Sacatepéquez

Pese a adversidades, pareja disfruta de la vida

Elaborar canastos de caña de carrizo es una tarea que los une desde hace muchos años, pues es la forma como se ganan la vida José Luis Alquijay Téllez, de 74 años, y su esposa, María del Carmen Ruiz Gudiel, 69, originarios de Vista Hermosa, Jocotenango, Sacatepéquez.

Por Mike Castillo / Sacatepéquez

Durante años, los esposos José Luis Alquijay Téllez y María del Carmen Ruiz Gudiel elaboran canastas de caña. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)
Durante años, los esposos José Luis Alquijay Téllez y María del Carmen Ruiz Gudiel elaboran canastas de caña. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)

Su vivienda de cartón, nailon y láminas se transformó en el taller donde dan vida a sus creaciones —populares en la provincia por su utilidad—, las cuales venden en mercados locales para agenciarse de fondos, pues carecen de cobertura por parte del Estado.

La pareja, que procreó nueve hijos —cuatro están vivos—, asegura que pese a las adversidades han sabido salir adelante, gracias al amor y comprensión que los une.

Alquijay señala que su vida ha sido difícil porque tuvo 11 hermanos y desde los 21 años debió independizarse de su familia. Recalcó que siempre ha sido víctima de la pobreza por la falta de oportunidades de trabajo formal.

Los años han pasado y su situación económica no ha cambiado mucho, pues pese a sus esfuerzos no han construido una casa formal.



María del Carmen Ruiz Gudiel elabora una canasta. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)
María del Carmen Ruiz Gudiel elabora una canasta. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)


Tarea difícil

Elaborar canastas de caña es una tarea difícil, que requiere de ingenio y dedicación, señaló Alquijay. Añadió que los lunes sale a buscar las cañas de carrizo en Pastores y San Luis Las Carretas, donde crecen de manera silvestre.

Agregó que durante el resto de la semana procesa el material para elaborar unas ocho canastas, que luego ofrece a Q35 y Q60, según el tamaño.

De acuerdo con Alquijay, su esposa es la encargada de trasladar, cada domingo, el producto al mercado de San Martín Jilotepeque, Chimaltenango.

“Solo en esa plaza los podemos vender, pero hay ocasiones en las que regreso casi todo el producto”, refirió Ruiz.

Agregó que en oportunidades debe apoyar a su esposo en la elaboración de los canastos, pues es complicado manipular la materia prima, lo que causa retrasos.

La pareja asegura que a pesar de que no cuentan con cobertura social por parte del Gobierno y su economía es precaria, aprendieron a vivir la vida con felicidad, lo que, según ellos, han logrado gracias a la lucha constante por salir adelante.