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El Cerrito del Carmen, un lugar místico

Con más de 400 años el Cerrito del Carmen desborda historia, religiosidad, arte y cultura en la Nueva Guatemala de la Asunción.

Por Hemeroteca PL

Fachada de la iglesia de El Carmen. (Foto: Hemeroteca PL)
Fachada de la iglesia de El Carmen. (Foto: Hemeroteca PL)

“Allá donde esta imagen sea venerada surgirá una gran ciudad”, fue la frase profética de Santa Teresa a seguidoras carmelitas, quienes le entregaron, en España, una imagen de la Virgen del Carmen al ermitaño italiano Juan Corz. Él la trajo a Guatemala, a finales del siglo XVI, donde es admirada en el icónico Cerro del Carmen, fundado en 1613 y punto de origen de la Nueva Guatemala de la Asunción.

Corz aceptó el encargo, y al preguntar dónde debía colocar la escultura, tallada en el siglo XVI, le respondieron: “Ella misma, la Virgen, será la que determine el sitio donde desea ser venerada”. El ermitaño vigiló con celo la bella imagen, en la advocación de la Virgen del Amparo, durante su viaje al Nuevo Mundo.

Al llegar a Guatemala se estableció en el Valle de las Vacas, en la orilla de un río, donde encontró dos cuevas. En la más pequeña colocó a la Virgen y adaptó la otra para su habitación. Allí vivió de10 a 15 años.

Los vecinos del lugar se percataron del extraño personaje y de la imagen, a la que comenzaron a venerar. Al verla en un sitio tan alejado le ofrecieron ayuda al ermitaño para construirle una capilla, que fue levantada cerca del río, donde vivía la mayoría de españoles, y allí fue colocada.

Al día siguiente no estaba. Apareció de nuevo en su gruta, por lo que, convencidos de que el lugar no era el que correspondía, le pidieron a Corz que les indicara el sitio más conveniente. Lo encontró en un cerro hermoso y con rica vegetación, ubicado en el corazón del valle, al cual com- paró con el Monte Carmelo —donde se fundó la Orden de las Carmelitas en el siglo XIII— que visitó en Tierra Santa. Allí fue erigida una pequeña y modesta ermita con campanario, en 1613, la cual se ha reconstruido dos veces: en 1620 y 1745. Esta última, gracias a la iniciativa de Juan José Morales Roa y Alfarol. Pese a los terremotos que la han dañado (1917-1918 y 1976), se ha conservado el estilo arquitectónico de la de 1745, atribuida al ultrabarroco.

Nuevo nombre

Con la dedicación a este lugar, los habitantes que se asentaron en la nueva ciudad —tal y como lo predijo Santa Teresa—, en 1773, dejaron paulatinamente de llamar al valle con el nombre de Las Vacas y lo sustituyeron por el de la Ermita o de la Virgen.

Las faldas del cerrito sagrado —lugar obligatorio de peregrinación, referente en el imaginario guatemalteco y que a finales del siglo XVIII se convirtió en una localidad de paseo para la élite— son ahora un pintoresco parque de descanso y esparcimiento cultural, que se ha remodelado para disfrute de los citadinos.

Virgen del Carmen

De estilo manierista es una magen pequeña, tallada en cedro en España, probablemente, en 1566. Mide 44 cm de altura. Tiene hábito café y manto marfil, de cada una de las manos pende un escapulario. Las vestiduras de placas de plata, buriladas y cinceladas, que le cubren el hábito, datan del siglo XIX.

Su rostro denota dulzura y sus ojos están levemente entrecerrados. Su figura es hierática con mirada firme pero serena.



Restauradores dan los toques finales a la imagen de la Virgen del Carmen. (Foto: Hemeroteca PL)
Restauradores dan los toques finales a la imagen de la Virgen del Carmen. (Foto: Hemeroteca PL)


La acompañan cuatro pequeñas figuras de carmelitas, ubicadas bajo su manto. El brillo que la rodea es de plata sobredorada, conformado por rayos, querubines y cruces. Cuenta con una peana revestida de chapas de plata con la luna al centro. La corona imperial es sobredorada y decorada con piedras de colores.

La imagen fue robada en el año 2001 y recuperada en el 2003 con serios daños. Se restauró durante un años por el Centro de Restauración de Bienes Muebles del IDAEH, donde se rehicieron las partes de madera y orfebrería faltantes. Se entregó a la iglesia en el 2004.

Lugar místico

El inigualable conjunto arquitectónico del Cerrito del Carmen destaca por su sencillez, y constituye un sitio de alto valor histórico y religioso para el país.

El templo cuenta con pilastras balaustradas serlianas y dos torres, lo que le da un aspecto de fortaleza. Se le atribuye estilo ultrabarroco. Su fachada es sobria y sencilla, está compuesta por tres cuerpos y cuatro imágenes rudamente esbozadas: Santa Teresa de Jesús, el profeta Elías, San Juan de la Cruz y Santa María Magdalena de Pazzi.

Juan José Morales de Ros y Alfarol fue el encargado de la reconstrucción de la ermita en 1745. Nació en 1698 en Santa Catarina Pinula, de padres españoles, Murió en 1783 y sus restos yacen en el centro de la iglesia. En 1821, el sacerdote Enrique Loma Osorio mandó a esculpir una lápida en su honor y la colocó sobre los restos del mayordomo cofrade. Ahora se encuentra en el lado izquierdo del altar.

Frente al templo existe un torreón, construcción redonda, parecida a un fortín. Tiene una pequeña habitación donde vivió por más de medio siglo Juan José Morales de Ros y Alfarol, para cuidar de la ermita. Se observa una hornacina donde está representada la Santísima Trinidad.



Torreón ubicado al frente del templo del Carmen. (Foto: Hemeroteca PL)
Torreón ubicado al frente del templo del Carmen. (Foto: Hemeroteca PL)


En el interior del templo destaca el retablo, uno de los mejores trabajos de ebanistería religiosa del siglo XVIII en el país. Tiene tres niveles con profusa ornamentación y acabado sobredorado. El nicho de la Virgen del Carmen ocupa el lugar central. Contiene siete lienzos: San Joaquín, Santa Cirila, Santa Ángela, Santa Teresa de Jesús y San José con el Niño Dios en los brazos que se encuentra en la parte superior.



Retablo en el interior del templo. (Foto: Hemeroteca PL)
Retablo en el interior del templo. (Foto: Hemeroteca PL)


Parque

Se remodela como parque público durante el gobierno de Jorge Ubico (1931-1944). Se construyen caminos y bancas, y se embellece con jardines. En la parte nororiente se habilita un área de campamento.

Cuenta con bancas patrimoniales, construidas en los años de 1930 por el ingeniero Rafael Pérez de León, en colaboración con la Embajada de España, México, EE.UU., la comunidad china y judía, Club Rotario y la empresa Castillo Hermanos. Hace unos años fueron restauradas por la Fundación Teoxché.