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13/01/13 - 00:00 Izabal

Quiriguá fue corazón de intercambio maya

Esculturas que revelan la riqueza de una civilización que desarrolló habilidades arquitectónicas bajo conocimientos sísmicos de las zonas guatemaltecas se hallan en el sitio arqueológico Ruinas de Quiriguá, en Los Amates, Izabal, en donde los mayas construyeron una ciudad relacionada comercialmente con Tikal y Copán.

POR EDWIN PERDOMO

José Crasbor, director de Quiriguá, comentó que el visitante puede apreciar el ingenio maya en estelas, zoomorfos, altares, centros ceremoniales y graderíos, y en la acrópolis obtiene una vista impresionante de la gran plaza.

La ubicación hacía de este complejo un sitio ideal para el control del comercio con Tikal, Petén; y Copán, Honduras, de productos como jade, cacao, pieles y obsidiana, que eran traídos de San Martín Jilotepeque y El Chayal, Guatemala, en el período Clásico, entre el 200 y el 900 d. C., agrega Crasbor.

“En este período, el lugar se convierte en una importante ruta comercial, y en el 400 d. C. sus gobernantes ordenan la construcción de su acrópolis, estelas y zoomorfos. Alrededor del 690 de la misma era registró una inundación que cambió completamente el paisaje, dejando en uso únicamente los edificios más altos”, dijo.

Independencia

Crasbor indicó que en el año 738 d. C. Quiriguá destaca por su rápida expansión comercial, al haber logrado su independencia tras la derrota del rey de Copán, Uaxaclajuun Ub’aah K’awiil, sacrificado en la gran plaza. En el 850 se registra el abandono del lugar.

Crasbor es arqueólogo graduado en la Universidad de San Carlos. Administra Quiriguá desde el 2008. Ha trabajado en investigación en las ruinas de Takalik Abaj, Retalhuleu; El Baúl, Escuintla; Kaminal Juyú, Guatemala, y El Naranjo, Petén. Ha participado en análisis de material arqueológico, ha dictado conferencias y es catedrático universitario.

El guía de turismo Víctor Samayoa comentó que este lugar es único por su importancia comercial, y que es admirado por visitantes extranjeros, quienes se interesan en conocer su historia.

Carlos Gallardo comentó que visita el sitio todos los años porque admira el ingenio de los mayas plasmado en las esculturas, y que tiene por objetivo que su hijo mayor estudie Arqueología.

“Pienso en cómo lograban esculpir grandes cosas sin los recursos de la tecnología moderna”, dijo María Solórzano, quién llegó de Chiquimula.


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