Política

“El crimen sistémico trata de defenderse”

Antigua Guatemala será la sede de la Cumbre Iberoamericana 2018, a la cual se espera la asistencia de 22 jefes de Estado en noviembre de ese año. Para oficializar la realización del evento, Rebeca Grynspan, secretaria general iberoamericana, estuvo en el país por dos días y habló con Prensa Libre acerca de desarrollo, corrupción, educación y seguridad.

Por Geovanni Contreras / Guatemala

La costarricense Rebeca Grynspan habló en un hotel de la zona 10 acerca de la necesidad de coordinar estrategias entre los países contra el crimen. (Foto Prensa Libre: É. Ávila)
La costarricense Rebeca Grynspan habló en un hotel de la zona 10 acerca de la necesidad de coordinar estrategias entre los países contra el crimen. (Foto Prensa Libre: É. Ávila)

¿Qué temas se tratarán en la cumbre del próximo año?

El Gobierno ha tomado la decisión de que el tema sea una Latinoamérica próspera, inclusiva y sostenible. Ese es el lema de la cumbre, lo que nos vincula con la agenda internacional, donde en este momento se está discutiendo el paradigma de desarrollo sostenible.

Uno de los problemas es la migración. ¿Qué se necesita para frenarla?

Fundamentalmente, tenemos que hacer algo para retener a nuestros jóvenes y darles muchas más oportunidades de empleo y emprendimiento.

Tenemos una oportunidad en América Latina, porque somos un continente joven y tiene en este momento el grupo de jóvenes entre 15 y 29 años más educados que hayamos tenido alguna vez en nuestra historia.

¿Qué países o subregiones de Latinoamérica presentan rezagos en temas de integración y comercio?

Esta es una deuda que tenemos de mi generación con las generaciones futuras. Debimos haber hecho mucha más integración. Centroamérica es un buen ejemplo de un esfuerzo continuado, pero hemos fallado en integrarnos al resto del continente.

En América Latina, si recuerdo bien, solo el 17 por ciento del comercio es entre los países latinoamericanos. Piense en todo el potencial que hay para crecer.

¿Cuáles son los principales desafíos en Centroamérica?

Nuestros jóvenes. Están enfrentados al flagelo de la inseguridad ciudadana y de la violencia.

¿Tiene un espacio ganado el crimen organizado en el Triángulo Norte?

Ningún país puede combatir el crimen organizado solo, porque el crimen organizado es una actividad internacional y gran parte de lo que pasa muchas veces en América Latina es que cuando tiene éxito un país es porque fracasa el otro.

La diplomática dirige la instancia que coordinará la cumbre más grande que Guatemala haya albergado, y que se realizará en Antigua el próximo año.

¿Cuáles son los retos en temas de educación?

Hay grupos específicos que todavía no tienen acceso al cien por ciento de la educación. Pero lo que más me preocupa es la calidad de la educación.

Me parece que la igualdad de oportunidades se va a medir por la calidad de la educación.

¿Qué tanto afecta la corrupción a los países?

No puede permitir la institucionalidad de un país que sea normal que haya corrupción; entonces, hay que cambiar la cultura.

Hoy en día tenemos una ciudadanía que es menos tolerante a la corrupción.

Lo que no hay que hacer es convertir la corrupción en una bandera populista, hay que hacerlo con seriedad.

¿Resulta populista cuando un candidato usó como su estandarte la lucha contra la corrupción, pero  en el poder sus familiares resultaron implicados en un caso de corrupción?

No voy a contestar esa pregunta (ríe). En esto hay que tener calma, porque lo que queremos es justicia, no venganza. No hay vacunas contra la corrupción individual, porque esa es una cosa personal.

Probablemente la mejor vacuna es una sociedad que educa los valores; creo en la educación de valores. La sociedad sí puede luchar contra la corrupción institucionalizada.

¿Cómo evalúa la experiencia de la Cicig, que ha destapado casos de corrupción y exgobernantes ahora están procesados?

Me parece que es una experiencia interesante y que lo más importante de la Cicig es la tarea de construir capacidades en las instituciones guatemaltecas. No hay que olvidar que ese fue el elemento principal de su instalación en el país y es muy importante la asistencia técnica, la capacitación de los órganos de investigación, la construcción de un Poder Judicial independiente, de jueces probos, de una selección ejemplar de los jueces, esa es la tarea más importante de la Cicig.

¿Por qué cree que algunos sectores reaccionan con ataques a la Cicig cuando se dan resultados?

Seguí mucho lo de la Cicig cuando estuve en Naciones Unidas y cuando fui directora regional para América Latina, pero no lo he seguido tan cercanamente durante estos años, y no sé exactamente cuál es el contexto, pero creo que efectivamente siempre el crimen sistémico trata de defenderse.

Gobernó en Costa Rica

Fue elegida secretaria general iberoamericana en el 2014.
  • En el   2010 fue elegida secretaria general adjunta de las Naciones Unidas y administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
  • Ocupó el cargo de directora regional para América Latina y el Caribe del PNUD.
  • Vicepresidenta  de Costa Rica de 1994 a 1998.
  • Delegada de la ONU en la Comisión para la Reconstrucción de Haití.
  • Como defensora  del desarrollo humano, coadyuvó a centrar la atención en temas como reducción de la desigualdad y equidad de género.

Las pandillas y el narcotráfico parece que vinieron para quedarse, ¿hay esperanzas?

Sí creo que hay esperanza, y no solo eso sino que también hay buenos ejemplos en la región. Acabo de estar en un seminario en Madrid sobre violencias urbanas, tuvimos allí a los alcaldes de decenas de ciudades de toda la región del mundo entero que están enfrentando el mismo problema de la violencia urbana y del crimen organizado.

