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Portillo: “Soy el ungido, el elegido de Dios”

Tribuna, 20 de abril de 1999. Los comicios también tuvieron su lado “de fe”, es decir, también incluyeron consignas en el nombre de Dios.

Por Hemeroteca PL

Alfonso Portillo, el 14 de enero de 2000 (Foto: Hemeroteca PL)
Alfonso Portillo, el 14 de enero de 2000 (Foto: Hemeroteca PL)

En las elecciones últimas, Alfonso Portillo desechó su pasado marxista para integrarse a un partido de derecha, el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), cuyo principal líder de entonces se preciaba de ser “un buen pastor de ovejas”.

Ese pastor era nada menos que el patriarca del FRG, Efraín Ríos Montt, cuya habilidad para mezclar fe y política había sido hasta entonces una de sus cualidades más explotadas.

Basta viajar a 1983, para comprobarlo.

Esa habilidad para convencer arrastró también a Portillo, quien hasta entonces se había autoconsiderado y jactado de ser materialista.

En ese año, dijo Portillo, dejó de ser ateo. Para sorpresa de quienes alguna vez le escucharon hablar como un agnóstico, el semanario evangélico “La Palabra, voz del Nuevo Milenio”, publicó el 28 de marzo de 1999 en la página 6, que las biblias que le habían regalado a Portillo “milagrosamente” habían surtido el efecto deseado.

Ahora, él tenía “motivos suficientes para creer en Dios y sus milagros maravillosos”.

Como un dato colorido, Portillo dijo entonces que había recibido una profecía de que sería presidente. Para demostrar que había leído La Biblia, Portillo incluso mencionó el pasaje bíblico según el cual, había recibido la iluminación y había visto el camino hacia la primera magistratura.



Portillo es fichado en Tribunales, en el 2008. (Foto: Hemeroteca PL)
Portillo es fichado en Tribunales, en el 2008. (Foto: Hemeroteca PL)


Como un docto en Sagradas Escrituras, tomó el libro y lo abrió en el profeta Jeremías, capítulo 15, versos del 19 al 22: “Dios me pondrá sobre esta nación por muro fortificado de bronce y pelearán contra mí y no me vencerán, porque Él estará conmigo para guardarme y para defenderme, dice Jehová, y yo le creo”.

Entonces, como un ungido, Portillo se dijo entonces “temeroso de Dios”, y agregó en forma un tanto jactanciosa que “con principios cristianos llegaremos al poder, para empezar a cambiar lo que se debió haber cambiado hace mucho tiempo”.

Los efectos

Lo que no contaba el entonces arrogante Portillo es que siendo mandatario se olvidaría del principio fundamental de todo rey o funcionario: servir porque es el primero entre los demás, y no ser servido.

Con el paso de los años y luego de dejar el poder enriquecido y más soberbio que antes, sería perseguido y encarcelado, y entonces se tragaría sus propias palabras.



Portillo (der.) en 2015, candidato a diputado, luego de su condena en EE. UU. (Foto: Hemeroteca PL)
Portillo (der.) en 2015, candidato a diputado, luego de su condena en EE. UU. (Foto: Hemeroteca PL)


“Dios me pondrá sobre esta nación por muro fortificado de bronce y pelearán contra mí y no me vencerán, porque Él estará conmigo para guardarme y para defenderme, dice Jehová, y yo le creo”. ¿Habrá comprendido en 1999 la severidad de las palabras del profeta, o solamente hizo alarde de una falsa fe? Efectivamente, ganó la Presidencia en el 2000, pero parece que olvidó la promesa bíblica que había leído solo unos meses antes. ¿Por qué no cambio lo que se debió haber cambiado hace mucho tiempo?

Cosas de la política... cuando se mezcla con la religión.

Portillo, en una entrevista en un noticiero. (Video: Youtube)