Justicia

Las Gaviotas: El motín que viví desde la terraza de mi casa

Pensé que sería una mañana de lunes como cualquier otra. Estaba en mi dormitorio, en el segundo nivel de mi casa.

Por Surami Morales*

El motín evidencia de nuevo que no existe autoridad en el correccional Las Gaviotas. (Foto Prensa Libre: Estuardo Paredes)
El motín evidencia de nuevo que no existe autoridad en el correccional Las Gaviotas. (Foto Prensa Libre: Estuardo Paredes)

Mientras me peinaba escuché el grito de una mujer que se cortó luego de un fuerte estruendo: el sonido de una explosión.  Un momento después, las sirenas de la policía y algunas ambulancias se escucharon muy cerca.  Corrí a la cocina para avisar a mi mamá, pero ella ya hablaba por teléfono con mi papá de lo que sucedía a tan solo dos cuadras de mi casa.

Eran las nueve de la mañana y un tráfico tan inusual continuaba frente a mi casa en la 3ra. avenida y 3ra. calle de la zona 13.  Varias personas en sus carros paraban justo al empezar la cuadra para tomar fotografías o curiosear.  Yo observaba desde la terraza y la fila de carros era interminable tanto como la cantidad de policías en la calle. 

Algunos oficiales se movilizaban con sus cascos y escudos de la PNC en distintas direcciones, otros policías montaban bicicleta o conducían picop.  Veía ese movimiento, pero ni yo ni nadie en mi casa nos sentíamos seguros.  Hasta ese momento solo sabíamos que habían sido ahorcados dos menores dentro del preventivo y que otros habían escapado.  Definitivamente decidí no salir de mi casa. Cada rostro se torna sospechoso (excepto quienes sabes que son tus vecinos) y esos eran la mayoría. 

En ocasiones el olor del humo y del gas lacrimógeno se colaba en mi casa.  Los gritos de los internos que habían logrado subirse al techo de una bodega a una cuadra se combinaban con gritos de mujeres que eran sus familiares.  Pude ver el brillo de los tubos que algunos de ellos tenían en las manos y las señas que hacían con sus manos cuando gritaban palabras altisonantes  o “Somos del Barrio 18”.

En techos cercanos también se veían algunos antimotines apuntando directamente a los privados de libertad.  Todos gritaban pero nada parecía mejorar.  Por mi mente pasan varias cosas, sobre todo el hecho de que a un lado de la bodega que fue tomada por los presos hay un colegio de preprimaria. A otras tres cuadras hay otros colegios de niños pequeños y varios papás recogieron a sus hijos. Se veían algunas mamás y papás corriendo en la calle con sus hijos uniformados y con rostros de incomprensión.  El lento avance de algunos autos en la calle traía más ruido, todos bocinaban.

Si no es permitido que haya un bar o un prostíbulo a cien metros de un centro educativo, ¿cómo es posible que exista un correccional de menores en conflicto con la ley a una corta distancia de un centro de estudios?  Además, una sede de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia se ubica justo a un lado de Las Gaviotas donde hace algunos años se entregaba la bolsa solidaria.  Una casa que está detrás del centro ha sido puesta en venta por largo tiempo porque los reos por años han intentado cruzar por allí para escapar.   Aún hay vecinos en esta zona y resulta imposible sentirnos seguros. 

Algunos menores que lograron escapar, entraron en algunos hogares.  Es de agradecer que no hubiera ningún inocente en riesgo cuando eso sucedió.  Las personas que trabajan en la bodega que fue tomada por los reos tuvieron que huir y más fortuna fue saber que en el colegio de preprimaria, que también se vio afectado, no había clases aún. 

Más personas se reunían frente a la bodega que estaba totalmente tomada por los reos.  Todos subidos en el techo en donde poco a poco se fueron sumando más.  Al principio eran entre cuatro y ocho. Luego de una hora ya eran 40 o más.  En ocasiones lanzaban piedras, vidrio o cualquier otra cosa a los policías que resguardaban el perímetro.  Algunas mujeres que decían ser mamás de los reos gritaban y rogaban la presencia de la PDH para dialogar.  También querían que les lanzaran bolsas de agua porque el calor se hizo más fuerte cerca del mediodía. La policía no se hizo a esas peticiones. 

Ya no había tráfico frente a mi casa.  La calle principal que lleva al correccional estaba totalmente cerrada con buses y picops de la policía.  En esa situación, solo los gritos eran notorios y muchas caras desconocidas se siguieron sumando.  De repente, un policía con un megáfono anunció que darían diez minutos para que todos los reos se reunieran en un mismo punto y luego fueran trasladados de forma pacífica.  Esto solo molestó a los reos quienes respondieron con palabras ofensivas y se dispusieron a tirar las botellas de vidrio de las cervezas que habían tomado unos minutos antes de la bodega. 

Más gas lacrimógeno, gritos y disparos se volvieron a hacer presentes en la escena.  Todos corrían en direcciones opuestas y de los techos se desaparecieron todos los reos.  Desde entonces parecía ser que la policía retoma el control. Algunos menores en conflicto fueron capturados por quedarse escondidos en la bodega y en el colegio de preprimaria.  Ninguna autoridad nos dio indicaciones de seguridad por si ocurre otro motín, es más, nunca hemos recibido ese tipo de indicaciones cuando debería de ser una prioridad por vivir cerca.

Son las cuatro de la tarde y la cinta amarilla que cerraba algunas calles la acaban de quitar.  Aún hay agentes de seguridad en cada esquina.  No sabemos si todos los que escaparon de Las Gaviotas fueron capturados y no sabemos cuán seguro sea que esto vuelva a ocurrir en mitad de la noche.  No nos sentimos seguros, estos internos podían entrar en nuestras casas con facilidad como ya lo han hecho y en donde la policía no retoma el control total.  ¿Qué podemos esperar?

Surami Morales es estudiante de la Unis y vive cerca del Correccional Las Gaviotas