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¿Por qué desaparecieron las lagunas de la capital?

¿Se imagina una ciudad de Guatemala con lagunas para el esparcimiento de sus vecinos? Pues en algún momento de la historia de esta metrópoli existieron varias lagunas que fueron desapareciendo con el crecimiento urbano.

Fotografi?a del Castillo de San Jose?, Ciudad de Guatemala, realizada por Agostino Someliani en 1886, perteneciente al a?lbum Alcai?n. (Foto: CIRMA)

Fotografi?a del Castillo de San Jose?, Ciudad de Guatemala, realizada por Agostino Someliani en 1886, perteneciente al a?lbum Alcai?n. (Foto: CIRMA)

Hace muchos años, los mayas se asentaron en la zona de lo que conocemos como Kaminaljuyú, en torno a un grandioso lago llamado Miraflores. Gracias al agua que poseían, la zona prosperó enseguida.


Sin embargo, en el 200 d.C. debido, según la teoría más aceptada, al mal uso que se hizo del lago, este se secó. En épocas posteriores ocurrió lo mismo con diferentes lagos, lagunas y lagunetas. Es difícil imaginarse que esta ciudad de asfalto, ruido y hormigón, alguna vez tuvo árboles, aves y también mucha agua.

En el siglo XVII, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán describía el Valle de la Virgen como “un lugar de extensas llanuras, siempre verdes y con excelentes pastos, en la parte sur, y de tupidas selvas y ricas montañas de preciosas maderas que permite en alguna de sus partes el cultivo de trigo, maíz, toda clase de frutas y abundantes cosechas de miel de corcho”.

Panorama actual de donde se encontraba la laguneta del Soldado, llamada asi? porque alli? se iban a ban?ar miembros del eje?rcito, del Castillo de San Jose?. (Foto: Hemeroteca PL)

Pero no hace falta irnos tan lejos para figurarse otra Guatemala. Felipe Noriega, de 90 años, aún se acuerda de las lagunetas que se formaban en invierno por la zona 9, en el área llamada Tívoli. “Tenía 10 años y con mis amigos corríamos por un puente y cazábamos ranas en las lagunetas. Las llevábamos a una obra cercana y los obreros las cocinaban y nos daban para que comiéramos también nosotros”, explica.

Según el historiador Aníbal Chajón, una llegaba a las inmediaciones de la Plazuela España, “pero en la década de 1930 la secaron para urbanizar”. La última de la zona que desapareció fue en la década de 1950, debido a la edificación de lo que hoy conocemos como Parque de la Industria. En estas lagunetas del área Tívoli, coinciden varios historiadores, era común que los patos y otras aves migratorias se detuvieran, aunque los pobladores tuvieran como afición cazarlas.

Asimismo, en esta misma época de la que hablamos había otra “rodeada de cipreses”, señala el historiador Miguel Álvarez, que se encontraba donde está la actual Terminal de autobuses, en la zona 4. Noriega también recuerda que en esta fue en donde se ahogó un niño.

Según recoge César Castañeda, autor del libro Sistemas Lacustres de Guatemala. Recursos que mueren, algunos habitantes de pueblos en los alrededores de Antigua Guatemala apuntan de la existencia de una laguna llamada Quilisimate, que era visitada por el presidente de la época: José María Orellana (1921-26). Además, en estas visitas del mandatario o en acontecimientos importantes se celebraba misa a la orilla y después la banda musical de Antigua ofrecía conciertos.

Mapa de la ciudad antes del traslado de la capital; se observa (en verde) la laguneta San Juan de Dios. (Foto: Museo de Historia)

Algo parecido también llegó a ocurrir en la capital en una laguneta que estaba donde hoy se encuentra el actual Bulevar Liberación, que aparece en mapas antiguos con el nombre de San Isidro. Según cuentan, era visitada a principios de siglo por personajes ilustres, que ya en ese entonces intentaban escapar del bullicio del centro para encontrar un poco de paz y estar en contacto con la naturaleza. Según Chajón, esta zona era conocida como Llanos de los Arcos.

La de Antigua fue secada a finales de la década de 1920, en el período del general Lázaro Chacón, debido a la incidencia de fiebre amarilla y malaria en la región. El terreno fue repartido entre los trabajadores de las aldeas San Antonio Aguas Calientes y Santiago Zamora. Sin embargo, las de la capital fueron tapadas a principios de la década de 1950 como consecuencia de la urbanización.

Y es que el descontrolado crecimiento de la ciudad hizo que, poco a poco, los presidentes tomaran la decisión de cubrirlas. “No aprendemos, volvemos a cometer los mismos errores”, opina el arqueólogo Juan Antonio Valdés.

Plano de 1778, de Marcos Iba?n?ez, en donde se observa co?mo se empieza a tapar la laguneta San Juan de Dios. (Foto: Museo de Historia)

Después de la civilización maya, los conquistadores españoles fueron los primeros que de forma consciente secaron lagunas para construir la nueva capital. En los mapas de Luis Díez de Navarro, en los que se traza cómo iba a ser la distribución de la nueva ciudad, se observa cómo una parte de una laguna era comida por el trazo de la construcción. Según el historiador Miguel Álvarez, “esta laguna aparece en los mapas con el nombre de San Juan de Dios, porque estaba ubicada en el cantón del mismo nombre, en donde también se localizaba el hospital, casi a las afueras de la ciudad de entonces”. Otra importante laguna, y que aparece también en los planos, se encontraba en lo que hoy se conoce como la colonia 10 de Mayo y se le llamaba Ojo de Agua.

