Internacional

Viejos enemigos se alian en la lucha contra el Estado Islámico

Las milicias chiíes árabes han inundado la región norteña de Kirkuk en Irak para ayudar a las fuerzas curdas a luchar con el grupo Estado Islámico, pero su incómoda alianza amenaza con reavivar un conflicto mucho más antiguo por un territorio rico en petróleo que enfrenta a los curdos contra el gobierno árabe en Bagdad.

Por Bagdad/AP

Soldados de las fuerzas kurdo iraquíes vigilan una calle de Zumar, cerca a Mosul, norte de Irak que estaba bajo el control del Estado Islámico
Soldados de las fuerzas kurdo iraquíes vigilan una calle de Zumar, cerca a Mosul, norte de Irak que estaba bajo el control del Estado Islámico

En todo Irak, el rápido avance de los extremistas de Estado Islámico (EI) en el último año ha convertido a viejos rivales en aliados reacios. Con el tiempo, la lucha compartida podría ayudar a los iraquíes a forjar el escurridizo sentido de unidad nacional. Pero también plantea el riesgo a que se ignoren disputas que podrían quedar al descubierto si la amenaza remite.

A continuación, algunos de los extraños compañeros de cama en la lucha contra el grupo Estado Islámico en Irak.

Curdos y chiíes

Las milicias árabes chiíes conocidas oficialmente como Fuerzas de Movilización Popular han hecho equipo con los curdos peshmerga en varias batallas, rompiendo el asedio en la localidad norteña de Amirli, de mayoría, chií, en agosto recién pasado, o más recientemente expulsando a milicianos de Estado Islámico de varias localidades en la provincia de Diyala, al nordeste de Bagdad.

Pero Kirkuk es diferente. Las fuerzas curdas reclamaron el control de la ciudad apenas unos días después de que el grupo Estado Islámico arrasara el norte de Irak en junio recién pasado, y su viejo objetivo de incorporar esa zona a su región semiautónoma parecía al alcance de la mano. Pero los árabes y turcomanos de la ciudad, así como Bagdad, se oponen tradicionalmente a esa idea.

Por ahora, los combatientes chiíes hacen causa común con los curdos contra la milicia Estado Islámico, enemigo acérrimo de ambos. Pero si las milicias con respaldo iraní ganan fuerza en la región, podrían ayudar a Bagdad a recuperarla.

Estados Unidos e Irán

Mientras Estados Unidos ha formado una coalición para ayudar a las tropas iraquíes con ataques aéreas, el influyente vecino de Irak, Irán, ha organizado y respaldado a las milicias chiíes sobre el terreno. También se cree que ambas partes ayudan a las fuerzas curdas. Irak ha dado la bienvenida a la ayuda de los dos lados, pero se arriesga a verse arrastrado a una guerra indirecta en la zona que enfrenta a Irán contra Estados Unidos y sus aliados en el golfo Pérsico.

Aunque tanto Washington como Teherán ven al grupo Estado Islámico como una amenaza regional, están muy divididos por el conflicto en Siria, en el que Irán es un apoyo clave del presidente, Bachar al Asad. También llevan tiempo enfrentados por el polémico programa nuclear iraní, así como por la hostilidad de Damasco hacia Israel y su apoyo a grupos milicianos como Jezbolá y Hamas.

El gobierno y los Suníes

Casi todo el mundo está de acuerdo en que la única forma de derrotar a los extremistas de Estado Islámico es persuadir a tribus y milicias de territorio suní de que se rebelen contra el grupo armado. La fórmula funcionó durante un tiempo a partir de 2006, cuando los suníes se aliaron con las tropas estadounidenses para expulsar a al-Qaida en Irak, un grupo precursor de EI.

Esta vez será más difícil. Muchas de las tribus suníes que participaron creen que el gobierno chií las traicionó después, dejándoles de lado tras la marcha de los estadounidenses. Por su parte, Estado Islámico ha castigado con dureza a los que se le oponen, masacrando decenas de hombres, mujeres y niños de tribus rebeldes en una brutal advertencia a otros.

Curdos y curdos no iraquíes

Los curdos se han mostrado como el contingente más unido y disciplinado que lucha contra el grupo Estado Islámico, pero incluso entre sus filas hay divisiones que podrían complicar su lucha.

Los milicianos curdos del Partido Curdo de los Trabajadores (PKK) y las Unidades de Protección del Pueblo con origen sirio (YPG) cruzaron a Irak y se acuartelaron ante la ciudad norteña de Sinkar, una ciudad aún en poder de los extremistas pese a meses de duros ataques aéreos.

Los curdos pershmerga han sido un estrecho aliado de Estados Unidos desde el gobierno de Sadam Husein, pero el PKK libró una larga y sangrienta lucha contra la OTAN y Turquía, y Washington los considera un grupo terrorista. Por su parte, el YPG reclamó Sinjar y las zonas circundantes como parte de Rojava, el enclave que proclamaron en el norte de Siria contra los deseos de los curdos iraquíes.