Comunitario

Samuel espera encontrar a su familia, aunque sea sin vida

La esperanza de hallar a su familia con vida  fue lo que motivó a Samuel Morales Herrera a cavar con una pala durante casi un día para encontrarlos, sin embargo,  luego de 42 horas de la tragedia, este padre solo espera encontrar sus cuerpos.

Por Edwin Bercián y Eswin Quiñónez

Samuel Morales Herrera pasó toda la noche intentando remover la tierra que cayó sobre su vivienda. (Foto Prensa Libre: Edwin Bercián)
Samuel Morales Herrera pasó toda la noche intentando remover la tierra que cayó sobre su vivienda. (Foto Prensa Libre: Edwin Bercián)

La noche del viernes, Samuel dejó de lado la pala, pues llegó maquinaria pesada para remover la tierra que enterró su casa, donde los esperaban su esposa y tres hijos, pero al mediodía de este sábado todavía faltaban unos ocho metros para alcanzar el techo de su vivienda.

La cantidad de tierra que cubrió su hogar hace creer a Samuel que sus seres amados ya no están con vida, por lo que ahora su esperanza es encontrar sus cuerpos y darles una sepultura.

Durante la noche del jueves y madrugada del viernes, el angustiado padre cavó y cavó. “Están vivos, están vivos”, se decía para alimentar la esperanza de hallarlos.

Cuando Morales Herrera se enteró de que la montaña cayó sobre su casa, el mundo se le vino encima. Él trabaja en la farmacia Carolina & H y a eso de las 22 horas del jueves escuchó en las noticias las sirenas que anunciaban la tragedia. Su corazón se detuvo cuando escuchó que el lugar que mencionaron los bomberos era su colonia.

Pensó poco. Su familia lo esperaba en la sala, como todos los días. Corrió. Desde lejos se veían las luces rojas y azules de las ambulancias. Las luces como luciérnagas de los cascos iban y venían hasta que llegó a donde tendría que estar su casa: solo había tierra.





Morales Herrera sacó fuerza alimentada por la esperanza de hallar aún con vida a su esposa, de 40 años, y sus hijos de 15, 12 y dos años. Arrebató la pala a unos de los rescatistas y comenzó a cavar.

Eran las 2 de la mañana. La búsqueda y rescate casi era suspendida por lo complicado del terreno, el riesgo por la lluvia y la oscuridad. Morales Herrera no desmayó.



Samuel Morales Herrera pasó toda la noche intentando remover la tierra que cayó sobre su vivienda. (Foto Prensa Libre: Edwin Bercián)
Samuel Morales Herrera pasó toda la noche intentando remover la tierra que cayó sobre su vivienda. (Foto Prensa Libre: Edwin Bercián)


El amanecer llegó y los escuadrones de rescate se organizaron de nuevo para buscar a víctimas de las cerca de 100 viviendas que quedaron destruidas. La luz del día halló a Samuel Morales Herrera en su lucha solitaria por remover la parte de montaña que cayó sobre su familia.

La casa de Samuel Morales Herrera era de dos pisos y confía en que su familia se encuentre en la sala, como casi todas las noches. Confía en que sus hijos estuvieran frente al televisor, mientras su esposa preparaba las cosas para el siguiente día. Confía en que toda su vida no quede sepultada bajo la tierra.

El pino de todos los días

El paisaje del Cambray 2 se ha llenado de palas, piochas y cualquier herramienta que ha servido para escarbar entre montículo de tierra, láminas y restos de cemento. Rescatistas de todas las instituciones de socorro no descansan para intentar hallar a personas con vida.

A eso de las 16.54 horas, Samuel Morales no había dormido. Apenas tomaba unos breves descansos y continúa con la búsqueda. El agujero que cavó en solitario durante la madrugada es a esta hora una enorme zanja perforada por varios voluntarios y por donde intentan hallar rastros de vida. "Esta es mi casa. Veo este pino todos los días al salir", balbucea.

Tyson no se aleja

Bajo la sombra de ese pino descansaba Tyson, un perro que solía merodear por la vivienda de la familia Morales y dio cierta certeza de que la excavación está en el lugar correcto.