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La Iglesia Católica y la Independencia

Desde la época de la Colonia, la Iglesia Católica, representada por las distintas órdenes religiosas, tuvo un papel importante en la historia de Guatemala, por su fuerza espiritual, poder de convocatoria y despliegue territorial.

Por Hemeroteca PL

Momento en que representantes de la sociedad deciden firmar la independencia. (Foto: Hemeroteca PL)
Momento en que representantes de la sociedad deciden firmar la independencia. (Foto: Hemeroteca PL)

Sus actividades tuvieron parte en la conquista y colonización, pero sobre todo en la cristianización de los habitantes que ocupaban el territorio que abarcaba la Capitanía General de Guatemala.

Por ejemplo, la Orden Franciscana fue importante durante el dominio español, ya que la región que se le asignó en Guatemala, según informes oficiales de 1689, "abarcaba más de 120 pueblos en el territorio".

Proceso de independencia

La inquietud de separarse del dominio español surge cuando dirigentes de Chiapas, por medio de un acuerdo, impulsaron su independencia del Reino de Guatemala y declararon el rompimientos con las autoridades de la Real Audiencia, para anexarse al Imperio Mexicano.

Ante tal noticia, el ayuntamiento de Guatemala decidió convocar a una junta general en el Real Palacio para el 15 de septiembre de 1821. A la reunión fueron llamados el arzobispado, la Real Audiencia, el ayuntamiento, el claustro universitario, el colegio de abogados, la auditoría de guerra, los jefes generales de los cuerpos militares, el protomedicato, las órdenes religiosas, párrocos y la diputación provincial.

La nota citatoria para convocar a los miembros de la Iglesia llegó al deán del cabildo catedralicio, por lo que él mismo decidió citar a una reunión urgente de los canónigos para esa misma noche. A ésta acudieron todos sus miembros; se leyó la nota citatoria que les solicitaba la asistencia de dos representantes del Cabildo a la junta del día siguiente.

De esa manera, la representación de la Iglesia estuvo encabezada por el arzobispo de Guatemala, el doctor fray Ramón Casaus y Torres; el deán  doctor Antonio García Redondo representó al cabildo eclesiástico, también asistió el canónigo José María Castilla, con el cargo de provisor y vicario general del arzobispado; además, la Iglesia incluyó en su representación a los superiores de las órdenes religiosas y a los rectores de las principales parroquias.

La junta extraordinaria se declaró abierta el 15 de septiembre de 1821. Se leyeron los comunicados de los ayuntamientos de Chiapas, Commit´an y Tuxtla con la nota para considerar la independencia y unirse al Plan de Iguala; luego se puso a discusión lo que se había comunicado en la nota citatoria.

El primero que hizo uso de la palabra fue Casaus y Torres, que como se sabe era un seguidor de la monarquía y sostuvo sus ideas durante su alocución. Su postura era en contra de cualquier forma de independencia que se propusiera y, más aún, la fórmula propuesta por el Plan de Iguala y los independentistas, señaló que la Junta de Notables no tenía nada que hacer más que esperar la decisión de la Corte Española sobre dicho plan.

Lo siguió en el uso de la palabra José Cecilio Del Valle, quien a pesar de tener el cargo de auditor de guerra, se pronunció a favor de la separación de España y en contra del arzobispo, pero sugirió esperar y consultar antes de tomar cualquier decisión.

El otro miembro de la Iglesia a quien le correspondió continuar fue el provisor y vicario general de la iglesia de Guatemala, el canónigo José María Castilla. Él atacó la propuesta de espera de Del Valle y rechazó totalmente lo propuesto por Casaus y Torres; sus palabras fueron de gran fervor libertario por una independencia total y sin espera. Dicha actitud y sus manifestaciones dejaron entrever una rasgadura del cuerpo de la Iglesia.

Conforme avanzó la sesión, el ambiente se fue caldeando hasta que cundió el entusiasmo total por la idea de una independencia, la cual fue secundada por el pueblo congregado en las afueras.

Ante el giro  que se estaba dando, Casaus y Torres, muy indignado, pero manteniendo la compostura, solicitó que se le permitiera retirarse del recinto, lo que se le concedió. De los 17 representantes de la Iglesia entre sacerdotas y frailes, que asistieron a la Junta de Notables, ocho se pronunciaron a favor de la independencia y nueve en contra.

Casaus y Torres cambia 

Sin embargo Casaus y Torres cambió su actitud, y el 20 de septiembre  en unión del cabildo catedralicio, firmó el acta de independencia y pidió a los sacerdotes y a los superiores de las órdenes religiosas que juraran la independencia; él mismo fue quien elaboró la fórmula de juramentación.

Al día siguiente, 21 de septiembre, se celebró una misa de acción de gracias y se cantó un Te Deum. El canónigo José María Castilla tuvo a cargo el sermón. Nunca se supo con exactitud cuándo fue que Casaus y Torres modificó su criterio con respecto a la independencia de la corona española. Se supone que fue cuando comprobó el apoyo mayoritario que tenía este paso, por lo tanto, no tuvo más opción que aceptar el clamor popular y dejar atrás su afirmación de que prefería "estar muerto" antes que ver a Guatemala separada de España.

Acatando el mandato de Casaus, las órdenes y los religiosos, así como el clero secular, empezaron a jurar la independencia. La primera orden religiosa que siguió las instrucciones fue la de los belemitas del convento de Belén. Esta orden fue la primera fundada en América por el Santo Hermano Pedro de San José de Betancur, en Guatemala.

Los belemitas habían sentido la presión y la invasión de su intimidad por parte del virrey de Nueva España en septiembre de 1811, hecho que pudo conducir a sus miembros a una rápida decisión y firmar por la emancipación de España.

Luego de la independencia

En 1829, se originaron conflictos serios, especialmente con Francisco Morazán, quien como presidente de la Federación, desterró de forma inmediata a Casaus y Torres, junto con 289 miembros de las órdenes Dominica, Franciscana y Recoleta, despojando a la Iglesia de todos sus bienes, derechos y privilegios.



Ramón Casaus Torres, arzobispo de Guatemala. (Foto: Hemeroteca PL)
Ramón Casaus Torres, arzobispo de Guatemala. (Foto: Hemeroteca PL)


Monseñor Francisco de Paula García Peláez asume como el IX arzobispado metropolitano, impulsando la restauración de la Iglesia comenzando con el Cabildo y el Seminario; además, hace las gestiones necesarias para que vuelvan, aunque muy disminuidos los agustinos, franciscanos, recoletos y mercedarios. Arriban al país de forma discreta los capuchinos, los oratorianos de San Felipe de Neri y los paulinos de San Vicente de Paúl.

Hubo momentos de tregua y mejoría hasta 1871, especialmente bajo el mando de Rafael Carrera, pero desde la presidencia de Justo Rufino Barrios se fomentó una política anticatólica, con nuevas expulsiones de religiosos, escuelas laicas y otros cambios.