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23/12/12 - 00:00 Internacionales

Gruta de la Natividad

Las celebraciones de la Navidad en Tierra Santa tienen como epicentro la ciudad palestina de Belén, Cisjordania, donde los Santos Evangelios sitúan el nacimiento de Jesús y se ubica la llamada Gruta de la Natividad.

La Basílica de la Natividad en Belén se encuentra a 10 kilómetros al sur de Jerusalén y es uno de los principales puntos de peregrinación para los cristianos.

El actual templo fue construido por el emperador romano Justiniano (527-565), tras la destrucción por un terremoto de la basílica original que construyera Santa Elena, madre del emperador Constantino, en el año 325. Él legalizó el cristianismo en el Imperio Romano y buscó las huellas de Jesús en Tierra Santa.

Santa Elena ordenó levantar los primeros centros de culto como el Santo Sepulcro y la Iglesia de la Natividad, a la cual se accede por la minúscula “Puerta de la Humildad”, que obliga al fiel a inclinarse porque tiene solo 1.2 metros de altura.

En el lugar donde se habría producido el nacimiento de Jesús, Santa Elena mandó a construir una pequeña iglesia, a la que décadas después se trasladaría San Jerónimo para traducir la Biblia del griego al latín, en una obra conocida como La Vulgata.

Luego de un período de desarrollo, la pequeña iglesia fue saqueada y destruida por los samaritanos, un pueblo helenizado de origen israelita que se rebeló contra los romanos en el año 529.

Décadas después, Tierra Santa fue objeto nuevamente de una invasión, esta vez de los persas que se abstuvieron de destruirla porque vieron en ella imágenes de los Reyes Magos con atuendos típicos de su país.

También se salvó de la invasión musulmana en el año 647, porque esta cultura del islam ve en Jesús a un profeta y a María la santa que le concibió.

No obstante, la Iglesia de la Natividad no volvería a sus días de máxima grandeza hasta las cruzadas, entre los siglos XI y XII, convirtiéndose en el lugar preferido por los monarcas de los reinos cruzados de Jerusalén para ser ungidos en el trono.

La caída de Jerusalén en manos del Imperio Otomano supuso un nuevo revés para la Iglesia de la Natividad y el resto de lugares santos, siendo objeto de disputas incontables no ya con otras creencias religiosas, sino también entre los propios ritos cristianos.

La Iglesia de la Natividad, junto con la Iglesia del Santo Sepulcro son consideradas como iglesias de Status quo, un código y decreto otomano de 1852, tal como está garantizado en el artículo 12 del Tratado de Berlín (1878), y de ahí, que son conjuntamente administradas por La Iglesia Católica romana y gestionada por franciscanos, griegos y comunidades ortodoxas armenias.

Los griegos son propietarios de la basílica, excluida la parte norte del transepto que pertenece a los armenios.

La Gruta de la Natividad pertenece a los franciscanos y está dividida en dos partes: el altar de la Natividad, de los griegos, y el altar del Pesebre en la Gruta de los Reyes Magos, de los latinos. Al lado de la basílica los franciscanos construyeron la iglesia de Santa Catalina, donde se celebra misa en rito latino.

A uno y otro lado del coro griego de la basílica se encuentran dos entradas a la Gruta de la Natividad, que es rectangular y mide 12 metros de longitud y tres metros de largo y de ancho. Las puertas de bronce y mármol se remontan a la época de las Cruzadas.

El ábside cubre el altar de la Natividad, bajo el cual hay una losa de mármol con una estrella de plata y la inscripción en latín: Hic de Virgine Maria Jesus Christus natus est —Aquí nació Jesucristo de la Virgen María—.

POR HUGO SANCHINELLI /

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