pediatras del país concluyó en el 2016 sus dos años de especialización en la Universidad Mariano Gálvez.

Su vocación lo ha llevado también a ser pionero en la lucha por la construcción de un hospital materno infantil, en donde apuesta, de la mano con FundaEmi y FundaKids, a salvar a bebés prematuros y prevenir las muertes maternas.

Decisiones

Nacido en 1955, Bolaños recuerda que su infancia transcurrió entre la curiosidad y la manipulación de vísceras  de pollo, con lo que se reafirmó su deseo por la cirugía, aunque al terminar el bachillerato se enfrentó a una de las mayores decisiones de su vida, pues en el examen vocacional  medicina era su última opción.

“La vida es un conjunto de decisiones, por eso hay que escuchar la voz interior. Dios nos marca un propósito”, afirma el profesional, quien  siguió sus instintos y se graduó de médico.

Su especialización como cirujano llegó casi de forma natural, pero al concluir estos estudios su deseo de avanzar lo llevó a Boston, Estados Unidos, donde estudió durante dos años bajo la dirección de Hardy Hendren,  uno de los mejores cirujanos pediatras de esa época.

Junto a su  esposa y cuatro hijos, Bolaños viajó por su cuenta para completar su sueño, “no tenía beca, ni trabajo, era un acto de fe, mis hermanos creían que era una locura”, recuerda.

Al volver a Guatemala, en 1988, el especialista regresó al Hospital Roosevelt, donde ha trabajado durante 29 años, aunque los primeros cuatro su labor fue ad honorem, para ganarse una plaza.

Superar el miedo

De rostro sereno y voz amable, Bolaños se transforma cuando se trata de defender sus ideales y  dar una oportunidad a aquellos por los que nadie  apuesta.

“Quería hacer cambios, pero había una resistencia espantosa. Muchos de los pacientes pasaban meses en el hospital o eran enviados a casa porque creían que no se les podía hacer nada”, dice Bolaños.

Uno de los mayores obstáculos lo llevó a enfrentarse con sus colegas  para lograr lo que ahora es un éxito de país: la separación de siamesas.

“Creían que no se podía hacer una operación de esa magnitud en Guatemala. Simplemente porque no se había hecho antes no significa que no se podía luchar por hacerlo o, al menos,  intentarlo”, afirma.

Antes del retiro

Hace unos años, la idea del retiro llegó de golpe a la mente del médico, “uno no piensa mucho en esas situaciones, pero al final de cuentas tendremos el mismo final que nuestros antepasados”, indica haciendo referencia al momento de morir.

Por eso, antes de dejar el quirófano, su lucha se centra en preparar a la próxima generación de cirujanos pediatras.  “Hay tareas que le son asignadas a uno para abrir camino, para la gente que viene detrás”, reflexiona el experto.

Contra los pronósticos

El médico Javier Bolaños se enfrentó a mucha resistencia.

Ángela Leticia y Ángela Corina Piló Xicay  llegaron en el 2006 al Hospital Roosevelt  unidas por el tórax y el abdomen, para muchos estaban condenadas a morir y algunos se resistían a  separarlas.

Bolaños se empeñó en salvarlas y 10 años después, Ángela Leticia sobrevive a la primera cirugía exitosa de separación  de siameses efectuada en Guatemala y Centroamérica.

En febrero del 2013 llegó al hospital otro caso que solo Bolaños y su fe aceptaron. Ana Rosa y Aída Rosalina Castro Chacaj estaban unidas por la pelvis y compartían vejiga, cadera e intestino grueso. El gobierno  las quería enviar al extranjero.

Después de posponer por más de dos años la operación, las Rositas fueron separadas  bajo la dirección de Bolaños, las dos viven.