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27/07/13 - 09:00 Internacionales

Emoción y lágrimas en el lugar donde descarriló el tren en Galicia

Cuatro días despues de la peor tragedia ferroviaria en décadas en España, los habitantes de Santiago de Compostela y de toda Galicia acuden al lugar del siniestro, muchos con lágrimas en los ojos, para rezar en silencio o simplemente para observar el lugar, por curiosidad.

POR AFP España

SANTIAGO DE COMPOSTELA- "Nos imaginábamos que ya estaba todo limpio y acabamos de ver que el primer convoy está todavía allí. Te da así un poco de escalofrío pensar todo lo que se pudo haber vivido aquí, en ese día y esa noche terrible" del miércoles, dice Celia Rosende, apuntando a lo lejos hacia la máquina del tren de morro alargado y parabrisas completamente roto, que sigue sobre las vías. Esta empleada de la universidad de Santiago de Compostela se ha detenido en el lugar del accidente con su esposo y una pareja de amigos camino del centro de Santiago. Su madre, de 81 años, se ha quedado en el coche: "la abuela no quiere verlo", dice.

Parejas, grupos de amigos, familias con niños: hay un goteo continuo de gente que acude desde el jueves para ver los restos de la tragedia desde el pequeño puente sobre las vías, en el que se han colocado cuatro ramos de flores. "Santiago somos todos, somos un pueblo pequeño con gente grande", se puede leer en uno de ellos, en un homenaje a los vecinos del barrio santiagués de Angrois, que fueron los primeros en ayudar a las víctimas del accidente.

Siguiendo un pequeño camino, la gente puede acercarse hasta ver prácticamente desde encima la locomotora que sigue tirada en las vías. En la verja que impide pasar hasta ella, se han colgado también otros ramos.

En el lugar del desastre, un trozo de vagón ha sido colocado en un tren de mercancías aparcado a su lado y, detrás, protegida por cordones policiales, continúa la enorme grúa que desde el jueves ha estado sacando vagones siniestrados de la vía.

"Es horrible, horrible", murmura María Lourdes Torreira, de 56 años, con lágrimas en los ojos. "Si yo llego aquí y veo a la gente tirada me da algo. Hay que tener mucho pecho para venir aquí y ayudar", añadió, recordando una tragedia que ha causado 78 muertos.

Justo cuando la lluvia hace su aparición, haciendo todavía más sombrío el lugar del accidente, una pareja de treintañeros silenciosos buscan un lugar donde cobijarse. Visiblemente afectados, explican que trabajan juntos en una empresa de pompas fúnebres y, por eso, prefieren no dar su nombre. Les llamaron el miércoles por la noche para trabajar sin descanso "hasta ayer (viernes) por la noche", explica la mujer, de manera lacónica.

"Aún no lo hemos asimilado", añade, antes de marcharse cogidos de la mano.


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