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07/07/13 - 00:00 Internacionales

Chile, desafío electoral

La carrera por los comicios del 17 de noviembre en Chile se polarizó, según analistas, tras el aplastante triunfo en las primarias del domingo último de la expresidenta socialista Michelle Bachelet, apoyada ahora también por el Partido Comunista, y la victoria del ultraconservador Pablo Longueira.

POR HUGO SANCHINELLI*

Bachelet ganó la nominación presidencial opositora por un abrumador 73.05 por ciento de los votos, mientras que Longueira, un declarado partidario de la dictadura de Augusto Pinochet, se impuso por un estrecho margen de 51 por ciento, en unas inéditas elecciones primarias en las que participó casi el triple de los electores previstos.

Los candidatos más moderados en los dos bloques políticos que se midieron en las primarias fueron los grandes perdedores, en una muestra de la polarización de la sociedad chilena entre posturas de izquierda y de ultraderecha.

Los resultados “dan cuenta de un vaciamiento del voto de centro, lo que nos hace esperar que la elección de noviembre sea una coyuntura bastante más polarizada de las que hemos tenido desde 1990 en adelante —tras el fin de la dictadura de Pinochet—”, explicó a la AFP el cientista político Marcelo Mella, de la Universidad de Santiago.

Bachelet, la primera mujer en llegar a la Presidencia de Chile —en el 2006—, retornó a ese país en marzo último, después de haber quedado casi tres años al mando de la oficina ONU-Mujer en Nueva York, y propone cambios radicales para hacer frente al creciente descontento de la sociedad chilena, expresado en las masivas manifestaciones estudiantiles.

Aunque aún no revela su propuesta de programa de gobierno, se comprometió a apoyar la educación gratuita a nivel universitario en seis años, respondiendo a la principal demanda de los estudiantes, junto con una profunda reforma tributaria y un cambio de la Constitución, para acabar con aquella impuesta por Pinochet.

Sus propuestas le valieron el apoyo del Partido Comunista, ampliamente relegado de la primera línea de la política chilena, y que se especula que podría integrarse a un eventual segundo gobierno de Bachelet.

Longueira

En el otro extremo se ubica Longueira, un histórico líder de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI) —el partido más votado de Chile—, quien se impuso al más moderado Andrés Allamand, por el apoyo que concitó en los sectores más acomodados que buscan mantener el actual modelo, al extremo liberal.

“Longueira es el mejor representante del statu quo para la derecha y quien garantiza ponerle un cerrojo a las reformas que la sociedad está demandando, lo que podría ser un factor de mayor polarización de cara a las próximas elecciones”, agrega Mella.

Ferviente católico, padre de siete hijos y excolaborador de Pinochet, es conocido como el ahijado político del asesinado senador de la UDI, Jaime Guzmán, ideólogo de la dictadura.

Pero, a menos que ocurra un hecho inesperado, es difícil que Longueira pueda contrarrestar el inmenso caudal de apoyo que concita Bachelet, dueña de un carisma poco común en la política chilena, quien incluso podría imponerse en primera vuelta.

El domingo último ella sola duplicó los votos que obtuvieron los dos aspirantes de derecha juntos y se ubicó muy por encima de los tres candidatos con los que compitió en su sector.

“Bachelet es más que los partidos y más que cualquier partido en Chile de izquierda o derecha. Triplicó la votación de Longueira. En Chile no estamos acostumbrados a estos liderazgos tan fuertes”, dijo a la AFP el politólogo Bernardo Navarrete.

“La cantidad de votos que obtuvo la coloca en la posición —sobre cualquier negociación— de ‘la decisión la voy a tomar yo’ en términos programáticos”, agregó.

Separada, agnóstica y madre soltera de tres hijos, Bachelet se vio arrastrada a una candidatura tanto en esta como en la anterior elección, en las que inicialmente había rehusado competir.

Luego de haber dejado en el 2010 el poder con un respaldo de casi el 70 por ciento y de estar impedida por ley de aspirar a la reelección consecutiva, su nombre surgió de inmediato como la próxima candidata presidencial de la oposición.

Y aunque permaneció fuera de Chile por casi tres años, su figura nunca estuvo ausente de la política de ese país.

Pero ese “exceso de popularidad” no garantiza que pueda llevar adelante sus reformas. Necesita de un parlamento afín y con una amplía mayoría, lo que en Chile es especialmente complicado al tener un sistema electoral que tiende a sobrerrepresentar a la derecha en el Legislativo.

En el sistema, de carácter binominal, se elige a dos candidatos por cada distrito, en los que resultan electos los aspirantes de las listas más votadas. Para que una lista elija a sus dos nominados debe doblar a la otra.

Esta fórmula en la práctica ha equiparado la votación de la derecha, de casi un tercio de los votos, a la mayoritaria que obtiene la centroizquierda, obstaculizando por décadas las reformas democratizadoras.

Un reto para Bachelet será convocar también a ese centro moderado —que aunque sea menor en votación podría tornarse relevante en una definición más estrecha—, junto a aquellos que no votaron el domingo último y podrían hacerlo en noviembre por otros candidatos que decidieron ir directo a la elección presidencial y no pasar por primarias.

Buscan apoyo 

La candidata opositora a la presidencia de Chile Michelle Bachelet inició  su campaña electoral con el apoyo de los demócratacristianos, los grandes derrotados en las primarias del domingo último, mientras el oficialismo trata de limar asperezas tras la ajustada victoria de Pablo Longueira.

En el bloque oficialista las aguas están revueltas. Los líderes de la Unión Demócrata Independiente  (UDI) y de Renovación Nacional  (RN) tratan de cerrar las heridas que dejó en la alianza el resultado de las primarias.

Los medios locales  hacen eco estos días de un fuerte encontronazo que protagonizaron el día de las elecciones el candidato derrotado de RN, Andrés Allamand, y Joaquín Lavín, el jefe de campaña de Pablo Longueira, de la UDI.

Otros candidatos

Además de los representantes de las dos grandes coaliciones políticas elegidos el domingo último, en los comicios presidenciales del próximo 17 de noviembre participarán también seis candidatos independientes  y de pequeños partidos que optaron por competir directamente.

Entre ellos figura Marco Enríquez Ominami, un exdiputado socialista que en el 2009 abandonó las filas de la Concertación para presentarse como candidato independiente y obtuvo el 20 por ciento  de los votos en las presidenciales de hace tres años.

Para Ominami, que ahora preside el Partido Progresista, las elecciones primarias del domingo último  no arrojan resultados definitivos, porque hay que tener en cuenta que en ellas no votó el 80 por ciento de los electores. 

En las elecciones primarias  participaron  casi tres millones de electores.

Información de las agencias de noticias EFE, AP y AFP.


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