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02/02/13 - 09:00 Internacionales

Hallazgo en Paraguay reaviva plan de recuperar paraíso perdido de jesuitas

El hallazgo de antiguas baldosas de un gran templo jesuita en Paraguay, construido por los indios guaraníes en el siglo XVII, reavivó un ambicioso proyecto de recuperar aquel paraíso perdido en el sur del país con la expulsión de estos religiosos en 1767.

POR AGENCIA AFP Paraguay

SANTA MARIA DE FE.- Las baldosas, cuadradas y octogonales, fueron encontradas por casualidad, enterradas a 1,30 metros de profundidad, en Santa María de Fe, a unos 250 km al sureste de Asunción, mientras unos obreros cavaban un pozo detrás de la iglesia principal, cuyo edificio original fue destruido por un incendio en 1889 y terminó de derrumbarse en 1910.

"Sabemos que bajo tierra, sobre todo en la manzana que ocupa la actual Iglesia, hay muchísimo por descubrir. Los indicios son esos pisos intactos hallados hace unas dos semanas, que estaban sepultados", dijo la investigadora inglesa Margaret Hebblethwaite, miembro del Consejo de conservación de Patrimonio de la comuna de Santa María de Fe.

El coordinador del Consejo, el educador Isabelino Martínez, dijo que con apoyo del cura párroco Hugo Maidana, la comunidad local está resuelta a buscar los tesoros jesuitas sepultados por el tiempo.

"Queremos construir un edificio para albergar las piezas, que estamos seguros que son numerosas, que están bajo tierra. Es fundamental contratar uno o dos arqueólogos extranjeros para iniciar los trabajos con rigor científico. Queremos hacerlo todo con total transparencia", señaló.

La historia de esta misión jesuítica, fundada en 1647 por la Compañía de Jesús con el fin de evangelizar a los nativos, fue lo que llevó a Hebblethwaite, una periodista y escritora londinense, a instalarse hace varios años en el pueblo, que se erige sobre un rico sitio patrimonial en el departamento de Misiones.

Santa María de Fe sobrevivió incluso a los ataques de los bandeirantes que a sangre y fuego cazaban indios para transportarlos como esclavos a Sao Paulo.

Sus profundas huellas del legado indígena con sello jesuita se encuentran sepultadas y, según Hebblethwaite, es necesario desenterrar el enigma.

"Puede haber muchas cosas, pero el mayor tesoro es descubrir las formas de la Iglesia, la locación del colegio, el cementerio, los talleres y dormitorios. Uno no se puede imaginar qué más puede haber abajo, si más esculturas, piezas, platería, de todo", dijo.

Las misiones o reducciones jesuíticas llegaron a reunir en los siglos XVII y XVIII a unos 150 mil nativos, muchos de ellos entrenados para convertirse en magníficos escultores, pintores, orfebres, músicos, arquitectos o ingenieros.

En Santa María de Fe se conoce muy bien al cura italiano Giuseppe Brassanelli, un escultor cuya obra y la de sus discípulos indígenas se conserva intacta en el museo. Con Brassanelli empezó la tradición barroca del arte, explicó Hebblethwaite. "Antes, las esculturas eran más estáticas, más simétricas. Él les dio movimiento, más vida".

Hechas de madera de cedro y lapacho, estas reliquias históricas sobreviven en la ruta de los pueblos jesuitas que promociona la Secretaría de Turismo de Paraguay, que abarca Santa María de Fe, San Ignacio, Santa Rosa, Santiago, San Cosme y Damián, y las ruinas de Jesús y Trinidad, situadas cerca de la frontera con Argentina.

"Hubo mil 500 jesuitas en Paraguay en esos 150 años", destacó el padre Antonio Betancort, de la misión de San Ignacio, con 40 años de residencia en Paraguay, quien defiende que lo hecho "fue una experiencia de vida cristiana con su compromiso civil, no una experiencia sociopolítica o económica".

Sostiene que los jesuitas alientan el turismo religioso, "pero no queremos que la gente solo venga por la mera curiosidad y el descanso. También queremos que vengan atraídos por la cultura y la fe".

"Queremos revivir esos valores históricos culturales para hoy aplicarlo en la vida: esa solidaridad que había, esa fe en Cristo, aplicarlo también".

El legado en la región de los seguidores de San Ignacio de Loyola es culturalmente diverso. En San Cosme y Damián, 50 km más al sur, se halla reconstruido -con fondos alemanes- un gigantesco templo, fue capaz de albergar a unos 4.000 indios durante un oficio litúrgico.

Existe además un planetario construido por el astrónomo jesuita español Buenaventura Suarez en el siglo XVIII. El científico empleó cristales de cuarzo extraídos de las orillas rocosas del caudaloso río Paraná para confeccionar los lentes de su telescopio.

Con la expulsión de los jesuitas de Paraguay, de aquel ensayo que apasionó al mundo "solo quedaron las ruinas en medio del bosque y las obras de arte dispersas en los museos del mundo", dijo Betancort.

Carlos Bedoya, director del museo de San Ignacio, consideró que la cantidad y la calidad de las esculturas de Santa María de Fe están entre las más importantes del tiempo de los jesuitas, gracias al escultor Brassanelli.

Pero también destacó la producción literaria gracias a la labor del cura austriaco Anton Von Sepp de Zusaleg, un músico que enseñó en las misiones la obra del maestro italiano Doménico Zipoli.

Es posible escuchar la música "mágica" de Zipoli en las ruinas de Trinidad, a 400 km al sureste de la capital, donde los fines de semana se ofrece en la noche un espectáculo de luces y sonido, que transporta a los visitantes a aquellos tiempos de esplendor.

"Hay una enorme cantidad de piezas jesuíticas dispersas por los campos del sur del Paraguay. Ojalá algún día podamos reunir todas estas valiosas piezas", afirmó el historiador Jorge Rubiani.


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