Justicia

Alberto Ortiz Mendoza creó desde Finanzas una de las más grandes redes de defraudación

Modesto y  reservado  en sus actuaciones, ese es Adalberto Tomás Ortiz Mendoza, de 51 años, el prófugo de la justicia a quien  se le atribuye ser el cerebro que creó un entramado para defraudar al fisco con la creación de unas  150 empresas de fachada  y la venta de facturas falsas.

Por Urias Gamarro y Glenda Sánchez / Guatemala

El contador público y auditor Adalberto Tomás Ortiz Mendoza, quien está prófugo, vendió facturas falsas y defraudó al fisco por Q1 mil millones en 10 años. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL) 
El contador público y auditor Adalberto Tomás Ortiz Mendoza, quien está prófugo, vendió facturas falsas y defraudó al fisco por Q1 mil millones en 10 años. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL) 

Las personas que lo conocieron laboralmente comentan que  les sorprenden  los señalamientos que pesan contra  Ortiz Mendoza, quien durante el período del 2012 al 2015 se desempeñó como subdirector de asuntos administrativos del Ministerio de Finanzas Públicas (Minfin).

Algunos  de sus compañeros  recuerdan que nunca se mostró ostentoso, no portaba reloj ni poseía un vehículo lujoso, aunque siempre actúo  misterioso.

Incluso, dicen, solía  compartir con su personal a cargo algún tiempo de comida y   era “muy generoso”.

En su hoja de vida aparece que  fue exgerente de la firma Delicarnes,  del 2001 al 2002.

Enemigo en casa

Ortiz Mendoza era alguien que, según los testimonios,  operó una estructura criminal desde  una oficina del Minfin, reveló Francisco Solórzano Foppa, jefe de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT).

Suena paradójico que desde ese ministerio, en anteriores administraciones, se manejará este tipo de  acciones fraudulentas  y “es un descaro”,  calificó Solórzano Foppa.

Desde el ministerio, explicó el superintendente,  se montó la  mayor industria de megafraude por medio de  facturas falsas, que fueron utilizadas a conveniencia por los contribuyentes que las compraron.

Según las investigaciones, Ortiz poseía los contactos necesarios, en parte con algunos representantes  del sector privado, pero  su “ancla” para promover  sus servicios era el Minfin.

Las pesquisas detallan que él  operó  solo en la red y no  involucró a otras personas de ese ministerio en el tiempo que trabajó allí.

La persona encargada de conseguir los clientes  que necesitaban las facturas era Carlos Estuardo Estrada Cabrera —capturado—, quien los llevaba al Minfin o los ponía en contacto con Ortiz Mendoza. 

Por la venta de los documentos contables fraudulentos hubo una facturación de Q21 mil millones, mientras el monto defraudado     al fisco fue de aproximadamente   Q1 mil millones durante un período de 10 años. Este es el caso  de   mayor defraudación  en la historia del país.

Las autoridades consideran que existen otras estructuras que se dedican a la venta de facturas, pero no con la magnitud que tenía la organización desarticulada la semana pasada.

Alto perfil

Ortiz Mendoza  era quien efectuaba las operaciones fraudulentas, ya que  tenía dominio de ramas  económicas como Contaduría y Auditoría, Administración de Empresas y Economía, dijo Solórzano Foppa.

“Era una persona con un máster en Finanzas, estudiado, que se desempeñó  en varios cargos ejecutivos en el sector privado y con carrera en la administración pública”, agregó.

Una fuente destacó que al igual que otras estructuras criminales, Ortiz Mendoza era una persona  que dominó la organización con una trama “bastante sofisticada”.

Desde corta edad empezó a trabajar como auxiliar de contabilidad  cuando egresó como perito contador en Huehuetenango, hasta alcanzar el título de contador público y auditor.

Antes de ser descubierta la trama criminal, Ortiz Mendoza tenía un contrato laboral 029 en la Empresa Portuaria Quetzal,  en Escuintla;  su asignación era en el Depósito Aduanero Temporal.

El viernes pasado, cuando se efectuó el operativo, las autoridades constataron  que se encontraba en la portuaria y se presentó a trabajar, pero al momento de dirigirse allá para capturarlo  ya no se le encontró en el lugar.