Prehispánicas

Según los últimos descubrimientos, el arqueólogo Érick Ponciano explica que varias de estas lagunas eran prehispánicas. En esta calificación entran las de San Juan de Dios, el Ojo de Agua y la del Bulevar Liberación. Pero la más conocida es sin duda la del gran lago Miraflores, que medía más de un kilómetro y medio de largo y medio kilómetro de ancho y abarcaba gran parte de las actuales zonas 7 y 11.

En el 200 d.C., este lago colapsó a causa del mal uso que le proporcionaron los habitantes de entonces y se convirtió en lagunetas estacionales que acaparaban agua en la época lluviosa. Este hecho, que provocó el descontento de la población y el abandono mayoritario —pues se consideraba un castigo de los dioses— fue aprovechado por un grupo de mayas de Quiché para conquistar la importante ciudad, aunque nunca logró los niveles de prosperidad y riqueza anteriores, pues el agua había sido el principal factor de éxito de esta comunidad, asentada en esta ubicación desde el 1,200 a.C.

“Fue el sistema de irrigación más temprano de América y uno de los más grandes”, expresa Ponciano. Construyeron el primer canal, denominado Miraflores, alrededor del 600 a.C. y funcionaba por medio de un sistema de inundación controlada, pero, con el tiempo, los mismos habitantes de ese periodo lo cerraron y crearon uno nuevo, que aplicaba saltos de agua para dar mayor empuje y fuerza a las corrientes; así construyeron un canal conocido arqueológicamente como San Jorge, que estuvo ubicado en donde hoy se encuentra la colonia del mismo nombre.

Otras prehispánicas

Otras lagunetas cercanas y también prehispánicas son las que había en Las Charcas, zona 11. Pero, la más importante después del Lago Miraflores, según Ponciano, es la que se localizaba en la finca privada El Naranjo, en donde se han encontrado importantes restos arqueológicos que evidencian el uso de esta agua por la civilización maya.

Castañeda recuerda que hace 50 años era una “hermosa laguna” y la última vez que la vio ya se había convertido en un pantano. Según fuentes de la familia Aycinena, propietaria del terreno en donde se encontraba la laguna, tenía una extensión de 200 metros de largo por 150 metros de ancho, con una profundidad de entre 6 a 8 metros. Tenían una lancha con remos, con la que daban paseos y se iban al centro de la laguna para almorzar. También con una lancha de motor podían esquiar. Pero todo desapareció, hace unos 30 años, cuando el río que les abastecía se contaminó mucho, debido a los desechos que echaban desde las colonias circundantes.

Las antiguas lagunas de la capital que desaparecieron con el paso del tiempo. (Foto: Hemeroteca PL)

Más agua

Cerca de lo que hoy es el Teatro Nacional había una laguneta que era llamada del Soldado, porque los trabajadores del Ejército bajaban desde el Castillo de San José a bañarse. Según Castañeda, llegó a ocupar todo el área del mercado de La Placita. A finales del siglo XVIII se secó, en parte, para construir la penitenciaría.

Castañeda también reporta en su libro otra en la zona de San Rafael la Laguna, en zona 18, que en 1960, recuerdan algunos pobladores, aún quedaba algún rastro. René Hernández, de 60 años, aún recuerda cuando siendo un niño de 7 u 8 años jugaba en las inmediaciones de una laguneta que se formaba en época lluviosa en la colonia Atlántida. “A veces hasta nos bañábamos, pero nunca pasó ningún disgusto, pues teníamos precaución. Además, solo nos cubría hasta la barriga”, añade.

Asimismo, había otra en la Villa de Guadalupe, cerca de la actual iglesia Loyola.

Álvarez refiere que en el período de José María Reyna Barrios (1892-98), este quiso hacer una réplica del Lago de Amatitlán cerca de lo que hoy es el aeropuerto La Aurora. El proyecto lo incluía dentro de un parque para recreo de los habitantes; sin embargo, tras su muerte, la laguna artificial no tuvo mantenimiento y finalmente fue tapada para construir encima.

¿Se imaginan una ciudad, Guatemala, con todas estas lagunetas, hoy desaparecidas? ¿Qué habría pasado si se hubieran conservado? Quizás, los guatemaltecos podríamos disfrutar de un remanso de paz en la misma ciudad. Quizás, los niños, aún hoy, como hacían Noriega y Hernández, se bañarían en sus aguas o jugarían en sus alrededores. O, quizás, estas lagunas no se hubieran podido mantener y poco a poco habrían desaparecido, como está ocurriendo con el único lago grande que queda en el departamento: Amatitlán.

Se ha calculado que el lago, hace 40 mil años, tuvo una superficie aproximada de 42 kilómetros cuadrados y abarcaba todo el valle del mismo nombre. Sin embargo, en la actualidad su área se ha reducido a apenas 15 kilómetros cuadrados.

Definición

  • En la categoría de lagos se encuentran aquellos cuerpos mayores de 10 kilómetros cuadrados.
  • Las denominadas lagunas son aquellas que ocupan menos de 10 km y son mayores de 0.1 kilómetros cuadrados.
  • Las lagunetas son los sistemas lacustres menores de 0.1 kilómetros cuadrados.

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