Huehuetenango

Jacaltenango, lugar olvidado donde impera el hambre

Son las 11.30 horas y Magdalena Pascual Pérez, de 47 años, originaria de San Andrés Huista, Jacaltenango, Huehuetenango, no sabe qué les dará de almuerzo a sus nueve hijos y tres nietas, pues su esposo está postrado en cama y no tiene dinero para comprar alimentos.

Por Mike Castillo

Vivienda de la familia Silvestre Vargas, en la comunidad Com, Jacaltenango.
Vivienda de la familia Silvestre Vargas, en la comunidad Com, Jacaltenango.

Pascual explica que si tienen suerte comen hierbas o tortilla con sal. Un menú que aunque es poco nutritivo, se ha convertido en la única opción para la mayoría de residentes de esa comunidad, debido a que las fuentes de trabajo son escasas y el dinero no alcanza.

Historias como esta se repiten todos los días en comunidades de la parte alta de ese departamento, donde los pobladores viven en extrema pobreza, y como resultado de esa situación más de 900 niños menores de 5 años padecen desnutrición.

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Carencias

La dieta del 90 por ciento de los habitantes de San Andrés Huista se basa en frijol, hierbas y café. Además, padecen por la carencia de servicios básicos y en el puesto de Salud atienden tres auxiliares de enfermería y solo cuentan con tres frascos de albendazol, que se utiliza para tratar a pacientes con parásitos.

María Pérez Jiménez, vecina, contó que nunca ha comido carne de res, pues no cuenta con los recursos necesarios para que ese producto sea parte de su alimentación. Agregó que su dieta y la de sus ocho hijos se limita a fideos, arroz, frijol y maíz.

900 niños padecen   desnutrición crónica.

Añadió que para sustentar a la familia, su esposo busca empleo en diferentes labores, pero no todos los días encuentra quien lo contrate, mientras ella, como la mayoría de mujeres de la aldea, recoge leña y pasto para venderlos a Q15.

Pérez no puede ocultar su tristeza al recordar que su hijo, de 2 años, falleció en el 2015 a consecuencia de la desnutrición.

Julio Jiménez Marcos, 35, tiene siete hijos, entre ellos una bebé de tres meses que padece desnutrición crónica, por lo que todos los días viaja a comunidades cercanas en busca de empleo, con lo que consigue Q45 por jornal.

Su vivienda tiene un área de tres metros cuadrados y está construida con tres paredes de adobe y una de nailon, la cual durante el día funciona como cocina y por la noche como dormitorio, pues colocan petates de palma en el suelo para acomodarse uno al lado del otro.

Recuerda que llevó a su hija enferma al puesto de Salud, pero no había medicinas, lo que lo obligó a viajar a otra comunidad en San Marcos Huista en busca de una curandera tradicional.

El tercer alcalde auxiliar, Andrés Jiménez, explicó que no todas las personas tienen acceso a servicios básicos como drenajes o energía eléctrica, pero lo que más preocupa es que muchos carecen de una dieta balanceada y vivienda digna.

María Pérez Jiménez llora al recordar la muerte de uno de sus hijos a causa de la desnutrición.
María Pérez Jiménez llora al recordar la muerte de uno de sus hijos a causa de la desnutrición.


Luchan por sobrevivir

“Todos luchan por su vida, la subsistencia es un desafío diario para estas personas”, expresó.

Teresa Miguel Cardona, 44, quien perdió a dos de sus 11 hijos a causa de la desnutrición, cuenta que en diciembre del 2013 la humedad provocó que se cayeran dos de las cuatro paredes de su casa, por lo que recurre a pedazos de nailon para protegerse del frío y la lluvia.

Los lunes, Miguel acude al pueblo para vender hierbas que recolecta en el campo, con lo que obtiene unos Q25 para comprar algunos alimentos.

Toda su familia padece desnutrición crónica, y un ejemplo claro es que María Isabel tiene 5 años, pero su estatura es la de una niña de 2. “En la comunidad es normal que todos sean bajos de estatura, no sabemos por qué”, dijo.

Mujeres de San Andrés Huista, Jacaltenango, cargan pasto que venden, para luego comprar comida.
Mujeres de San Andrés Huista, Jacaltenango, cargan pasto que venden, para luego comprar comida.


Poco desarrollo

Cruz Silvestre Delgado, quien tiene 32 años de trabajar en la escuela de San Andrés, cuenta que muchos de los estudiantes no muestran interés en aprender y que solo asisten a clases porque saben que se les brindará una comida.

Afirmó que mientras cuentan con los recursos para alimentar a los menores hay afluencia de estudiantes, pero una vez se termina ese beneficio hay deserción. Añadió que de 117 estudiantes que se inscriben en primero primaria, unos 49 llegan a sexto grado.

3 auxiliares de enfermería atienden el puesto de Salud.

“Desayunan café con tortilla o hierbas y a veces no comen nada, luego vienen aquí —la escuela— y no rinden. Muchos niños llegan por la refacción escolar, no porque tengan interés de estudiar”, señaló Silvestre.

Virginia Castillo Camposeco, encargada del puesto de Salud en San Andrés, indicó que durante los siete años que tiene de trabajar en la comunidad, nunca han tenido los recursos necesarios para atender a la población.

“Nosotros no tenemos los insumos para tratar a los pacientes, ya que 900 niños menores de cinco años tienen desnutrición crónica y cinco desnutrición aguda”, concluyó.

Familias de la comunidad Com, en Jacaltenango, Huehuetenango, viven en casas de adobe y nailon.
Familias de la comunidad Com, en Jacaltenango, Huehuetenango, viven en casas de adobe y nailon.


Preocupan muertes  de menores 

De acuerdo con  Santiago Jacinto, del Centro de Atención Permanente (CAP) de Jacaltenango,  la situación es preocupante, pues la desnutrición crónica es un factor de alto peligro porque un niño con facilidad puede morir.

Agregó que en lo que va del año dos niñas han muerto por desnutrición.

El 8 de agosto último, falleció  Idaira Anabela Juan Matías, originaria de   Güizobal, debido

a desnutrición  aguda severa.

El 18 de julio, ingresó en el  CAP Sandy Joaquín Marcos,  por un cuadro agudo de diarrea, deshidratación severa y desnutrición aguda. La menor murió cuando era  trasladada  al Hospital Regional de Huehuetenango.