Los muertos también votaban

Prensa Libre publicó en Tribuna del 13 de julio de 1999 sobre la facilidad con que los partidos cometían fraude, al incluir a los fallecidos en el Padrón Electoral.

Por Por: Hemeroteca PL

Mario Guerra Roldán, ex magistrado del Tribunal Supremo Electoral. (Foto: Hemeroteca PL)
Mario Guerra Roldán, ex magistrado del Tribunal Supremo Electoral. (Foto: Hemeroteca PL)

Cuando se efectuaban las elecciones en los gobiernos militares, los partidos políticos que eran favorecidos por éstos iban a los cementerios para sacar las listas de los muertos que debían votar en los comicios electorales.

Sin embargo, desde que se creó el Tribunal Supremo Electoral, se suprimió el voto de los difuntos, pues los comicios se empezaron a efectuar en legalidad, informó en aquel año el magistrado Mario Guerra Roldán.

Esa práctica debería haber quedado enterrada en el pasado, pero para las controversiales elecciones de Chinautla, el año pasado, algunos analistas temieron que resucitaría.

Sin embargo, se publicó, la revisión del padrón electoral verificó que ningún muerto había votado.

El director del registro de ciudadanos, Miguel Enrique Solís, señaló en aquella oportunidad que el hecho de que los muertos votaran ya no se daba.

Defunciones

Para tanquilidad de las almas en pena de todos los políticos de oposición, los registros civiles de las municipalidades debían informar de las defunciones al Registro de Ciudadanos, y éste al Departamento de Inscripción de Ciudadanos y Elaboración de Padrones.

Los informes debían rendirse semanal o quincenalmente; sin embargo, los registros tendrían a retrasarse siempre, por lo que la depuración del padrón podía dificultarse.

Muchas veces las delegaciones o subdelegaciones del Registro tenían que llamar a los registradores municipales por la tardanza de los avisos.

Otro problema es que la notificación de las defunciones llegaba incompleta, porque se omitía parte del nombre o el número de cédula.

En tal sentido, cabe recordar, también, que la Cédula de Vecindad era un documento frágil y fácil de alterar.

Al ser notificado el número de empadronamiento del fallecido, se sacaba del padrón.

"Ya no se puede volver a usar porque se murió con la persona", dijo entonces Guerra Roldán.