Quetzaltenango

Criminales acechan a menores en la provincia

Cada vez más niños y adolescentes se encuentran en conflicto con la ley, lo que preocupa a  sectores que velan por los derechos de los menores, pues ven en ellos una clara  vulnerabilidad ante  los adultos que los utilizan para que cometan delitos, debido a factores como la pobreza, poco acceso a  la  educación y la  salud e inexistencia de programas de atención por parte del Estado.

Por Oscar Felipe Q. y Corresponsales / Quetzaltenango

La PNC de Retalhuleu ha capturado a 27 menores en lo que va del año. En el 2015 fueron aprehendidos 28. (Foto Prensa Libre: Jorge Tizol)
La PNC de Retalhuleu ha capturado a 27 menores en lo que va del año. En el 2015 fueron aprehendidos 28. (Foto Prensa Libre: Jorge Tizol)

Verónica Galicia, jueza de Menores en Conflicto con la Ley Penal, señaló que en los últimos cinco años han ingresado a su despacho tres mil 122 expedientes —algunos con 10 o más sindicados—, provenientes de todo el país, entre ellos el  de la muerte violenta, en el 2009, del maestro Jorge Emilio Winter Vidaurre, a manos de internos del Centro Correccional para Menores de San José Pinula, por  el que  se sindica  a 45 adolescentes.

De acuerdo con Galicia,  en el 2015 ingresaron a esa judicatura  845 expedientes, la  cifra más alta de los últimos 13 años, la cual superó los 714 del 2014 y los 618 del 2013. Hasta el 10 de junio último se habían  registrado 358.

En Quetzaltenango, a la fecha se reportan 175 procesos penales contra menores, señalados de diferentes hechos, mientras que el año pasado se registraron 455.

En Retalhuleu, la Policía Nacional Civil (PNC) señaló que este año han detenido a 27 menores por actos ilícitos, de los cuales seis han sido entregados a la Procuraduría General de la Nación (PGN). El año pasado se registraron 28 capturas y se cree que este año ese número  se duplicará.

Les roban la inocencia

Gloria Castro, defensora de la Niñez de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), lamentó el aumento de menores involucrados en hechos ilícitos y recriminó a los adultos “abusadores” que los obligan a exponer sus vidas.

“Es una situación que motiva a muchos menores a migrar. Hay una decisión forzada que han tenido que tomar, ya que el Estado no les ofrece oportunidades de educación,  salud y   recreación. Están a merced de  organizaciones criminales que se aprovechan de esa debilidad”, señaló.

Sergio Lobos, coordinador del Observatorio de los Derechos de la Niñez, indicó que aunque en las acciones de los menores se pierden  vidas, estos siguen siendo niños y adolescentes. “Para nosotros ellos no son criminales, son víctimas del crimen”, enfatizó.





“Por el combate al crimen los malhechores optan por utilizar a menores, que finalmente son capturados  y reprimidos. Es una lástima que las autoridades no lleguen a las estructuras que roban la inocencia de los menores”, refirió Lobos.

Alberto Vásquez, coordinador de la Red Niña Niño, considera que la participación de los menores en actos ilícitos ocurre de manera inconsciente.

“No es consciente porque los grupos criminales los utilizan. Los adultos creen que las penas y sanciones  hacia un menor son de mejor manejo que para un adulto”, señaló.

Estigmas

Enfrentar procesos legales desde pequeño deja una marca imborrable en la vida de las personas. Tal es el caso de Juan Luis*, de Quetzaltenango, quien a los 16 años fue recluido —dos años— en el Centro Correccional para Menores Las Gaviotas,  zona 13 capitalina, sindicado de violación con agravación de la pena, hecho que admite y  del cual se arrepiente.

Recuerda que durante su encierro sufrió abusos físicos por parte de otros jóvenes y considera que el lugar era un “terror”. Después de recuperar su libertad la situación no ha sido fácil, pues no encuentra  empleo y por la frustración consume licor en exceso y es violento.

María Ajanel, de El Asintal,  Retalhuleu, refirió que tiene un hijo que fue capturado por la PNC, acusado de portación ilegal de arma de fuego, la cual le fue entregada por un amigo. “Son los mismos amigos quienes  los involucran en  fechorías”, expuso.

“Uno los puede educar, pero  en la calle las juntas  los llevan a hacer cosas malas. Por más que uno les advierta y los eduque bien, en la calles  la situación es otra”, afirmó.

El año pasado fue detenido Juan de Dios Ortiz Sinay, entonces de 17 años. Era la tarde del 24 de octubre del 2015, durante el desfile de carrozas de la feria   de San Rafael Las Flores, Santa Rosa, cuando el menor  disparó contra Bosbely Humberto Gómez Sandoval, un ganadero  que  murió de 10 balazos.

Ortiz es originario del caserío El Durazno, San Miguel, Mataquescuintla, Jalapa, y era conocido en el lugar, lo que facilitó su captura. El menor confesó que un hombre que conocía poco le ofreció Q6 mil para atacar a Gómez.

Según el auto de procesamiento, Ortiz aceptó la oferta porque en su comunidad  no hay empleo y ya había asesinado a otro ganadero de ese municipio.

“No se sabe quién es, lo que se determinó es que el dinero se lo entregaría  después de haber hecho el “trabajo”, consta en el documento.





Corregir con palabras

“Cada niño es un artista. El problema es cómo seguir siendo artista una vez que crezca”, reza un pensamiento del pintor español Pablo Picasso, el cual se  ajusta a la realidad de la niñez guatemalteca, que nace con  inocencia y lucidez y termina siendo presa fácil de grupos delincuenciales.

Guía Infantil, un portal de internet  dedicado a la vida y desarrollo de los menores, efectuó un estudio sobre los orígenes de la conducta agresiva infantil, el cual establece que una de las grandes dificultades de los padres es saber cómo tratar ese tipo de conducta en sus hijos, ya que a menudo se enfrentan a la desobediencia y rebeldía de estos.

“La agresividad es un trastorno que  si no se trata en la infancia probablemente originará problemas en el futuro y se plasmará en formas de fracaso escolar, falta de capacidad de socialización y dificultades de adaptación”, resalta el estudio, que agrega que una persona, al nacer, trae impulsos amorosos y agresivos, que con el tiempo y  el cuidado de los padres empezará a distinguir y diferenciar.

Para el antropólogo Ignacio Camey, el fenómeno  responde a la descomposición del tejido social.

“Debido a los  problemas socioeconómicos los padres salen a trabajar, por lo que dejan a  los niños en manos de familiares o personas ajenas, lo que  hace que crezcan sin relaciones afectivas y al enfrentarse a la sociedad esta es violenta, discriminativa y excluyente”, señaló.

El psicólogo César Barreno explicó que en la actualidad los adolescentes   no requieren de una educación como la que se daba en el pasado;  es decir, cuando los padres eran autoritarios y se ejercía mayor violencia. Ahora se pretende una corrección basada en orientación, con palabras y dirección.

Reyes Eleazar Ochoa Solís, juez de la Niñez y Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal, en Huehuetenango, señaló  que en buena parte,la responsabilidad es de los padres de familia, que no prestan atención a sus hijos, quienes  encuentran en la calle malas amistades que los inducen  a cometer actos que van contra el ordenamiento jurídico.

*Nombre ficticio

Con información de José Rosales, Jorge Tizol, María José  Longo, Oswaldo Cardona y Mike Castillo.