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Prensa Libre

21/04/11 - 00:00 Internacionales

La última cena que compartió Jesucristo

Jerusalén.- Los invitados a la última cena con Jesús debieron comer un menú compuesto, en esencia, de cordero asado, acompañado de hierbas amargas, pan sin fermentar y vino, como parte de la festividad de la Pascua. Claro está que no todos los historiadores opinan de igual forma.

“Había que hacer muchas cosas: aderezar la sala, comprar los panes ácimos —sin levadura—, las verduras, el vino, el aceite para las lámparas y el cordero. Luego, sacrificar este en el templo, después de la oración del mediodía, y asarlo. Realmente no tenían mucho tiempo. Todo debía estar a punto antes de que aparecieran en el cielo las primeras estrellas”, según historiadores.

Este relato de los preparativos de la última cena de Jesús contiene uno de los aspectos más polémicos de aquel momento cumbre de la religión cristiana: los platos que supuestamente conformaron el menú que compartió con sus 12 apóstoles.

En el Evangelio de San Mateo, en el capítulo 26, versículos del 17 al 23, se relata: “El primer día de la fiesta de los panes sin levadura vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la Pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la Pascua. Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los 12”.

Evidentemente, Jesús había celebrado con sus discípulos otras cenas y otras pascuas, pero aquella fue la última. Él lo presentía.

La última cena de Jesús con sus discípulos es probablemente la comida más famosa de la historia de la humanidad, pero aún no existe consenso sobre lo que se comió y bebió en aquellas cruciales horas de la primavera de hace casi dos mil años. Los documentos y grandes obras pictóricas de arte religioso que han reflejado aquel momento, no pueden despejar el enigma.

Según narran los apóstoles Mateo, Lucas y Marcos en los Evangelios, en aquella comida Jesús consagró el pan y el vino, que la religión cristiana identifica con su cuerpo y su sangre, en lo que representó la institución del ritual de la Eucaristía.

Los evangelistas también coinciden en que la cena se celebró en la tarde del primer día de los Ácimos, ya que la fiesta de Pascua se llamaba también de ese modo, porque durante los ocho días que duraba la celebración no se podía comer pan fermentado.

Sirvieron otros platos

Algunos estudiosos de la historia de las religiones consideran, en cambio, que en la mesa de Jesús y sus seguidores se sirvieron otros platos, constituidos por los alimentos más sencillos que comía diariamente la mayoría del pueblo judío, como eran el potaje de verduras, el pan y el agua.

Según los expertos en la gastronomía de Jerusalén o “arqueólogos de la gastronomía”, como suelen llamarse a estos investigadores de las costumbres dietéticas de los tiempos remotos, en la última cena de Jesucristo se sirvió cordero asado, pan ácimo, acompañado de hierbas amargas y vino, ya que “Jesús y sus discípulos estaban celebrando la Pascua”.

Los historiadores creen que en la mesa había pocos utensilios, como algunas fuentes en las que se sirvió la comida, un plato donde Cristo partió el pan, y quizá una vasija grande para el vino, el cual se bebió en copas menores o cálices de dos asas, y finalmente en el Sagrado Cáliz.

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