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23/03/14 - 00:00 Internacionales

Nueva guerra fría por Crimea

La crisis de Ucrania causó la pérdida de la península de Crimea que, por medio de un cuestionado referendo, se separó de ese país y se incorporó a Rusia, hecho que cambia el mapa geopolítico y abre una nueva era de confrontación entre Occidente y Moscú, con el presidente ruso, Vladímir Putin, como protagonista de esa anexión tildada de ilegal por las potencias.

REDACCIóN INTERNACIONAL* ANÁLISIS: EL MUNDO

La polémica entre la ilegalidad del referendo de Crimea —defendido por Estados Unidos y la Unión Europea (UE)— y el argumento ruso de poner como ejemplo la consulta popular de Kosovo para separarse de Serbia en el 2008 aumenta la tensión entre Washington DC y Moscú, y abre una nueva Guerra Fría.

Analistas del derecho internacional debaten y hacen comparaciones entre el referendo de Kosovo y Crimea, pero ambos casos tienen algo en común: las potencias los utilizan como justificación según su propia conveniencia.

Todo comenzó en noviembre del 2013, cuando el presidente ucraniano Víktor Yanukóvich rechazó un acuerdo de asociación con la UE y decidió acercarse a Rusia. Las protestas lo derrocaron el 22 de febrero último y huyó a Moscú. Putin acusó a las otras potencias de haber instalado a la fuerza un gobierno prooccidental en Ucrania e inmediatamente “promovió con sus fuerzas prorrusas” un referendo separatista en Crimea.

Los crimeos, la mayoría de origen ruso, votaron por la escisión y pidieron incorporarse a Rusia.

Al anexar rápidamente Crimea, Putin “dejó pasmados” a los occidentales, según Thomas Gomart, director de desarrollo estratégico del Instituto Francés de Relaciones Internacionales.

La UE adoptó en respuesta sanciones contra varias personalidades rusas y prorrusas de Ucrania, pero sus efectos “no están a la altura de los desafíos”, considera el analista Gomart.

La UE es víctima de su interdependencia económica y energética con Rusia. Más de una cuarta parte de sus importaciones de gas dependen de ella. Numerosas empresas europeas invirtieron masivamente en Rusia. El capital ruso contribuye cuantiosamente a la prosperidad de la City de Londres.

Hoy, la UE paga esta política complaciente hacia Moscú, dicen expertos.

El principal problema de los europeos es conseguir sancionar de manera eficaz a Rusia sin debilitar una economía europea todavía convaleciente. “Será difícil, requerirá tiempo y costará dinero”, explica Xavier Follebouckt, un experto en Rusia de la Universidad Católica de Lovaina.

Estados Unidos se sitúa en primera línea para responder a las preocupaciones expresadas por los antiguos países del ex bloque soviético.

Washington DC, que empezó a abandonar en los últimos años al continente europeo en beneficio de Asia y del Pacífico, se ve obligado a volver. Desplegó varios cazabombarderos en Polonia y Lituania.

Es significativo que el presidente estadounidense, Barack Obama, optara por anunciar sanciones contra Rusia.

Como en tiempos de la Guerra Fría, Moscú respondió también y sancionó primero a los estadounidenses. “Para Moscú es claramente una pulseada” con Estados Unidos, considera Gomart.

Los dirigentes occidentales descartaron la opción militar frente a Rusia. Con la anexión de Crimea, “Putin está probando hasta dónde puede llegar”, afirma Follebouckt.

Para Putin y numerosos rusos, la incorporación de Crimea a Rusia corrige simplemente una injusticia histórica. Esta península del Mar Negro, que otrora perteneció a Rusia, fue otorgada a Ucrania por el dirigente soviético Nikita Kruschev en 1954.

Apenas comienza

“No estamos al final de la crisis”, predice Follebouckt. Según él, Vladímir Putin no va a renunciar a su sueño de construir su “unión euroasiática”. El mandatario ruso nunca ocultó que, según él, la desintegración de la URSS fue “el mayor desastre político del siglo XX”.

Rusia firmó ya acuerdos aduaneros con Bielorrusia, Kazajistán y Armenia. “¡Pero sin Ucrania, todo se fue al agua! ¡Sin Ucrania, Rusia se siente debilitada!”, resume Follebouckt.

Al solicitarles integrar la Unión Euroasiática, Georgia —cuyo territorio está parcialmente ocupado por soldados rusos desde el 2008— y Moldavia declinaron y prefirieron firmar un acuerdo con la Unión Europea.

Putin defiende su proyecto porque, si bien Rusia sigue siendo el primer productor mundial de crudo y el segundo para el gas natural, está confrontado a los daños de una caída endémica de la natalidad y, con excepción de los hidrocarburos, tiene una economía frágil.

Sin embargo, en la pulseada con Occidente, Rusia, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, tiene algunas bazas. Sin ir más lejos, sin Moscú no se puede contemplar ninguna solución del conflicto que acaba de entrar en el cuarto año en Siria y el asunto nuclear iraní, señala Follebouckt.

*Información de agencias de noticias AFP, AP, EFE, diarios en internet y sitios oficiales en la web


ACUSACUIBES
¿Qué dice el derecho internacional?

Rusia dice que el referendo separatista de Crimea es legal y pone como ejemplo la consulta popular del 2008 que aprobó la escisión de Kosovo de Serbia, pero las potencias occidentales rechazan las equiparaciones y alegan diferencias sustanciales y argumentan que Kosovo fue el resultado de una limpieza étnica.

Ante esta polémica, Sigmar Stadlmeier, director del Departamento de Derecho Internacional de la Universidad de Linz, Austria, opina: “Es un problema no resuelto del derecho internacional, ya que se contradicen dos principios: el derecho de autodeterminación y el derecho de un Estado a la integridad de su territorio. Era por ejemplo el problema en Kosovo”.

Este cruce de acusaciones entre Rusia y Occidente  es susceptible de interpretaciones, en una equiparación que además se juega en varios planos: legal, político y moral.


CONTRASTES
Poderío ruso se basa en un PIB raquítico

Los encendidos discursos del presidente ruso, Vladímir Putin, dan la idea de que Rusia renace como superpotencia, pero ese poderío descansa sobre una realidad frágil, como lo muestra su producto interno bruto (PIB) de apenas US$2 billones, del mismo tamaño que el de Italia. 


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Un reciente análisis publicado en el sitio web del diario español El País, señala que Rusia es un país económicamente estancado desde hace varios años, políticamente paralizado y con poca relevancia mundial.

El rotativo cita que  las titánicas ambiciones del Kremlin viven en un cuerpo económico relativamente menudo, que representa una cuarta parte del PIB chino y una octava del estadounidense.

Entre otras de sus fragilidades está el decaimiento de su población —de 148 a 143 millones—,  una esperanza de vida para los varones de solo 64 años, economía monocultivo,  retraso tecnológico y un sistema educativo estancado, según el informe PISA.

Según los expertos, su influencia internacional y poderío militar no pueden subsistir sin una base económica próspera.

Rusia no está exenta  de dificultades sociales, pero invierte el 4.4% del PIB en gastos militares sin que nadie discuta. En Europa casi nadie llega al 2%.

Por supuesto que no hay que subestimar su aterrador arsenal nuclear, la renovación de sus fuerzas armadas,  poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU,  altas reservas energéticas y una extensión territorial incomparable.

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