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2002: Muere “La doña”

El 9 de abril del 2002, Prensa Libre anunció la muerte de la actriz María de los Ángeles Félix Güereña, más conocida como María Félix o “La Doña”.

Por Hemeroteca PL

María Félix en una de sus películas en 1959. Foto: Hemeroteca PL
María Félix en una de sus películas en 1959. Foto: Hemeroteca PL

María Félix, leyenda viviente del cine mexicano, falleció en su residencia de la colonia Polanco, en Ciudad de México, a la 1:30 de la madrugada del 8 de abril del 2002.

La diva, cuyo nombre de “La Doña” surgió luego de su papel protagónico en Doña Bárbara, del escritor Rómulo Gallegos, murió de un paro cardíaco, sin tener malestar ni síntoma alguno previo. Ese día cumpliría 88 años.

Semblanza

“La Doña” nació el 8 de abril de 1914 en la localidad de Álamos, en el noroccidental estado de Sonora, y llegó al cine de la mano de su belleza física, que junto a su personalidad cautivó a varias generaciones no solo de México sino del mundo entero. Entre los personajes que tuvieron sonados romances con ella, varios de los cuales terminaron en matrimonio, figuran los artistas mexicanos Agustín Lara, Jorge Negrete, Diego Rivera y Enrique Álvarez, con quien procreó a su único hijo, Enrique Álvarez Félix, quien murió en 1996.

En la música latina, Félix fue inmortalizada por uno de sus esposos, Agustín Lara, quien le escribió un himno a su belleza: "María bonita".

Reconocimiento

A lo largo de su vida, “La Doña” recibió diversos galardones y homenajes tanto por su carrera como por la crianza de caballos pura sangre, una de sus actividades preferidas luego de abandonar los escenarios. Aunque después de su retiro su vida transcurrió entre México y Europa, especialmente en París, donde tenía su segunda residencia.

Visita

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Prensa Libre reseñó en 1955 una visita realizada al país, donde se le consideraba en aquella época la mujer más “guapa” del cine mexicano. En dicha ocasión visitó varios sectores de la capital, donde hizo compras, hospedándose en el Palace Hotel. Sin embargo, no quiso dar mayores declaraciones a la prensa, y se limitó a decir que “Guatemala es un país muy bonito, cuyo pueblo es amable y comprensivo”. Antes de abordar el avión, contaba la nota que se entretuvo en una máquina traganíqueles de veinticinco centavos sin obtener mayor suerte.