Justicia

Obtienen absoluciones con enfoque de género

Del 2005 a la fecha, la Coordinación de Enfoque de Género del Instituto de la Defensa Pública Penal (IDPP) ha obtenido 18 sentencias absolutorias de los 20 casos de parricidio que ha abordado desde ese abordaje. La acusada no siempre es mujer.

Por Geldi Muñoz Palala

Mónica Gabriela Cascó Chacón fue condenada en 2014 a cuatro años de prisión conmutable por el homicidio en estado de emoción violento de su esposo. El Tribunal consideró que fue en defensa propia.
Mónica Gabriela Cascó Chacón fue condenada en 2014 a cuatro años de prisión conmutable por el homicidio en estado de emoción violento de su esposo. El Tribunal consideró que fue en defensa propia.

Muchos casos de parricidio son cometidos por mujeres, pero han sido motivadas por violencia familiar, a la que no son ajenos los hijos, esposo o conviviente, que también viven en un ambiente violento, según datos del IDPP.

Gloria Edith Ochoa Zetino, a cargo de la referida unidad, señaló que el enfoque de género consiste en un abordaje integral en el cual se investiga el contexto que llevó al victimario a cometer el delito. Entre los temas abordados se encuentra la legítima defensa, síndrome de la mujer agredida, síndrome de conversión, miedo invencible y componente estructural.

“El enfoque de género no es que solo se aborde a mujeres en cómo operan en el contexto del delito; también se trabaja con hombres. Si los informes salen negativos, de mujeres y de hombres, se desestiman”, refirió.

“Las mujeres que cometen parricidio actúan no con la intención de darle la muerte a su conviviente, sino de salvar en ese momento su vida o la de sus hijos”. Milagro López, experta en peritaje.

El caso de Miriam —los nombres que se utilizan son ficticios, para evitar victimización— fue el primero que se trabajó con enfoque de género.

“Realizamos talleres de capacitación. El caso inicia en el 2005. La idea era definir cómo trabajar la perspectiva de género en caso concreto, y así fue que trabajamos psicología, trabajo social y el peritaje de género, abordando la temática de violencia contra la mujer en un contexto de violencia y su legítima defensa”, indicó Ochoa.

Violencia al límite

Miriam era un mujer violentada por su conviviente, con quien procreó dos niñas. Ya se había separado de él, pero este llegaba cuando quería y abusaba de ella.

Un día de octubre del 2005, cuando regresó de la tienda, Miriam encontró a su hija sin pañal y a su conviviente, a punto de violarla. La mujer tomó un cuchillo y se abalanzó contra él, para defender a su hija. Lo hirió varias veces en el tórax, lo que le provocó la muerte.

Durante la investigación, la defensa descubrió que Miriam había sido violada cuando tenía 16 años, hecho que no denunció; incluso fue hospitalizada una vez por los golpes que le propinaba su conviviente, lo cual tampoco denunció, pero el miedo de ver a su hija correr el mismo peligro la hizo agredir a su abusador. Fue absuelta por el homicidio cometido en estado de emoción violenta.

Un caso de impacto es el de Damaris, quien convivió con un karateca durante siete años. Este alquilaba una habitación, donde la mantenía encerrada y cuando llegaba era solo para golpearla y abusar de ella; incluso la dejaba desnuda y sin comida durante varios días.

Su conviviente no la dejaba cortarse el cabello porque le servía para enrollárselo en el brazo y arrastrarla por todo el cuarto. Un día, durante una pelea, el hombre la colocó sobre una estufa y ella alcanzó un cuchillo que le insertó en una pierna. El hombre se desangró en cuestión de minutos. Por temor, salió de la habitación y tiró el cuchillo en la fogata de una vecina.

“Que no solo se vea la violencia de género a favor de la mujer, sino en todo el contexto de la familia. También un hombre puede explotar emocionalmente”. Edith Ochoa, coordinadora de Género

El fiscal adujo que el crimen fue doloso porque ella era celosa, pero en el proceso se comprobó la violencia a la que era sometida.

Damaris hasta sufrió abortos debido a las golpizas. Sus vecinos, que nunca denunciaron lo que veían, declararon a su favor.

Durante la investigación se estableció que el hombre le había quebrado los dos brazos a una mujer con quien vivió anteriormente. Debido a la magnitud de violencia descubierta, el caso fue sobreseído y se ordenó la libertad de la acusada, sin que llegara a juicio.

Hombres violentados

Pedro era un joven tranquilo y trabajador. Creció en un hogar violento, en Sayaxché, Petén. Su padre era alcohólico y agredía a su familia.

El 24 de diciembre de 2008, su padre comenzó a golpear con un mache a su madre, quien tenía a un bebé en brazos.

Pedro intervino en defensa, pero al pegarle con el machete lo mató. Al reaccionar, acudió a las autoridades locales para notificar lo sucedido y fue detenido por parricidio.

Luego del peritaje efectuado por el IDPP se demostró que la acumulación de violencia a la que había sido expuesto hizo que reaccionara de esa manera, en defensa de su madre.

Ochoa recordó el caso de un padre que mató a su conviviente y a su hija. La sentencia fue condenatoria, pero mediante el enfoque de género se determinó que él vivió en un hogar violento y era agredido por su familia que tampoco lo alimentaba, lo que terminó en un parricidio.

Cultura

Milagro López, experta en peritaje, señaló que los casos de parricidio tienen una connotación especial —son mujeres que están en un círculo violento— y en muchos casos los cometen por salvar la vida de sus hijos. Agregó que estos actos no son premeditados; por eso la mayoría se cometen con cuchillos de mesa o piedras.

La experta refirió que en el enfoque de género se ven aspectos culturales de cómo fue educada la mujer para ser hija, esposa y madre, y cómo la violencia está atada a las féminas. Agregó que en algún momento de fortaleza la usan para salir del círculo de violencia, aunque con un hecho que no es positivo.