Comunitario

“La corrupción cobra vidas”

Aunque reside y ejerce la medicina en Estados Unidos desde hace 35 años, el médico Fernando Stein Barillas ha tenido oportunidad de atender a niños guatemaltecos que llegan indocumentados a ese país.

Por Gustavo Adolfo Montenegro

FERNANDO STEIN se ha especializado en medicina crítica para niños.
FERNANDO STEIN se ha especializado en medicina crítica para niños.

Reside en Houston, Texas, y suele participar en misiones de voluntariado, en las cuales evalúa el estado de salud de menores detenidos en instalaciones fronterizas.

“Lo que más me duele es darme cuenta de las condiciones de mi país, que obligan a tantos niños a cruzar el desierto. Vienen deshidratados, lastimados”, cuenta Stein, quien actualmente preside la Academia Estadounidense de Pediatría, que reúne a 34 mil miembros; ese cargo se obtiene por votación directa.

¿Dónde estudió la carrera de Medicina?

En la Usac. Egresé en 1975. Después me vine para Houston, donde me especialicé en Pediatría Médica Crítica.

Es una disciplina con grandes avances, aunque en Guatemala todavía hay muchos retos pendientes.

Cierto. Las tasas de mortalidad infantil hacia 1950 eran altísimas, y eso ha caído mucho por los avances, vacunas, nuevos procedimientos. En Guatemala esto ha tenido su impacto, pero lamentablemente por factores sociales como pobreza no todos los niños tienen acceso a una atención de calidad.

¿Se entera en Estados Unidos de la crisis del sistema de Salud en Guatemala?

Desafortunadamente, sí. Es un problema que se ha agravado y que obedece a múltiples factores. Es alarmante el estado de escasez de medicinas y otros recursos necesarios que se da en el sistema hospitalario de Guatemala.

De hecho nos mantenemos actualizados gracias a la información de Prensa Libre por internet. Creo que la atención primaria externa nunca se privilegió para tener un enfoque preventivo efectivo.

¿La corrupción es uno de esos factores?

Sin duda que la corrupción ha sido la gran enfermedad. Lo peor de todo es que ya no solo es que se lleven medicinas, sino que esa carencia está costando vidas, muchas de ellas de niños y madres. La infancia paga los rezagos por falta de recursos.

¿Ha tenido oportunidad de atender a niños guatemaltecos en EE. UU.?

Lamentablemente, sí. Y le digo que lamentablemente porque ello ha sido en centros de detención de migrantes. Recién hace dos días —al momento de la entrevista—, fuimos con un grupo de médicos en misión voluntaria a una instalación en Brownsville —Texas—, y allí encontramos a niños de diversas nacionalidades unidos bajo un mismo drama.

Por supuesto, entre ellos encuentro a pequeños guatemaltecos, que han sido llevados para reunirse con sus padres, o quizá viajan con ellos pero han sido detenidos y se encuentran por tiempo indefinido en esos lugares. Se les hace una evaluación, exámenes y se les atiende con lo que necesiten.

¿Cuál es su sentimiento frente a este drama?

No puede uno evitar conmoverse, porque uno piensa que podrían ser los hijos o los nietos de uno quienes se ven en ese drama migratorio debido a las dificultades económicas de Guatemala.

En el aspecto comunitario, ¿identifica a los niños guatemaltecos como un sector con determinadas características de salubridad?

En Estados Unidos las comunidades nacionales de salvadoreños, mexicanos, hondureños, guatemaltecos y otras nacionalidades tienden a reforzar sus lazos, a relacionarse mucho con las personas de su mismo país... Eso me llevó a encontrar, en un estudio, que las características epidemiológicas de muchos niños migrantes guatemaltecos son simplemente similares a las del propio país; es decir, he encontrado desnutrición, baja talla y peso, aunque ya estén aquí en EE. UU.

¿Estará próximamente en Guatemala?

Participaré en un encuentro para pediatras auspiciado por el hospital Herrera Llerandi —el 30 y 31 de agosto y 1 de septiembre—, a quienes agradezco la invitación, para compartir experiencias.