“El estigma mata más que el sida”

El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del sida, deja marcas imborrables, por lo que expertos sugieren que el Estado le preste atención “responsable” al avance de esa enfermedad.

Por Oscar Felipe Quisque y corresponsales

En Sololá se han detectado 16 nuevos casos de VIH este año, producto de tres mil 646 pruebas que Salud efectuó de enero a octubre.
En Sololá se han detectado 16 nuevos casos de VIH este año, producto de tres mil 646 pruebas que Salud efectuó de enero a octubre.

En todo el mundo, 42 millones de personas son seropositivas, según la Organización Mundial de la Salud, y en Guatemala existe un registro de 35 mil 660 portadores de VIH —378 nuevo casos este año—, y un alarmante subregistro que podría alcanzar los 56 mil, según Rodrigo Vega, oficial del Instituto Humanista de Cooperación para el Desarrollo (Hivos), entidad que desde el 2010 promueve ayuda para los portadores del VIH de diferentes sectores del país.

Datos del Sistema de Información Gerencial de Salud (Sigsa) establecen que de enero del 2014 al 6 de agosto de este año murieron por ese virus mil 111 personas, entre ellas 224 en Quetzaltenango; 200 en Petén; 199 en Zacapa; y 127 en Escuintla. Este año han fallecido 75 pacientes.

El 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Lucha Contra el Sida, fecha que es aprovechada por diferentes organizaciones para concienciar a la población sobre esa enfermedad, que deja secuelas de angustia en portadores y sus familias, algunos de los cuales cuentan sus historias con la esperanza de que sus testimonios contribuyan a detener esa epidemia.

Romeo Hernández, un portador del virus que reside en Huehuetenango, dijo que aprendió a vivir la discriminación y exclusión. “El estigma social mata más que el sida; las personas nos ven raro y murmuran”, lamentó.

Alejandro* lleva una vida normal a pesar de que hace varios años fue diagnosticado portador del VIH, y aunque al principio le fue difícil aceptarlo, con el paso del tiempo asimiló la realidad y ahora se dedica a informar sobre cómo prevenir ese mal en su natal Izabal.

“No es fácil vivir con algo que la mayoría desconoce. Tu misma familia duda de cómo se transmite y tiene miedo de infectarse. Esta situación te enferma y solo lo entenderá alguien que está en tus zapatos”, refirió.

“Al momento en que me dieron el resultado me aislé de todo, pasé encerrado y no quería compartir con nadie. Ser portador afecta tu vida en todo sentido, tu economía por la falta de trabajo y la discriminación. Ahora pienso que debí cuidarme más. Exhorto a los jóvenes a que se informen y tomen las precauciones”, agregó.

Alejandro insta a las personas a que los vean como humanos. “Nosotros sentimos, no somos de otro planeta y tenemos familias. Simplemente somos enfermos por una infección, hay otros males más catastróficas como el cáncer”, añadió.



Luego de   haber  superado la depresión por ser portador de VIH, Alejandro*  se dedica a la orientación de  jóvenes en  Izabal.
Luego de haber superado la depresión por ser portador de VIH, Alejandro* se dedica a la orientación de jóvenes en Izabal.


“Pensé que moriría”

Alfonso*, quien también vive en Izabal y es portador del VIH, cuenta que cuando fue diagnosticado seropositivo su vida cambió, pero fue para bien, pues aprendió a ser responsable y ahora ama la vida y se siente protegido por su familia.

“Al principio sentí miedo, pensé que moriría mañana. Tuve temor al rechazo de mi familia y pensaba que el mundo se había venido abajo. Soy una persona que vive con el VIH, pero ese virus no me va a vencer. Voy a luchar hasta el final”, exclamó.

El portador, de 24 años, lamentó la falta de oportunidades laborales para personas con el virus, pues recuerda que en una ocasión pasó todas las pruebas de conocimiento; sin embargo, la médica no la superó debido a la infección.

en familia

Frank*, residente en Chimaltenango, contrajo el virus de forma vertical —de madre a hijo—. A los 13 años sufría pérdida de peso, diarrea y fiebre. En el hospital de la localidad se le efectuó una serie de análisis y determinaron que estaba enfermo de sida.

