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José Mujica fue florista, guerrillero y ahora es presidente de Uruguay

Fue florista, guerrillero, estuvo preso más de 13 años y ahora con casi 80 José Mujica es el presidente de Uruguay. Pero fue por impulsar leyes como la regulación de la marihuana, el matrimonio igualitario y la despenalización del aborto que alcanzó fama mundial.

MONTEVIDEO- “Creo que nosotros fuimos sensibles a una manera de pensar que tiene el mundo nuevo, los jóvenes”, dice en una entrevista exclusiva con la AFP en su chacra en Rincón del Cerro, en las afueras de Montevideo, pocos meses antes de que acabe su gobierno.

“Mi generación cuando iba a los bailes íbamos de traje azul o negro, zapatos de charol en punta, y de corbata, si no no te dejaban entrar. A las nuevas generaciones ni se les ocurre. A los políticos les cuesta registrar esos cambios tácitos que se van dando sin que nadie se los proponga”.

Mujica ha conquistado al mundo con un discurso llano y una vida simple, despojada. La legalización de la marihuana lo catapultó a él y a su pequeño país de tres millones de habitantes a la fama.

Durante su mandato, aceptó además acoger en Uruguay como “hombres libres” a seis presos de la cárcel de Guantánamo y decidió darle refugio a 120 sirios, más de la mitad niños que escapan de la guerra civil.

Este presidente inusual sabe -sin duda alguna- que ha tenido una vida extraordinaria y siente hoy que tiene un mensaje que transmitir.

“Soy desagradecido, tendría que creer en Dios. Porque he pasado tantas luces y sombras y estoy al borde de los 80 años”, apunta.

“Yo nunca me arrepiento de lo que he vivido. Porque si no hubiera vivido eso no hubiera aprendido tanto. Y en la vida se aprende mucho más del dolor y las derrotas que de la bonanza”.

De joven vendía flores en los barrios de clase media alta de Pocitos y Punta Carretas y más tarde en el más humilde de El Cerro, donde conquistaba a las viejitas que homenajeaban a sus muertos.

Fue militante primero del Partido Nacional (centro) y luego pasó a ser guerrillero, uno de los más activos del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro.

La guerra, un recurso prehistórico

– ¿Qué evaluación hace de la lucha armada de los años 60 y 70 ahora como presidente?

“La guerra es un recurso bárbaro, prehistórico. Porque cualquiera sea la causa de la guerra siempre el costo peor lo pagan los más débiles y los que tienen menos responsabilidad en las cuestiones de la guerra”.

Pasa de un tema a otro, dispara reflexiones sin prisa ni pausa.

Por su lucha armada, durante la dictadura (1973-85) Mujica pasó años aislado en una celda -sin mas compañía que roedores y una rana-, y sufrió todo tipo de torturas y vejaciones.

– ¿Cómo se hace para sobrellevar tanto sufrimiento?

“Hay que ser primitivo, en el sentido inteligente del término. El hombre es un animal muy fuerte. Yo me inventé mil cosas para tratar de subsistir. Lo peor fueron los nueve años de soledad, de los cuales estuve siete en que no me dejaban leer”.

“Tuve que inventar una serie de disciplinas: me levantaba, caminaba, no sé cuántos kilómetros hacía para cansarme. Después dedicaba unas horas a imaginar herramientas que construía en mi cabeza”.

“Tuve momentos muy malos, me estaba trolando (volviendo loco) un poco y ahí un psiquiatra me trató. No me sirvió para nada, pero me autorizaron a leer libros de ciencia y a escribir. Y empecé a repasar química, física, biología, y a escribir. Y me salvé”.

“Quizás en el fondo soy un hombre de fe. Nunca dudé de que cuando saliera iba a seguir militando, nunca, en ningún momento, tuve duda de que iba a salir”.

Derrotados son los que dejan de luchar

Mujica se ha hecho famoso además por su prédica contra el consumismo en la cumbre la Tierra en Río de Janeiro (2012) y en la Asamblea General de la ONU (2013).

– ¿Por qué su discurso caló tan hondo?

“Porque pega en el clavo. Yo no descubrí nada, esto es de una evidencia que rompe los ojos. Pero hay una impotencia de los países centrales que viven pensando en los intereses del estado nacional, de quién va a ganar las elecciones que vienen”.

Madruga y se queda en la chacra hasta media mañana, cuando sale hacia su oficina en la céntrica Plaza de Independencia. Generalmente, vuelve tarde en la noche a su casa.

“Yo no hago una apología de la pobreza ni de que el mundo tiene que volver a la época de las cavernas. Estoy contra la frivolidad y contra la tontería, eso es otra cosa. Porque no hay cosa más valiosa que la libertad”.

“En cada esquina de la historia humana hay que intentar aprender algo y transmitírselo a los que van a venir”.

“Vale la pena vivir con intensidad, y te podés caer una, dos, tres, veinte veces, pero recuerda que te podés levantar y volver a empezar. (…) Derrotados son los que dejan de luchar, muertos son los que no luchan por vivir”.

– ¿Qué papel cree que va a tener después?

“El de todos los viejos. Dar consejos que nadie les da pelota” (importancia).

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