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Transporte urbano, un cuento de nunca acabar

Amanecía el 16 de mayo de 1990, en la que supuestamente sería una jornada normal en la vida citadina.

Por Isaac Ramírez

Policías persiguen a revoltosos, en Mixco. (Foto: Hemeroteca PL)
Policías persiguen a revoltosos, en Mixco. (Foto: Hemeroteca PL)

Sin embargo, estudiantes belemitas y aquechistas empezaban a copar las calles del Centro Histórico en protesta por el alto coste de la vida, el aumento del precio del pasaje y la energía eléctrica.

Ante todo, la razón principal fue el aumento del pasaje urbano, de 40 a 50 centavos, en una noticia sorpresiva de los autobuseros.

“Nuestra protesta es por el alza en el transporte, la luz eléctrica, la canasta básica y el despilfarro en el Gobierno, que no hace nada por evitar el caos en el que estamos todos involucrados”, argumentaron los estudiantes.



Belemitas tapan  la 10a. avenida, el 17 de mayo de 1990. (Foto: Hemeroteca PL)
Belemitas tapan la 10a. avenida, el 17 de mayo de 1990. (Foto: Hemeroteca PL)


En la 9ª. Calle y 2ª. Avenida, los estudiantes del Instituto Rafael Aqueche colocaron barricadas, hechas en su mayoría con escritorios inservibles.

Según la nota publicada el 17 de mayo en Prensa Libre, los aquechistas también habían amenazado con quemar la gasolinera instalada en la 3ª. avenida y 9ª. calle.

Era una de las peores crisis enfrentadas por el gobierno de Vinicio Cerezo Arévalo, quien asumió la Presidencia en enero de 1986 y entregó el cargo en 1991.

Postura edil

El alcalde, Álvaro Heredia, dijo en aquella oportunidad que multaría con Q5 mil a los transportistas que no circularan, y ofreció solucionar el problema mediante la intervención del servicio, prestado por 800 buses y decenas de microbuses o “ruleteros”.

Aunque Heredia no aceptó el argumento de que los autobuseros afrontaban pérdidas, pidió al gobierno central que prorrogara el subsidio por seis meses más.



El 15  de mayo de 1990, autobuseros anunciaron el paro. (Foto: Hemeroteca PL)
El 15 de mayo de 1990, autobuseros anunciaron el paro. (Foto: Hemeroteca PL)


Usuarios molestos

Más de un millón y medio de personas se desplazaron en camiones desde varias zonas de la periferia capitalina. Muchos tuvieron que pagar 50 centavos o más por viajar en ese “rudo servicio”, aunque lo consideraron “una bendición”, ante la falta de unidades del transporte convencional.

El primer día de paro fueron apedreados diez buses de la empresa EGA, los cuales quedaron con los vidrios rotos. Lo irónico del caso es que un directivo dijo que esa empresa no formaba parte de la Coordinadora del Transporte Urbano de Pasajeros, que había promovido el paro.

En Mixco, presuntos pandilleros se enfrentaron a la Policía.





En medio de la crisis, Ferrocarriles de Guatemala (la mal recordada Fegua) ofreció transportar en locomotoras acondicionadas a pasajeros desde Guajitos, zona 12, y Rodriguitos, zona 18. Para ayudar a la población, cobró 25 centavos de pasaje.

Prevenidos

En prevención, fueron suspendidas las actividades educativas, dijo el ministro de Educación, Carlos Escobar Montenegro.

Jorge Briz Abularach, presidente de la Cámara de Comercio, lamentó las pérdidas ocasionadas a decenas de negocios.

Una crisis más

El conflicto se extendió hasta la última semana de mayo de 1990, en un estira y encoge entre los autobuseros y el presidente Cerezo, quien dio un plazo de 36 horas para reanudar el servicio.

Finalmente, el transporte fue intervenido, se sancionó a varias empresas, se giraron más de 300 órdenes de captura contra empresarios del transporte, y el pasaje siguió en 40 centavos.

Ese mismo mes, Cerezo afrontó otro conflicto, la escasez de combustibles.

Estas dos crisis se sumaron a una huelga de maestros, en 1989, a la cual el Gobierno puso fin de manera abrupta.