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24/02/13 - 00:00 Internacionales

Asaltos de película

Cinco minutos bastaron para que ocho ladrones, vestidos de policías, robaran el lunes último un botín de diamantes y oro valorado en US$50 millones en el aeropuerto internacional de Bruselas, Bélgica.

POR MIGUEL GONZáLEZ*

Es uno de los últimos y más recientes robos espectaculares, protagonizado por un grupo de hombres armados que “atravesó” la valla de protección del aeropuerto con dos vehículos y, sin efectuar un solo disparo, llegaron hasta la pista de despegue donde estaba un avión con destino a Suiza. Encañonaron a pilotos de la aeronave y a empleados, forzaron las puertas de carga y se llevaron 120 paquetes. El vuelo fue cancelado y los pasajeros no se enteraron de nada.

La mercancía robada, procedente de Amberes y cuyo destino final era Zúrich, Suiza, incluía diamantes brutos y pulidos, pero también “otros objetos caros”, por lo que el valor total del cargamento robado se elevaría a US$461 millones, según la prensa belga.

Los dos vehículos salieron a gran velocidad y abandonaron las instalaciones del aeropuerto por el mismo agujero en la valla de seguridad del recinto por el que habían entrado, según fuentes policiales.

Iban vestidos de uniforme de policías, armados con metralletas y en dos vehículos provistos de sirenas.

Asalto al tren correo

Esta historia de golpes “perfectos” comenzó hace 50 años con el famoso y llamado Asalto al tren postal de Inglaterra en 1963, cuando Ronnie Biggs y 14 hombres más asaltaron el tren de Glasgow, Escocia, del que se llevaron unos US$4.2 millones —equivalentes a US$47 millones actuales—, que en esa época fue la mayor suma robada en un solo asalto.

La Policía, al mando del no menos legendario detective Jack Slipper, consiguió detener a los miembros de la banda en 1964. Luego de haber sido procesado y condenado a 30 años de cárcel, Biggs fue encarcelado en la penitenciaría de Wandsworth, Londres, de donde se fugó 15 meses más tarde.

La fuga también fue espectacular. Biggs subió con una escalera de cuerda una valla de 7.6 metros de altura desde la que se lanzó fuera de la penitenciaria al interior de un camión que le esperaba en la calle. De ahí, Biggs huyó a París, Francia, donde se sometió a cirugía plástica, y con un pasaporte falso viajó a Australia, donde vivió bajo el nombre de Terry Cook hasta que se descubrió su verdadera identidad en 1970.

El prófugo consiguió, una vez más, burlar a la Policía y tomó un barco que le llevó a Panamá y de ahí atravesó la jungla hasta Argentina y Bolivia para llegar a Río de Janeiro, Brasil, donde en 1974 fue descubierto por un periodista británico que reveló su paradero a la Policía.

El detective Slipper viajó a Brasil para traerse a Biggs. Cuando lo encontró, lo saludó con una frase que se hizo famosa: “Hace tiempo que no te veía, Ronnie. Supongo que sabes quién soy”.

Pero, otra vez, la suerte estuvo de parte del ladrón. Gracias a una laguna en la legislación brasileña, Biggs fue salvado de la extradición por su hijo recién nacido, Michael, que tuvo con la bailarina brasileña Raimunda de Castro. La ley brasileña no permite la extradición de un hombre, aunque sea fugitivo, que tenga un hijo nacido en ese país.

La última peripecia de Biggs fue cuando un grupo de mercenarios británicos lo secuestró en 1981. Los plagiarios se lo llevaron a Barbados metido en un saco, pero el Gobierno de Barbados se negó a entregarlo y Biggs pudo regresar a Brasil, donde vivió 31 años.

El periplo de Biggs siguió en una cárcel de Gran Bretaña, adonde regresó voluntariamente en el 2001. Estuvo en prisión hasta el 6 de agosto del 2009, cuando se anunció que sería puesto en libertad de la cárcel por motivos humanitarios, su salud estaba muy deteriorada.

Otros golpes

El 18 de marzo de 1990, dos hombres disfrazados de policías entraron en el Museo Isabella Stewart Gardner, en Boston, Massachusetts, Estados Unidos, y robaron 13 obras de arte, entre las que se encontraban cinco dibujos de Degas, uno de Vermeer, otro de Manet y tres de Rembrandt. Está considerado hasta hoy uno de los mayores robos —US$295 millones— de obras de arte en EE. UU. y sigue sin resolverse.

Un experto ladrón italiano perpetró el 16 de febrero del 2003 otro de los grandes robos de este siglo en el Centro de Diamantes de Amberes, Bélgica. Leonardo Notarbartolo y sus compinches lograron atravesar 10 niveles de seguridad, con radares y sensores sísmicos, y desbloquear una puerta con más de cien millones de combinaciones posibles para robar US$131 millones en diamantes. Notarbartolo fue condenado a 10 años de prisión, aunque abandonó la cárcel en el 2009. El botín nunca fue recuperado.

El 25 de febrero del 2005, US$121 millones en diamantes y joyas que se enviaban a Amberes fueron robados a punta de pistola en un vehículo de la compañía KLM en el aeropuerto de Amsterdam-Schiphol, Holanda.

El fin de semana del 6 al 7 de agosto del 2005, una banda formada por unos 35 hombres llegó por un túnel de 80 metros hasta la cámara acorazada del Banco Central de Fortaleza, Brasil, de donde robaron US$68 millones. Pese a haber capturado a casi todos los integrantes de la banda, las autoridades solamente han podido recuperar poco más del 10% del dinero robado.


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