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La alfombra más famosa de Guatemala

Don Luis Alberto Montiel y su familia elaboran la alfombra más famosa y fotografiada de la Semana Santa de Antigua Guatemala. Esta ha aparecido en numerosas postales, portadas de revistas y promociones turísticas del país, en varios países.

Por Hemeroteca PL

Procesión de Jesús de la Merced recorre la calle ancha el Viernes Santo. (Foto: Edwin Castro)
Procesión de Jesús de la Merced recorre la calle ancha el Viernes Santo. (Foto: Edwin Castro)

La alfombra consta de nueve tramos centrales y tres guardas u orillas. Mide 32 metros de largo por cuatro de ancho, y se elabora el Viernes Santo, en la Calle Ancha de los Herreros, para que pasen encima de ella las andas con la imagen de Jesús Nazareno del templo La Merced, de la ciudad colonial.

Fue Manuel Montiel Márquez, padre de Luis Alberto, quien empezó con la devoción de ofrecer este trabajo a Jesucristo, como un acto de gratitud por favores concedidos y para pedir bendiciones para los suyos. Curiosamente la primera alfombra no fue hecha en Semana Santa, sino para una fiesta del Corpus Christi —60 días después del Domingo de Resurección—, hace unos 80 años.



Don Luis Alberto Montiel heredó la tradición de realizar la alfombra al paso de Jesús de la merced.
Don Luis Alberto Montiel heredó la tradición de realizar la alfombra al paso de Jesús de la merced.


Ahora los hijos y nietos de don Luis han hecho innovaciones, como usar el software Autocad para dibujar los moldes y cortarlos con sierra caladora eléctrica, no con formones o gurbias, como tradicionalmente se hace.

El proceso

Las 12 o más horas invertidas en tender el aserrín en la calle es la última jornada de un largo proceso que empieza paralelamente a la Cuaresma. Se compra y transporta el aserrín de pino se refina y se tiñe. Aproximadamente se necesitan 25 sacos de este fino polvo de madera.



La alfombra presenta profusión de adornos de distintos colores. (Foto: Edwin Castro)
La alfombra presenta profusión de adornos de distintos colores. (Foto: Edwin Castro)


También se preparan unos 10 sacos de arena blanca cernida, a la que se le añade pintura celeste o color ladrillo. Simultáneamente se trabaja en dibujar en pliegos de papel los adornos que se plasmarán en la alfombra, se pegan en cartones y se procede a vaciarlos; es decir, recortar en el cartón con formones y gubias —los espacios que se rellenarán de aserrín—.

Hay tres clases de moldes: los centrales —pueden medir hasta tres metros por lado; las guardas —para hacer las franjas de las orillas—, y esquineras, para complementar el decorado.

Iniciativa propia

La compra de los materiales que se emplean en la alfombra son costeados totalmente por la familia Montiel, y así ha sido siempre. En ocasiones algunas empresas han propuesto financiar los gastos, pero a cambio piden colocar en la obra su logotipo. “No es posible, lo nuestro es un acto de fe, no un espectáculo”, asegura don Luis Alberto, quien prefiere trabajar con absoluta libertad los temas y diseños de la alfombra.



Un libro de 1971 de la biblioteca Universal Time Life, muestra la alfombra de la familia Montiel. (Foto: Hemeroteca PL)
Un libro de 1971 de la biblioteca Universal Time Life, muestra la alfombra de la familia Montiel. (Foto: Hemeroteca PL)


Toda la vida

“Mientras tenga vida seguiré con la devoción y tradición heredada de mi padre”, afirma con emoción don Luis Alberto, de 68 años, quien está involucrado en esta expresión de fe desde los 13. En la actualidad el devoto cuenta con el apoyo de sus tres hijos, su hermano, varios nietos, primos y vecinos, quienes en cada puñado de aserrín, ponen parte de su corazón.