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Versos de un premio nobel a Jesús de Candelaria

La imagen consagrada de Jesús Nazareno de Candelaria, llamado "Cristo Rey" ha tenido innumerables devotos, uno de ellos destacó a nivel mundial por sus letras, se trata de nuestro premio nobel, Miguel Ángel Asturias.

Por Hemeroteca PL

Asturias ganó en 1967 el reconocido galardón a las letras, además es reconocido como uno de los máximos exponentes del movimiento literario denominado "realismo mágico". 

El escritor nació y vivió su infancia en el Barrio de la Candelaria, cuyo crisol devocional se concentra en su Parroquia, lugar en el que se venera a la imagen morena de Cristo Rey. 

La devoción por Jesús de Candelaria quedó materializado en dos obras artísticas: el poema literario intitulado "Jesús de Candelaria" el cual forma parte de la recopilación de sus poemas llamado "Sien de alondra", publicado en 1949 y una túnica de factura española de la más alta calidad.

Nos centraremos en recordar las letras sentidas que el premio nobel dedicara al Nazareno de la Serena Mirada intercaladas con fotografías obsequiadas a los devotos y que recuerdan la celebración del centenario de su consagración:

Sombra de corazón de la amargura

a tu rostro que aviva pulso cárdeno,

lirio inclinado bajo el viento, pesa

la cruz del viento.

Tu rodilla sin fuerza es como cera

que se derrite al sol, se ve en la túnica,

lirio inclinado bajo el viento, pesa

la cruz del viento.

Del entrecejo, hendido por los juncos

de la tribulación, hasta los pómulos

se afila tu nariz de asfixia, falta

a tu lengua el aire.

Y la sal en granitos de tus dientes

es mas sed en tu boca que abre tímida

ayuda tu alentar de nada, falta

a tu lengua aire.

Nube de acabamiento da a tus ojos

frio de muerte que reduce a tempano

tu mirar, y no miras, te derramas

agua de llanto.

La tortura va desmayando dentro

de ti palomas negras y tus tímpanos

reventados no oyen, te derramas

agua llanto.

Menguante de tu sien que medra y pugna

bajo el pelo lluvioso, con el pálpito

hundido, te busca y no te encuentra

en tus sentidos.

Flexible y anillada, tu palabra,

cintura en movimiento, como el cálamo

del cetro quedo rota y no te encuentra

en tus sentidos.

¡Gusano de escarlata el astro labio

de Dios y labio de los hombres! ¡Cáñamo

perfumado el que ahora suda gota

de moribundo!.

El cáliz del vacío no se aparta

de tus fauces sedientas y el liquido

de tu sangre lo desborda, vino

de moribundo.

La cadena encendida de las dalias

te ciñe en la penumbra de los parpados

a la desolación de la primera

horas de espinas.

Y en la llaga morena de tu aliento,

el espacio quemado de la anémona,

deja sitio a tu cuerpo en la postrera

horas de espinas.

El latón fino de tu pie en el suelo,

alianza sin sandalia con lo mínimo,

abre el camino de la cruz que ahora

es salvavidas.

Y la raíz en lucha de tus manos

retuerce como garfios sus diez pálidos

dedos asidos al madero que ahora

es salvavidas.