Revista D

La pantalla grande

Cómo actúan los guatemaltecos ante la exposición cinematográfica.

Por Roberto Villalobos Viato

Hace 119 años se presentó la primera función de cine en Guatemala. Aquel histórico evento, para ser precisos, fue el 26 de septiembre de 1896, en el local número 11 del Pasaje Aycinena, en una función a cargo del italiano Carlos Valenti Sorie, quien empleó la última maravilla del mundo: un cinematógrafo que hacía unos pocos años habían inventado los hermanos Lumière.

Exactamente un mes después, el Teatro Colón presentó una película con un aparato fabricado por Edison.

Desde entonces, el entretenimiento en el país cambió radicalmente. La gente ya no solo iba a caminar al parque o a presenciar una obra de teatro; quienes tenían la posibilidad económica, asistían al cine.

Con el paso de los años, las distintas tecnologías le añadieron color, efectos especiales o imágenes en tres dimensiones, hasta llegar a las actuales butacas que se mueven al ritmo del filme, brindándole al espectador una experiencia única.

Aunque asistir a estas funciones todavía es un gusto que pocos se pueden dar, la industria continúa con un fuerte crecimiento. Pero, ¿alguna vez se ha preguntado cuál es el comportamiento de los guatemaltecos ante la proyección de películas? ¿Cuánto vale ir al cine? ¿Qué opciones existen?

La investigación completa, publicada por la Revista D, la podrá consultar completa hoy, 11 de octubre del 2015.