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Óscar Mejía Víctores: militar de transición

Óscar Humberto Mejía Víctores, falleció el lunes 1 de febrero de 2016, tuvo una importante participación en el proceso de democratización del país, a pesar de su condición de jefe de Estado de facto y no exento de acusaciones por violación a los derechos humanos, por las cuales no llegó a ser juzgado.

Por Néstor Galicia

El general Mejía Víctores asumió como Jefe de Estado de facto el 8 de agosto de 1983. (Foto: Hemeroteca PL)
El general Mejía Víctores asumió como Jefe de Estado de facto el 8 de agosto de 1983. (Foto: Hemeroteca PL)

Mejía Víctores nació el 9 de diciembre de 1930 en la ciudad de Guatemala en el hogar de Juan José Mejía y Alejandra Víctores de Mejía.

Hizo sus estudios en la Escuela Politécnica en 1948 y se graduó en 1953. Durante el desarrollo de su carrera militar llegó a tener el grado de general de División, el más alto antes del comandante General del Ejército, exclusivo para el gobernante de la República.

Desempeñó los cargos de: subjefe del Estado Mayor del Ejército de 1977 a 1979, comandante del Cuartel General de 1979 a 1982, inspector General del Ejército en 1982 y viceministro de la Defensa de 1982 a 1985.

Golpe de Estado

El 23 de marzo de 1982 un triunvirato militar conformado por el general Efraín Ríos Montt, el general Horacio Maldonado Schaad y el coronel Fernando Gordillo derroca al general Fernando Romeo Lucas García con la excusa de encauzar el camino del país y detener la corrupción. Una de las primeras medidas fue la de abolir la Constitución vigente, la proclamada en 1965 y establecer un estatuto de gobierno. En un principio la junta militar había prometido convocar a elecciones.

Días después del golpe, Ríos Montt disuelve el triunvirato y se proclama como Jefe de Estado. Ríos Montt tomaba el papel de pastor evangélico cada domingo y hacía exhortaciones morales a la población. Su régimen totalitario no era bien visto por varios miembros del Ejército. Además,  desde el extranjero se acusaba al gobierno militar de cometer masacres en las áreas rurales y violaciones a los derechos humanos.



Mejía Víctores, al centro, es acompañado por militares de su gabinete durante una visita a Quiché en 1984. (Foto: Hemeroteca PL)
Mejía Víctores, al centro, es acompañado por militares de su gabinete durante una visita a Quiché en 1984. (Foto: Hemeroteca PL)


Continúa régimen militar

El 8 de agosto de 1983 el ministro de Defensa del régimen de facto, general Óscar Humberto Mejía Víctores, entra en escena y sustituye a Ríos Montt en la Jefatura de Estado.

La mañana de ese día gran cantidad de soldados se apostaron en posición defensiva en las calles adyacentes al Palacio Nacional. Mejía Víctores afirmaba a los medios que no se trataba de un golpe de Estado si no de un cambio de gobierno. Pero los movimientos militares de las tropas de infantería y de la Fuerza Aérea decían otra cosa.

Cuando Mejía Víctores tomo posesión destacó lo siguiente: "El Ejército y el Estado no puede ni debe convertirse en defensor, custodia o protectore de intereses particulares o de un grupo, ya sean éstos religiosos, sociales, económicos o políticos. Respetamos la fe y no interferiremos en las labores del organismo judicial".

Violencia

Durante el régimen de Mejía Víctores continuó la lucha contra la insurgencia y la violación a los derechos humanos. Ejemplo de ello fue la desaparición y muerte del sacerdote franciscano Augusto Ramírez Monasterio cuyo cadáver con señales de tortura fue encontrado en el anillo periférico, zona 3 el 8 de noviembre de 1983.

Cuando se descubrió el cuerpo de Ramírez las autoridades lo habían identificado como un supuesto investigador de la Policía Nacional. En su oportunidad el jefe de Estado de facto, Mejía Víctores atribuyó el crimen a la violencia común.

Años después, con la apertura de los archivos de la extinta Policía Nacional se encontraron indicios de que Ramírez Monasterio era vigilado e investigado por la Policía acusado de ser subversivo por su trabajo con jóvenes y campesinos de las áreas rurales.

Nueva constitución

Una de sus principales acciones para estabilizar al país en el ámbito político era el de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Constitución Política en 1984.

El 31 de mayo de 1985 es entregada al pueblo de Guatemala la nueva Carta Magna, que sustituía a la Constitución promulgada en 1965 y al Estatuto Fundamental de Gobierno proclamado en 1983.

"Todos ganan por decreto"

Casi al final de su régimen tuvo un conflicto con el sector magisterial, el cual demandaba mejoras salariales. Sin embargo el magisterio tenía divisiones internas y algunos pactaron medidas que beneficiaban a un sector pequeño de los maestros.

El ciclo escolar de 1985 fue inestable ya que los maestros se encontraban en huelga por varios meses. El díalogo con la parte demandante se encontraba en un "estira y encoge". Buscando una solución para acabar el conflicto, Mejía Víctores ofreció Q50 de aumento a cada maestro. Los maestros exigían que el aumento fuera sumado a la base y no a la bonificación, esta situación enfureció al jefe de Estado.

El 24 de septiembre de 1985 Mejía Víctores emite el Acuerdo 685-85 por el cual promovía automáticamente a todos los estudiantes de grado. Los maestros rechazaron la medida por considerarla antipedagógica, sin embargo el gobierno no dio su brazo a torcer y ese año todos los estudiantes ganaron el grado.

Primeras elecciones

Ya entrada en vigencia la nueva Constitución, Mejía Víctores convoca a elecciones generales en la cual participan exclusivamente civiles y de esa forma acabar con más de treinta años de regímenes militares. El 3 de noviembre de 1985, los guatemaltecos participan en las elecciones para elegir al presidente que llevaría los destinos de la nación por cinco años.

Tras un balotaje al no haber mayoría absoluta, gana las elecciones el demócrata cristiano Marco Vinicio Cerezo Arévalo.



Toma de Posesión de Cerezo Arévalo en 1986. El 14 de enero el general Mejía Víctores, a la izquierda, entrega el poder a un civil. (Foto: Hemeroteca PL)
Toma de Posesión de Cerezo Arévalo en 1986. El 14 de enero el general Mejía Víctores, a la izquierda, entrega el poder a un civil. (Foto: Hemeroteca PL)


El general Mejía Víctores había ofrecido unas elecciones limpias e imparciales sin intervenir ni apoyar a ningún partido, extremo que cumplió, y el 14 de enero de 1986 entrega el mando a Cerezo Arévalo, dando por concluido un periodo de inestabilidad política.