Internacional

Escombros ante gran paisaje: las casas destruidas por Matthew en Haití

La empobrecida isla caribeña padece ahora las secuelas de muerte y destrucción que causó la semana última el poderoso huracán Matthew.

Por Haití/AFP

A pesar de la tragedia, los haitianos intentan normalizar su vida. (Foto Prensa Libre: AFP).
A pesar de la tragedia, los haitianos intentan normalizar su vida. (Foto Prensa Libre: AFP).

A la familia de Mika Edouard, que habitaba una precaria vivienda sobre una blanca playa caribeña bañada por aguas turquesas, le iba bien bajo los estándares de Haití.

Pero entonces el huracán Matthew golpeó la semana pasada con sus terribles vientos, destruyendo por completo su hogar en Zorange, una turística ciudad en la costa sur del país.

La familia Edouard aún vive frente al centelleante paisaje tropical, pero su casa de cinco habitaciones quedó convertida en un cúmulo de escombros sobre el que ahora duermen al aire libre.

Matthew dejó al menos 473 muertos, 300 heridos y más de 175 mil refugiados en albergues.

“No tenemos absolutamente nada”, dijo Mika Edouard, de 42 años y madre de cinco niños, junto a su esposo Alphonse Edouard, de 50.

En torno a ellos, algunos libros que se salvaron del huracán se secan al sol. La cabecera de lo que solía ser una cama se ve entre los bloques de concreto que antes formaban las paredes.

Y su cocina es ahora una olla rodeada de platos resguardados del sol abrasador con hojas de palmera.

La principal ruta costera que pasa a solo unos metros de distancia es su única cuerda de salvación.

“A veces, las personas que pasan nos dan comida”, dice Mika. Su alimentación ahora consiste en plátanos cocidos con harina.



Un hermoso atardecer en Haití contrasta con las ruinas dejadas por el paso del huracán Matthew en esa isla caribeña. (Foto Prensa Libre: EFE).
Un hermoso atardecer en Haití contrasta con las ruinas dejadas por el paso del huracán Matthew en esa isla caribeña. (Foto Prensa Libre: EFE).


“Se acabó todo”

La familia de Mika trató de aguantar al huracán en su casa, con la esperanza de que las paredes de concreto y ladrillos aguantaran la furia de la tormenta.

Pero cuando se voló el techo, las paredes empezaron a fracturarse y corrieron a la casa de un vecino para protegerse.

“Gracias a Dios todos estamos vivos”, dice Mika, rodeada por sus hijos más pequeños de 9, 12 y 13 años.

Las posibilidades de reconstruir su casa son remotas.

Los Edouard habían construido su hogar hace ocho años, con material comprado con los ingresos de dos dólares diarios que Alphonse obtenía gracias a su trabajo como pastor de ovejas y cabras, y a veces como carpintero.

En total les costó cerca de mil 500 dólares, casi el doble del Producto Interno Bruto per capita en Haití, el país más pobre de América.

“No podemos hacer nada”, expresa Mika. “No podemos volver a construir, no tenemos dinero”.

“Se acabó todo”, dice Alphonse, quien agrega que la tormenta se llevó prácticamente todas sus 21 ovejas y cabras, dejando sólo dos animales heridos.

Los árboles frutales que habían plantado fueron derribados o arrancados. Y sus vecinos están muy preocupados con los propios problemas que les causó la tormenta para ofrecerles ayuda.

La única esperanza de Mika es que el gobierno o las organizaciones humanitarias los ayuden a sobrevivir. “Estamos en una situación desesperada”, afirma.

“Rezo a Dios por mi casa y mi familia”, agrega esta mujer, antes de marcharse para ayudar a su esposo a jalar un largo pedazo de madera con el que esperan construir un refugio.



La desesperación por falta de agua y alimentos empieza a cundir en Jeremie donde se reportan disturbios para lograr alimentos. (Foto Prensa Libre: AFP).
La desesperación por falta de agua y alimentos empieza a cundir en Jeremie donde se reportan disturbios para lograr alimentos. (Foto Prensa Libre: AFP).


