Internacional

Samy Amimour, de un suburbio de París a la matanza del Bataclán

Incluso durante un amplio interrogatorio policial, Samy Amimour no ocultó nunca su desprecio por Francia, su deseo de irse del país ni su creencia de que el apocalipsis estaba cerca. Pero dijo a los investigadores que no mataría: “Estoy en contra del asesinato de inocentes, sin importar donde estén”. 

Por Francia/AP

El cadáver de una de las víctimas de Samy Amimour, en la matanza del Bataclán en noviembre del 2015. (Foto Prensa Libre: AP).
El cadáver de una de las víctimas de Samy Amimour, en la matanza del Bataclán en noviembre del 2015. (Foto Prensa Libre: AP).

Tres años después, Amimour regresó de Siria, masacró a 12 personas en un concierto de rock y murió dentro de la sala Bataclán con un cinturón suicida ceñido al cuerpo.       

Documentos judiciales, transcripciones de horas de entrevistas de investigadores y registros telefónicos y bancarios a los que tuvo acceso The Associated Press trazan el camino recorrido por Amimour y dos de sus amigos más cercanos desde Drancy, un suburbio de París, hasta la guerra en Siria.       

Amimour y Charaffe El Mouadan, el carismático líder del trío que adoptó el nombre de guerra Souleymane, terminarían muertos. Se cree que el tercero, Samir Bouabout, sigue en Siria.       

Drancy está no muy lejos de París a bordo de uno de los trenes de cercanías poco fiables que llegan a la ciudad. Étnicamente mixto y de clase media, la localidad está conformada por una mezcla de viviendas unifamiliares y complejos de apartamentos feos pero prácticos.

Amimour creció en la tercera planta de un pequeño edificio; las casas de sus amigos están a solo unos pasos de distancia.       

La pasión que compartían por el fútbol les unió durante los primeros años de su adolescencia y el islam actuó como el pegamento que les mantendría en la misma órbita en años posteriores.

El Mouadan dijo a los investigadores que le iba bien estar en el paro, ya que podía realizar sus oraciones diarias.       

  • Video/archivo: 9/12/2015




“Cuando estuve trabajando para una empresa no podía practicar la religión correctamente. Esto es por lo que quiero irme y vivir en un país musulmán”, explicó.       

Amimour era el único con trabajo estable — tras una temporada clasificando correo y breves empleos en H&M y la cadena de supermercados Carrefour, fue contratado como conductor de autobús en el 2011.

Su empleo lo llevó a los vecindarios de su infancia, y una de las paradas de la ruta estaba en el exterior del complejo de departamentos. Por muchas cosas, era un buen trabajo. Él lo odiaba.       

El 5 de octubre del 2012, Amimour entregó su carta de dimisión personalmente. Diez días después, tras su arresto por cargos de intentar unirse a una organización terrorista extranjera, un agente aparentemente sorprendido le preguntó por qué había dejado su empleo.       

“Hay muchas cosas en el trabajo que no encajan con mi personalidad”, dijo. “A menudo estaba al límite de agresiones frecuentes y provocaciones de los pasajeros. También físicamente. Desde que lo dejé tengo menos dolor de espalda y no quiero estar destruido a los 35 años”.       

Pero su renuncia estuvo también alentada por los planes que él y sus dos amigos habían trazado para dejar Francia.

El Mouadan hizo la mayoría de los preparativos, investigando sobre Yemen, Pakistán, Afganistán y Tayikistán, y estableciendo contacto a través de Facebook con otra persona francófona que lo animó a viajar a Mali.       

El Mouadan fue el primero en anotarse a clases de tiro a principios del 2012 en un club vinculado a la policía. Animó a sus amigos a inscribirse, sugiriendo que debían afeitarse la barba para obtener el certificado médico necesario. Ambos se anotaron a una clase en abril.       

Por razones que no se explican, El Mouadan y Amimour tomaron sendos préstamos de unos US$21 mil 700, para dejar el dinero intacto en sus cuentas.       

Durante un viaje al norte de África a finales de la primavera del 2012, El Mouadan envió a su nueva esposa enlaces a videos yihadistas para que los visionase en su ausencia: “Una vez que tengamos las cosas claras y hayas visto los videos y lo entiendas todo, cambiarás tu forma de pensar”. En mayo, prometió llevarla a vivir a las montañas e “ir a la guerra”.       

  • Video/archivo: 15/11/2015




Ese verano, investigadores franceses tuvieron constancia de la existencia de los tres amigos, realizando operaciones de vigilancia que incluyeron apostar a agentes en sus casas e incluso tomar imágenes de alta definición de El Mouadan en el aeropuerto de París.

A principios de octubre, la investigación se aceleró, con crecientes peticiones para seguimiento a través de GPS, registros telefónicos y bancarios y, en el caso de Amimour, de horarios de trabajo y vacaciones.       

Fueron detenidos en la madrugada del 15 de octubre, y durante días estuvieron bajo custodia policial sometidos a interrogatorios sobre el viaje que tenían previsto, antes de quedar en libertad.       

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Amimour no fue ambiguo con respecto a Francia: “Hay una sensación de opresión hacia la comunidad musulmana, de estigmatización por los medios, que pesa sobre todo el mundo. Por ejemplo, en el trabajo no puedes realizar oraciones en el momento en que hay que hacerlas. Si una mujer quiere vestir un velo, es un problema. Si te quieres dejar barba, también. Y hay un ambiente que no está conforme con el Islam. Lo que es algo normal en un país no musulmán, pero dificulta la vida de un musulmán”.       

Habló sobre el apocalipsis, que intuía cercano, haciéndose eco de un principio base del grupo extremista Estado Islámico al que finalmente acabaría uniéndose, y dijo que quería prepararse “siendo más religioso y protegiéndome geográficamente. Distanciándome de grandes ciudades y sus males” .       

Los tres jóvenes negaron que quisieran causar daño alguno. Los tres partieron a Siria menos de un año después.       

“Cuando estuve trabajando para una empresa no podía practicar la religión correctamente. Esto es por lo que quiero irme y vivir en un país musulmán”, Samy Amimour.

Los investigadores no identificaron públicamente la fecha del regreso a Francia de Amimour. Al parecer, su familia supo de su vuelta tras ser identificado como uno de los suicidas que entró en la sala Bataclán el 13 de noviembre del 2015. 

Los sobrevivientes de esa fatídica noche dijeron que dos de los pistoleros — uno de ellos posiblemente Amimour — revisaron su sangrienta labor y debatieron qué hacer después.       

“¿Deberíamos llamar a Souleymane?”, preguntó uno, según medios franceses. “Lidiaremos con esto a nuestra manera”, fue la respuesta.       

En total, 130 personas perdieron la vida esa noche, la mayoría en el concierto de rock.       

Ataques aéreos de Estados Unidos mataron a El Mouadan el 24 de diciembre, según el ejército, que lo describió como un líder del grupo Estado Islámico con una implicación directa en la masacre del 13 de noviembre y que “estaba planeando activamente ataques contra Occidente”.