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14/08/11 - 00:00 Internacionales

Explosión social en el Reino Unido

Como tocada por una varita mágica envenenada —con el veneno de la violencia, la pobreza, el racismo, la desigualdad, los recortes presupuestarios y la desilusión con el sistema—, gran parte de Londres se convirtió durante cinco noches en una ciudad caótica, en donde reinó el saqueo, destrozos y enfrentamientos de ciudadanos con la Policía.

POR MIGUEL GONZáLEZ *

La chispa que encendió todo fue la muerte de Mark Duggan, el jueves 4 de agosto último, en Tottenham, en donde varios policías pararon un taxi en el que este viajaba. Hubo disparos y murió Duggan, un delincuente local de 29 años, padre de cuatro hijos, con varios antecedentes.

Cuarenta y ocho horas después, centenares de individuos —la mayoría de jóvenes, algunos encapuchados— se concentraron en Tottenham para “pedir justicia” y explicaciones por la muerte de Duggan.

Esa noche del 6 de agosto recién pasado comenzó la explosión social en Londres, que se extendió a otros suburbios de Mánchester, Bristol, Nottingham y Birmingham. Los airados manifestantes asaltaron comercios, robaron cajeros automáticos, quemaron vehículos y edificios y se enfrentaron a la Policía.

Los disturbios en Gran Bretaña son “criminalidad pura y dura”, según el primer ministro David Cameron, pero la oposición y algunos sociólogos se niegan a contentarse con explicaciones “simplistas”, y afirman que detrás hay causas económicas y sociales.

Ante el estallido de violencia sin precedente en varias décadas, la respuesta del Gobierno liberal-conservador fue triplicar la presencia policial en Londres.

Las imágenes “enojosas” de jóvenes encapuchados reventando tiendas para llevarse pantallas planas o zapatillas deportivas demuestran que esa parte de la sociedad está“enferma”, consideró el primer ministro conservador.

Sin embargo, Cameron se ha negado a establecer una relación entre los disturbios y la pobreza, o a ver en esta explosión de violencia la expresión de un descontento político.

El líder conservador aseguró que “no va a permitir ataques contra la propiedad”, pero no habló del desempleo de un 20 por ciento, responsable de la creciente pobreza en Tottenham, uno de los barrios más deprimidos de Londres.

Los disturbios, que se cobraron cinco muertos, comenzaron con la muerte de Duggan. Sin embargo, los cabecillas de esas revueltas, que se propagaron por la capital y a otras ciudades inglesas, nunca han hecho referencia al joven.

“Pienso que son actos criminales individuales, y no hay excusa ni justificación para ello, pero sé que necesitamos ir más allá de eso”, dijo el líder del Partido Laborista, Ed Miliband.

“¿Es cultural o se debe a la pobreza y la falta de oportunidades? Probablemente, las dos cosas”, añadió Miliband.

Para Tony Travers, sociólogo en la Escuela de Economía de Londres, los saqueos “no son una expresión política”.

“Puede estar vinculado con la pobreza o las condiciones de vida, pero también con la manera en que algunos han sido educados. Hay que investigar profundamente para saber lo que ha ocurrido”, añadió.

Gus John, profesor en la Universidad de Londres, va más lejos y cree que los saqueos sacan a la luz la cólera acumulada contra la Policía y sus controles y registros, que según él, se centran excesivamente en los jóvenes de color.

“En gran medida, pienso que es un estallido de cólera contenida contra la Policía, pero también la expresión de una absoluta frustración respecto de su situación, porque esta gente no ve que tenga futuro”, afirmó.

“Los disturbios son fenómenos localizados en un barrio o en una ciudad donde vive una población desheredada, que tiene la sensación de ser acosada por la Policía, de ser víctima del racismo, y al mismo tiempo se siente fuera de la vida política”, explicó el sociólogo francés Didier Lapeyronnie.

GENERACIÓN PERDIDA

Los jóvenes participantes en los disturbios están llenando juzgados y cada uno parece el retrato vivo de una generación perdida: un joven de 15 años, procedente de Ucrania, cuya madre murió; otro de 17, que se plegó a los desmanes siguiendo a su primo; un matoncito de 11 años, detenido por robar un cesto de basura.

La mitad de los mil 700 detenidos es menor de edad. Junto a una niña de 11 años que participó en los disturbios de Nottingham, se han sentado en el juzgado una mujer con 96 delitos en su expediente y hasta la hija de un millonario. Y no son los únicos; una aspirante a trabajadora social se ha declarado culpable de robar una televisión.

“Nadie hace nada por nosotros; ni los políticos, ni los policías, nadie”, dijo un joven de 19 años que participó en los saqueos.

Gran Bretaña tiene, además, uno de los índices más altos de delitos violentos en la Unión Europea, y una tasa alarmantemente elevada de desempleo entre los jóvenes. Casi 18 por ciento de las personas de entre 16 y 24 años no tiene trabajo y casi la mitad de todos los jóvenes de color está desocupada.

Otros problemas sociales que afligen en los lugares donde ocurrieron los desmanes, son los altos índices de embarazo entre las adolescentes, delitos a mano armada y tráfico de drogas, dijo el abogado Daniel Cavaglieri.


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