Allí mismo decíamos que hay que mirar los casos de éxitos y aprender de lo que no hay que hacer, porque de las dos cosas hay que aprender.

Dos ejemplos en Colombia, que era el epítome del crimen organizado. Medellín se convirtió hoy en día en la ciudad más innovadora del mundo. Bajó los homicidios en un 80 por ciento en unos ocho años probablemente.  Bogotá también ha bajado enormemente los homicidios.

Han unido a todos los sectores de la sociedad. En Medellín se unió el gobierno local con el sector privado y con las universidades para buscar soluciones, para medir lo que estaba pasando, para entender y diferenciar cuando un homicidio era por un motivo o por otro, e hicieron un plan de mediano plazo que unió a toda la sociedad para combatir al crimen organizado. Que los incentivos no estén del lado del crimen sino del lado de la decencia y del comportamiento ciudadano, y lo lograron.

¿Por qué cree que en esta parte del continente cuesta subir los indicadores del desarrollo?

En primer lugar porque estamos mejor que otros países, aunque usted no lo crea. Estuve en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y me tocaba darle seguimiento a los Objetivos de Desarrollo del Milenio en todos los países, y cuando usted tiene un nivel de ingreso medio, cada punto de mejora es más duro que antes, requiere mucho más trabajo y esfuerzo.

Esto ha sido reconocido por Naciones Unidas, que no es lo mismo decir bajar la mortalidad infantil a la mitad para un país que tiene una mortalidad infantil de 100 sobre mil que para uno que tiene 20 sobre mil, porque el esfuerzo que hay que hacer es mayor.

Todos nuestros países avanzaron en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, incluyendo Guatemala, y creo que es un error hablar de esos objetivos solo de si cumplió la meta o no, en lugar de hablar de si nos acercamos a la meta que teníamos, porque todos sabíamos que las metas eran ambiciosas y queríamos que hubiera un camino hacia ellas, que no nos olvidáramos de la necesidad de llegar allá, y en eso los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron un éxito.

¿Nos debemos dar por satisfechos? No. Mientras muera un niño por desnutrición, mientras tengamos una madre que muera en el parto no nos podemos dar por satisfechos, pero tenemos que valorar lo alcanzado, y todos nuestros países caminaron y mejoraron en todos los indicadores.

¿Cuáles son los retos en temas de Educación?

Creo que son dos. El primero es ver que hay grupos específicos que todavía no tienen acceso al 100 por ciento de la educación, y eso no puede pasar en países como los nuestros, tenemos que terminar la tarea del acceso.

Pero lo que más me preocupa es la calidad de la educación. Estoy convencida que mientras tengamos grupos de altos ingresos que van a una buena calidad de educación, y grupos de bajos ingresos que van a una mala calidad de la educación, no podremos vencer la desigualdad.

La calidad de la educación se da el elemento principal para lo que llamo la transmisión intergeneracional de la desigualdad, porque una mala educación no le va a proveer los mejores empleos, no lo va a insertar en el mercado formal de la economía, aun tenga años de estudio. Me parece que la igualdad de oportunidades se va a medir por la calidad de la educación.

¿Qué tanto afecta la corrupción a los países latinoamericanos?

La corrupción institucional hay que combatirla porque no puede permitir la institucionalidad de un país que sea normal que haya corrupción, entonces hay que cambiar la cultura, y creo que eso está pasando.

Es una transición dura y difícil, pero hoy en día tenemos una ciudadanía que es menos tolerante a la corrupción, es una ciudadanía que se ha manifestado mucho más vocalmente contra ella, es una ciudadanía que claramente ha mandado el mensaje a su sistema político, que no acepta, no que haya una corrupción imbuida dentro de nuestras instituciones, y es esa conciencia ciudadana la que va a empujar a los países en la dirección correcta.

No es fácil, porque cuando usted tiene más conciencia y menos tolerancia salen más casos de corrupción. No sé si hay más corrupción ahora que antes, lo cierto es que hoy la perseguimos, y el primer paso para combatir la corrupción es que no haya impunidad.

La sociedad, entonces, se enfrenta a la realidad y eso es una transición muy difícil. Aquí lo más importante es mantener la certeza de que cuando hay justicia y no hay impunidad tendremos un mejor camino. Lo que no hay que hacer es convertir la corrupción en una bandera populista, hay que hacerlo con seriedad y con los cuidados que la justicia tiene que tener para no cometer injusticias.

Hay que permitir que las instituciones sean las que decidan. La calle no puede decir quién es corrupto y quién no, tiene que hacerlo el sistema legal.

¿Resulta populista cuando un candidato usó como su estandarte la lucha contra la corrupción, pero ya en el poder sus familiares resultan implicados en un caso de corrupción?

No voy a contestar esa pregunta (ríe). Con toda sinceridad digo que en esto hay que tener calma, porque lo que queremos es justicia, no venganza. No hay vacunas contra la corrupción individual, porque esa es una cosa personal.

Probablemente la mejor vacuna es una sociedad que educa los valores, creo en la educación de valores. La sociedad sí puede luchar contra la corrupción institucionalizada porque contra eso sí sabemos que tener estructuras, un poder judicial independiente, capacidad para la investigación. Sabemos qué es lo que hay que hacer para eso. Entonces a mí no me gusta poner el tema de los casos individuales de corrupción como el elemento central, lo que debe preocuparnos como sociedad es la corrupción que está imbuida y que cree que puede funcionar institucional y sistémicamente.