Han pasado nueve años desde aquel día, pero el tiempo y la fuerza de voluntad de llevar al pie de la letra los medicamentos lo mantienen con vida. Retomó sus estudios y se enamoró, y le juró amor eterno a quien ahora es su pareja y con quien procreó dos niñas.

“Nunca oculté la verdad a mi pareja”, dijo el joven de 22 años, quien recuerda con tristeza que su padre y madre murieron de sida cuando él apenas tenía 10 años; además, su abuela, con quien terminó de crecer, también era portadora del VIH.

“Quizá para levantar mi autoestima me confesó que ella era seropositiva, decía que por ofrecerle una mejor vida a mi madre se dedicó a la prostitución”, señaló.

“Cuento mi historia para que sea ejemplo para otras personas. El consejo que doy es que sean responsables en la vida sexual. En mi caso, la infidelidad y falta de educación de mis padres me llevaron a ser portador de esa enfermedad”, añadió.



En Huehuetenango, las autoridades de Salud instan a la población a efectuarse pruebas de  VIH.
En Huehuetenango, las autoridades de Salud instan a la población a efectuarse pruebas de VIH.


Busca venganza

Mara Roxana Cabrera, de 35 años, quien reside en Escuintla, fue infectada por su cónyuge, a quien le recrimina la enfermedad, que según ella, la tiene condenada a muerte.

Su esposo frecuentaba clubes nocturnos y allí adquirió el virus. Luego de ser detectada con el VIH se separó de él y ahora es trabajadora del sexo en un parque de Escuintla, según ella, para mantener a sus dos hijos y vengarse de la sociedad. “Así fue como destruyeron mi familia”, resaltó.

Caso similar vive Laura*, cuya pareja migró a Estados Unidos por necesidad, y luego de un tiempo retornó y planificaron la procreación de su tercer hijo. “Durante mi embarazo me detectaron que soy seropositiva del VIH, y desde entonces hicieron varios exámenes, tanto a mí como al bebé al nacer”, recuerda.

Cuenta que la noticia no fue agradable, pues debió cambiar su estilo de vida. “Existía la duda del por qué el contagio, pero después de varias sesiones psico-médicas, mi esposo aceptó que retornó a Guatemala con la enfermedad”, lamentó.

La pareja recibe atención médico-psicológica y el pequeño mantiene un tratamiento especial hasta que a través de estudios se determine el avance de la enfermedad.

Rodrigo Vega, oficial de Hivos, lamentó que el Estado no tenga como prioridad atender el tema del sida. “Todavía dependemos de donantes externos —para tener antiretrovirales—, lo que implica que en cualquier momento corremos el riesgo de desabastecimiento, y una personas sin tratamiento podría fallecer”, dijo.

Agregó que el sida es una epidemia concentrada, pues afecta específicamente al sector de mujeres transgénero, hombres que tiene relaciones sexuales con otros hombres y con trabajadoras del sexo.

Rocío Samayoa, coordinadora técnica de la Red Legal y su Observatorio de Derechos Humanos y VIH, lamenta el estigma y discriminación hacia los portadores, lo que se deriva del desconocimiento de la población sobre ese problema.

Samayoa señaló que las denuncias más frecuentes son por la falta de antiretrovirales y contra patronos por despidos de trabajadores cuando son detectados como portadores del virus.

El VIH daña el sistema inmunitario mediante la destrucción de los glóbulos blancos que combaten las infecciones.

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas alerta de que los nuevos contagios en el mundo continúan aumentando entre los consumidores de drogas inyectables —36%— y entre los homosexuales —12%— y se mantienen entre las trabajadoras del sexo.

El organismo insiste en la necesidad de aumentar las inversiones destinadas a la lucha contra el sida con el objetivo de poner fin a la epidemia en el 2030.