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23/12/12 - 08:33 Internacionales

La rebelión popular desemboca en una guerra civil en Siria

En algo más de veinte meses, la revuelta popular siria, reprimida a sangre y fuego, se ha convertido en una rebelión armada que se islamiza cada día más en el país, donde las promesas de la 'Primavera árabe' parecen haber caído en el olvido.

POR AFP Siria

Frente a la brutalidad de las fuerzas gubernamentales y aunque no se ha roto la dinámica revolucionaria, el movimiento pacífico y popular contra el régimen del presidente Bashar Al Asad se ha transformado poco a poco en una guerra civil.

Apoyados por los sunitas, que son mayoría en el país, los insurgentes entraron en lucha armada con unos cuantos fusiles de contrabando o comprados a oficiales corruptos.

Actualmente, controlan gran parte de las zonas rurales y algunas ciudades, constató la AFP. En el noroeste, están a punto de conquistar un vasto territorio que abarca desde Alepo (norte), en plena batalla callejera, hasta la frontera turca.

"El principio del fin"

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La rebelión se ha extendido en el este del país, pero además los combates se han aproximado a Damasco, donde el ejército lleva a cabo vastas operaciones contra lo que el régimen denomina "terroristas".

El jeque Taufik, un jefe de guerra islamista de la región de Alepo, está convencido de que "el régimen se debilita un poco más cada día". Para él, "es el principio del fin".

Incapaz de recuperar el terreno perdido, el régimen abandonó las zonas rurales y se concentró en defender la capital, las grandes ciudades y los lugares estratégicos y en consolidar el reducto alauí (rama del chiismo a la que pertenece la mayoría de los dirigentes sirios).

Las fuerzas gubernamentales bombardean pueblos y barrios rebeldes, independientemente de que haya civiles, que viven un calvario.

Un periodista de la AFP vio el 18 de octubre cómo 40 personas, entre ellas 22 niños, morían aplastadas por los escombros de su edificio debido a la caída de una bomba.

Según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), vigía de este conflicto, 42.000 personas, en su mayoría civiles, han muerto desde el comienzo de la revuelta, en marzo de 2011.

Cientos de miles de sirios huyeron. En el pueblo de Atme, viven hacinados en los olivares, a lo largo de la alambrada de la frontera turca, en espera de poder pasar.

La comunidad internacional estuvo paralizada durante mucho tiempo y al final renunció a encontrar una salida negociada a la violencia. Además, Damasco sabe que puede contar con el apoyo de Rusia y de Irán, sus aliados.

El ejército es muy consciente de su superioridad material y de su potencia de fuego (incluido su arsenal químico, que suscita gran preocupación a nivel internacional).

Con todo, la supremacía de la aviación del régimen podría no ser tanta, debido al uso, por los rebeldes, de misiles antiaéreos. Un periodista de la AFP fue testigo del derribo de dos aviones en 24 horas a finales de noviembre cerca de Daret Eza (noroeste) con esos misiles, "confiscados", según los rebeldes "al enemigo".

La rebelión posee ahora munición y armas ligeras, pero sigue escasa de material ofensivo.

Espectro de guerra civil

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La insurrección optó por una estrategia que consiste en cortar las líneas de suministro, asfixiar las grandes urbes y asediar las guarniciones aisladas.

Los rebeldes, en su lucha contra los militares, los servicios de inteligencia (mujabarat) y los milicianos pro Asad (los chabihas), han mejorado sus técnicas de entrenamiento y cuentan con cientos de voluntarios extranjeros, llegados en refuerzo.

Pero estos seis últimos meses han estado marcados por una creciente islamización de la lucha armada y la emergencia del Frente Al Nosra, acusado en ocasiones de ser la tapadera de Al Qaeda en Siria. Este grupo se está imponiendo en todos los frentes, amenazando la revolución.

El 10 de diciembre, los yihadistas de Al Nosra y de grupos leales a ellos se apoderaron de la base del Jeque Suleimán, último baluarte del ejército en el oeste de Alepo. La víspera, un periodista vio la bandera negra de los islamistas ondear sobre uno de los edificios.

Muchos sirios admiran a los combatientes de Al Nosra, disciplinados y combativos, frente a los batallones del Ejército Sirio Libre, con fama de "corruptos".

Aunque mayoritariamente sirio, el Frente Al Nosra atrajo a rebeldes radicales, entre los que figuran yihadistas extranjeros. Pero su odio hacia los "impíos" y la actitud del régimen, que instrumentaliza las fracturas confesionales, hacen temer una libanización del conflicto.


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