Nuevas pistas sobre tragedia aérea

Aunque al copiloto alemán, Andreas Lubitz, lo muestran como un individuo con serios problemas mentales, los franceses no descartan investigar las fallas del avión.

Por la redacción

Nuevas evidencias arrojan luces sobre los trantornos mentales de Andreas Lubitz, el copiloto alemán de Germanwings quien confesó a su ex novia “que todo el mundo conocería su nombre” (Foto Prensa Libre: AP/Michael Mueller)
Nuevas evidencias arrojan luces sobre los trantornos mentales de Andreas Lubitz, el copiloto alemán de Germanwings quien confesó a su ex novia “que todo el mundo conocería su nombre” (Foto Prensa Libre: AP/Michael Mueller)

En una entrevista al diario alemán Bild publicada este sábado, Maria W., presentada como la ex de Andreas Lubitz, dice que cuando oyó hablar de la tragedia, le vino a la memoria una frase del piloto: “un día voy a hacer algo que va a cambiar todo el sistema, y todo el mundo conocerá mi nombre y lo recordará”.

Si Andreas Lubitz “ha hecho esto…es porque comprendió que debido a sus problemas de salud, su gran sueño de trabajar en Lufthansa, como comandante y como piloto de largo recorrido, era prácticamente imposible” , añade en la entrevista.

En otra noticia, también se dio a conocer que Lubitz visitó de niño el lugar cerca del siniestro en los alpes franceses, entre 1996 y 2003.

Este era un campo de vuelo de un club de planeadores en la localidad de Sisterón, a unas 50 millas del lugar donde cayó el avión.

Una patología mental muy oculta

Andreas Lubitz, el copiloto alemán del avión de Germanwings siniestrado en los Alpes el martes, pudo padecer una patología mental muy oculta que las pruebas psicotécnicas no habrían detectado, apuntan diversos expertos en psiquiatría y psicología consultados por la agencia de noticias española EFE.

Esta hipótesis aparece como una de las posibles causas del comportamiento presumiblemente suicida del copiloto, aunque los especialistas indican que sería necesaria mayor información y más detallada para poder explicar por qué Lubitz causó la catástrofe y además ocultó su baja médica por tratamiento psiquiátrico.

El presidente de la sección de Psiquiatría del Colegio de Médicos de Cataluña, Lluís Albaigés, indica que, en su opinión, el estrés no sería el desencadenante directo de la acción del copiloto y que el joven padecería una patología no detectada.

Una pista de esta teoría es el hecho de que en la caja negra del avión se oye hablando al comandante y a su copiloto con normalidad hasta que el primero se va, según explicó el fiscal de Marsella.

“Habría que conocer la biografía del copiloto, sus comportamientos y maneras de funcionar, sus manías y también detalles sobre la depresión que, al parecer, padeció para poder establecer un diagnóstico”, indica el psiquiatra.

Es posible, explica Albaigés, que las pruebas que se le realizaron al copiloto por parte de la compañía alemana no fueran suficientemente “afinadas” para detectar la supuesta patología que padecía o bien que estuviese tan oculta que fuera difícil detectarla.

Su propia caja negra

Por su parte, Guillem Feixas, catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB) considera que “la clave” de la conducta de Andreas Lubitz está “en su propia caja negra, en su cabeza”.

“Desde fuera, nos resulta incomprensible el comportamiento de estrellar un avión, pero quizás el joven tuviera sus motivos, aunque no hay ninguna indicación clara de un patrón de transtorno visible”, señala.

El catedrático de Psicología considera que en profesiones de tanta responsabilidad como la de piloto de avión la formación técnica y los test psicotécnicos cada cierto tiempo no son suficientes y que sería deseable que contaran con programas específicos para afrontar el estrés laboral.

Cuando las personas expresan, comunican y comparten las preocupaciones, las consecuencias negativas que se pueden derivar de sus actos disminuyen, argumenta el catedrático de la UB.

También considera positivo el comportamiento de los tripulantes de otra compañía aérea en la que ha viajado recientemente y que dan la bienvenida a la nave y miran a la cara a los pasajeros, un comportamiento que denota empatía y una clara voluntad de comunicación.

El decano del Colegio de Psicólogos de Cataluña, Josep Vilajoana, explica, por su parte, que la conducta del copiloto es de difícil predicción y que el organismo que dirige trabaja con el Ministerio de Fomento para “afinar” las pruebas que deben superar las personas con trabajo con alta responsabilidad, como los conductores de trenes y de aviones.

Vilajoana apuesta por que los pilotos pasen controles incluso poco antes de volar, diseñados para detectar posibles transtornos, aunque recuerda que todas las pruebas “no afinan tanto como para predecir todas las conductas”.

El trabajo en equipo, precisa, hace disminuir la mala praxis, por lo que, a su juicio, cambiar la actual legislación y obligar a que dos personas permanezcan siempre en la cabina de los aviones es una necesaria y buena decisión.

No descartan fallos técnicos

El general Jean-Pierre Michel, jefe de los investigadores franceses, aseguró hoy que aunque la investigación del siniestro del avión de Germanwings está prestando una atención especial al rol y la personalidad del copiloto, no se han cerrado el resto de hipótesis, incluida la de un posible fallo del aparato.

“Aunque evidentemente hay que ser capaz de establecer prioridades en una investigación para darse el máximo de posibilidades de resolverla, no tenemos el derecho de descartar el resto de hipótesis, incluida la mecánica, hasta que no se haya demostrado que el aparato no presentaba ninguna dificultad” , indicó.

El pasado martes un avión de la aerolínea Germanwings que cubría la ruta Barcelona-Dusseldorf se estrelló en los alpes franceses. En el acto murieron 150 ocupantes del aparato.