Comunitario

Prendas ceremoniales resguardan un legado

El Museo Ixchel conserva indumentaria maya que ya no se utiliza o incluso que ya no se teje.

Por Pablo Juarez

Algunas de las piezas que forman parte de la exposición Cofradías, textura y color. (Pablo Juárez Andrino)
Algunas de las piezas que forman parte de la exposición Cofradías, textura y color. (Pablo Juárez Andrino)

“¡Si no hay protección para los trajes mayas, en pocos años no habrá cultura!”. Este mensaje se leyó en una pancarta que levantó una de las asistentes a una manifestación que se llevó a cabo recientemente en la capital para defender los derechos de las personas que se dedican a tejer piezas de indumentaria indígena.

El mensaje del cartel no está lejos de la realidad, según expertos, quienes señalaron que los trajes son parte importante de la herencia ancestral y por lo tanto de la cultura de Guatemala.

Uno de los defensores de esta forma de arte es el Museo Ixchel de Traje Indígena, el cual desde hace 40 años se encarga de coleccionar, conservar, documentar y exhibir prendas que pertenecen a la tradición textil de los mayas de Guatemala, explicó Violeta Gutiérrez, directora técnica y curadora adjunta de esa institución.

Gutiérrez agregó que  dentro de su colección figuran piezas a las que denominan “históricas” porque según su investigación ya no las  confeccionan en las comunidades o su diseño ha variado dramáticamente con  el trascurso del tiempo y se elaboran con otro material, por lo que ya no se parecen  a las que exhiben.

Colección

Según Gutiérrez, la colección principal del museo cuenta con prendas y otros artículos que datan de finales del siglo XIX y la colección suma 7 mil 801 tejidos, los cuales son originarios de 147 municipios y 34 aldeas, por lo que 181 comunidades están representadas a través de ese legado textil.

“Todo el trabajo que hacemos está basado en investigaciones de campo; un equipo de profesionales visita las comunidades y documenta el uso de los trajes. Hemos tenido la oportunidad de platicar con los pobladores y son ellos quienes nos  explican si ciertos tejidos aún son utilizados”, dijo la curadora, quien señaló que la moda y los costos han influido en el cambio y desuso de los trajes.





“En los tejidos actuales, a veces las tejedoras jóvenes incluyen diseños de otra localidad y los mezclan con los suyos; un ejemplo es el de Almolonga, Quetzaltenango, pues el estilo de la pieza que aparece en nuestra exhibición ya no se usa. En esa comunidad aún tejen, pero lo hacen con algunas variaciones”, aclaró Gutiérrez.

De acuerdo con la experta, el huipil de Sacapulas, Quiché, se elaboraba con seda y actualmente se hace con acrílico, que es un material sintético, aunque los diseños guardan similitudes.

“Con el paso del tiempo se hace más necesario hacer estas investigaciones, pues en 10 años algunos trajes pueden cambiar o caer en desuso y es necesario documentar esos acontecimientos. Además se deben conservar los trajes porque el tejido es sumamente vulnerable”, afirmó Gutiérrez.

Valor espiritual

“En los bordados se ha guardado el conocimiento de nuestros antepasados. Los huipiles son bibliotecas ambulantes. Hay misterio en el significado de algunos, pero si los desciframos recuperaremos valioso conocimiento ancestral”, dijo Angelina Aspuac, coordinadora de la Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez.

De acuerdo con Aspuac, en comunidades como Santo Domingo Xenacoj, Sacatepéquez, o Chichicastenango, Quiché, algunos huipiles solo pueden ser usados por los integrantes de las cofradías y en algunos casos incluso hay jerarquías.

“Estas personas son las únicas que pueden portar esas prendas y para las comunidades ver a sus sagrados diseños en zapatos u otros artículos es ofensivo porque ni siquiera se les pide autorización para usarlos”, refirió Aspuac, quien añadió que han detectado que la cantidad de tejedoras ha disminuido debido a que ahora es menos rentable elaborar textiles mayas. 

Aníbal Chajón, investigador del Centro de Estudios Folclóricos de la Universidad de San Carlos de Guatemala, explicó que esas prendas son arte porque son piezas únicas, tienen una carga emotiva y las tejedoras ponen sentimiento en su elaboración.

En cuanto al uso de los diseños en objetos no tradicionales, el investigador dijo que hay motivaciones económicas. “El turismo es una buena fuente de ingresos y permite la conservación de entornos naturales y culturales, para hacer ‘recuerditos’ algunas personas alteran el sentido de los textiles y los usan con fines comerciales”, dijo.

Mientras instituciones como el Museo Ixchel o el Museo Nacional de Arqueología y Etnología se esfuerzan en preservar la indumentaria indígena para futuras generaciones, las tejedoras de las comunidades se unen y luchan  para que la forma de arte que les fue heredada por sus ancestros mantenga su valor cultural.