Caos y saqueos

En tanto, la desesperación empieza a cundir entre la población de Jeremie, en el suroeste de Haití, ante la falta de agua y alimentos, y es que ocho días después de que el huracán Matthew arrasara esta ciudad, la ayuda humanitaria no termina de llegar.

La Policía Nacional haitiana patrulla constantemente la ciudad y los caminos cercanos y no hay miramientos a la hora de sofocar el más mínimo amago de revuelta, como el que se pudo desencadenar ayer, cuando un grupo de hombres bloqueó una de las calles de acceso al centro urbano.

Al menos un hombre fue detenido después de que un grupo de personas montará un par de barricadas para exigir que se les entregue la comida, la bebida y las medicinas que parecen no llegar nunca a sus manos.

Los colegios habilitados como refugios para la población, como el Marguerite DYeuville, acogen a cientos de personas y son un perfecto reflejo de lo urgente que es la llegada de ayuda.Haiti-Hurricane-Matthew_JPEG-958ba.jpg

Además de los problemas logísticos por la dificultad de acceso a las zonas mas castigadas, otros de los motivos de esta tardanza es la falta de coordinación institucional, que sigue impidiendo el desarrollo de una acción humanitaria eficiente para atender las necesidades básicas de la población.

Hacer llegar la ayuda a cientos de miles de damnificados requiere de una compleja organización consensuada entre todas las partes, y se echa en falta la creación de un gabinete con representantes de cada uno de los actores que participan en la gestión de la crisis, tanto gubernamentales como de oenegés, señaló un oficial de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah).


Para que la ayuda fluya y para tomar decisiones rápidas ante cada contingencia que se presente la coordinación es imprescindible, apunta el militar, pero, al día de hoy, no existe ni siquiera un cómputo global de la ayuda que ha llegado, en este caso a Jeremie, desde que el huracán arrasó el departamento suroeste.


Hasta ahora, los materiales están llegando por vía aérea, con un número irregular de vuelos  (ayer fueron 14) cargados con ayuda proporcionada por distintos países, que aterrizan en la pista de Jeremie.

El lugar de despegue y aterrizaje de esta ciudad no tienen nada que ver con unas instalaciones aeroportuarias, es solo un camino en línea recta sin asfaltar.

Sus características solo permiten la llegada de helicópteros y pequeños aviones, puesto que carece de la longitud necesaria para el rodaje un aparato grande.

Allí se encuentran efectivos de la Minustah de Brasil y Ruanda, que colaboran con la logística y seguridad de los cargamentos que llegan a este área tan necesitada, aunque no son los responsables directos del reparto, explica el oficial, del que se encargan entidades locales.

La llegada de un helicóptero de los Marines de Estados Unidos congrega en la pista a varios efectivos que colaboran en la descarga de las cajas que llevan alimentos básicos, como arroz y aceite, con un peso aproximado de tres toneladas.

“No podemos hacer nada (...). No podemos volver a construir, no tenemos dinero, Mika Edouard.

Su distribución está pensada para entregar una caja por familia.

Pero hasta que llega a sus destinatarios, se almacena, custodiada en todo momento por las brigadas de la Minustah para evitar posibles saqueos.

Sus efectivos también garantizan la seguridad de los dispositivos de reparto, dando instrucciones para que quienes van a recibir la ayuda se coloquen en perfecto orden y aguarden su turno.

Hasta aquí también están llegando materiales para levantar barracones, no solo para la población, sino también para los pelotones de la Minustah, cuya base sufrió daños durante el huracán.

Si ninguno de los soldados salió herido es porque todos los efectivos permanecieron en los vehículos todoterreno, camiones y camionetas que hay en el campamento, indicó uno de los integrantes del contingente que permanece fijo en Jeremie, al que se están sumando más efectivos tras el paso de Matthew.

A lo que llega por aire se sumará, a partir de este miércoles, la ayuda que está en camino vía terrestre, transportada por varias organizaciones como Cruz Roja o la Organización Mundial de Salud, según confirmaron fuentes de ambas entidades.

Al menos según el calendario previsto, ya que el avance es lento por las malas condiciones de la carretera desde Les Cayes, ciudad a mitad de camino desde Puerto Príncipe, una ruta difícilmente transitable para vehículos pesados, como los que traen la ansiada ayuda humanitaria.