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06/01/13 - 00:00 Nacionales

Érick Bernabé Barrondo, el héroe olímpico

Un antes y un después en la historia del deporte de Guatemala se marcó el sábado 4 de agosto del 2012 en las calles de Londres, Inglaterra, y fue un marchista nacido en San Cristóbal Verapaz el responsable de haber convertido en realidad uno de los más grandes anhelos de su patria.

Los pasos sobre el asfalto durante la competencia de 20 kilómetros en la edición 30 de los Juegos Olímpicos de verano —con los mejores exponentes del mundo— le encaminaron en casi una hora y 19 minutos a alcanzar lo que hasta ese día ningún atleta nacional pudo en seis décadas de participación en las justas: subir al podio para recibir una medalla.

La presea de plata que ese día, luego de concluida la prueba, colgó en su cuello Willi Kaltschmitt, miembro guatemalteco del Comité Olímpico Internacional (COI), se convirtió para Barrondo, con apenas 21 años, en el símbolo del momento más emotivo de su existencia y su carrera.

En las cercanías del Palacio de Buckingham, uno de los recintos más reconocidos de la capital británica, el atleta nacional vivió durante ese día un cúmulo de emociones que se reflejaron en su rostro durante la premiación —acompañado de los chinos Ding Chen y Zhen Wang, ganadores de oro y bronce— y le significaron tocar la cima poco más de dos años después de haber iniciado su trayectoria en el alto rendimiento.

Los sueños que comenzó a construir a mediados del 2010, cuando dejó Alta Verapaz para viajar a la capital y entrenarse en la especialidad atlética, al lado de Rigoberto Medina, se transformaron en la realidad que lo llevó a convertirse en un héroe.

Días después, el 13 de agosto, cuando regresó a Guatemala, miles de personas salieron a las calles capitalinas, y horas más tarde en las de su natal San Cristóbal Verapaz, para aplaudir y mostrar su admiración por la faena del marchista en Londres.

En los discursos que ofreció en diferentes actos, Barrondo, en forma elocuente y emotiva, expresó su orgullo por ser portador de los colores azul y blanco, además de resaltar el potencial y la capacidad de los guatemaltecos para encontrarse a la altura de los mejores del planeta en todos los ámbitos.

Su condición de subcampeón olímpico y trascendencia para la historia del país son los motivos que han llevado al deportista a ser elegido como el Personaje del 2012 de Prensa Libre.

¿Qué significa el año que recién terminó?

Mucho, ha sido un año lleno de alegrías y con el trabajo hay cosas que caen por su peso, unas que se alcanzan y otras que no, pero al final sucedió de la manera que Dios mandó.

¿Qué representa en su carrera y, principalmente en su vida, la medalla de plata olímpica?

No hay palabras que puedan explicar esta bendición. Cuando uno trabaja recibe un pago a fin de mes, pero esto va más allá, es algo que el país quería desde hace 60 años y que logramos con muchos esfuerzos, sacrificios y amor por Guatemala.

¿De qué manera recuerda el día de competencia en Londres?

Al inicio pensaba en cómo comencé en esto. Cuando me fui de Cobán para la capital. No dormí el día antes y pensé en el trabajo que hicimos junto al equipo antes de ir a los Juegos, en las palabras de un entrenador y sabía que el espíritu de Dios estaba conmigo.

¿Cuáles fueron esas palabras de Medina?

Que sólo nosotros podíamos cambiar nuestra vida y que no habíamos entrenado tan duro para ir a perder.

Usted sabía que esos 20 kilómetros serían los más importantes en su vida.

Sí, y por eso estaba tranquilo porque sabía que tenía que hacer el mejor calentamiento. Le pedí al profesor que se pusiera en un lugar donde lo pudiera ver y yo sabía que si estaba allí en la salida era por algo, tenía que dejar afuera los nervios.

Quienes estaban en el pelotón eran los mejores del mundo y perseguían lo mismo. ¿De qué manera transcurrió la carrera?

La primera parte fue un poco lenta, pero en la segunda se recupera el tiempo y es donde se decide quienes suben al podio. Otros países que son potencia en la marcha peleaban contra Guatemala, que tiene al mejor entrenador del mundo y no me sentí menos en ningún momento. Yo sabía que tenía dos amonestaciones y que debía esperar el momento más oportuno para ir al frente.

¿Cómo recuerda esa parte, en la que se definieron las medallas?

Dejé que los chinos y rusos trabajaran, no me puse a pelear con ellos porque era la estrategia, ir adelante en los últimos kilómetros. Sabía que quien venía en el cuarto lugar estaba lejos, pero que si iba por el oro, seguro me descalificarían.

¿En qué momento sintió que la plata era suya?

Esto es marcha y a uno lo pueden descalificar luego de pasar la meta, lo que me quedaba era tener fe.

¿Qué emociones le invadieron al cruzar esa meta y ver concretado el sueño de una medalla?

Una alegría enorme, saber que el sacrificio de tantas cosas no fue en vano, que se hizo la voluntad de Dios; dentro de mí sentía querer estar en Guatemala para ver en la cara de muchos la alegría por esto.

¿En quiénes pensaba en ese momento?

En mi familia, mi novia, la gente que ha estado conmigo siempre. A la primera persona que quería abrazar era a mi entrenador, y ese abrazo con él fue algo para la historia porque no fui solo yo, sino toda Guatemala la que recibió de él un regalo tan grande.

La hora de subir al podio, un lugar donde ningún guatemalteco estuvo antes, llegó poco después.

Sí, es uno de esos momentos que uno se llevará hasta la tumba. Trataba de no llorar, pero cuando menos lo sentí tenía lágrimas en la cara. Recuerdo que vi la bandera y luego al profe, del lado izquierdo, fueron momentos de gran felicidad.

¿Qué siente al recordar cuando esa medalla de plata llegó a su cuello?

Ganas de llorar otra vez, y quisiera regresar el tiempo, pero Londres fue una vez en la vida y se quedará allí, para siempre.

¿Si pudiera escribir de nuevo la historia de ese día, cambiaría alguna parte?

No, aunque hubiera querido una amonestación menos para poder ir adelante y pelear por el oro.

A su regreso a Guatemala encontró a muchas personas que querían compartir su logro; su familia y su novia, Lila, eran los primeros.

Sí, fue un momento muy feliz porque tenía cuatro meses de no verlos. Al llegar se me olvidó el cansancio del viaje y fue muy especial celebrar los sueños de padre y madre para un hijo, como sucedió con nosotros.

¿Qué le significó ver a tanta gente en las calles para darle la bienvenida?

Mucho. No se me olvidará algo que el profe le dijo a otras personas cuando nos fuimos al campamento, y era que el 13 esperaba verlos a nuestro regreso. Al principio pensé que solo afuera del aeropuerto estaba la gente, pero luego fueron kilómetros viendo a muchos que llegaron de tantos lugares. Eso es lo más grande que pude recibir.

¿Qué lo marcó en ese recorrido?

Una persona que tenía un cartel donde decía “60 años de espera, un sueño hecho realidad”.

¿Y al volver a San Cristóbal Verapaz?

Fue algo inolvidable, era el lugar a donde quería llegar más rápido. Así como nunca vi a tanta gente reunida en el lugar donde crecí; también estaba mucha gente que me conoce desde pequeño.

La vida le ha cambiado en muchos aspectos, principalmente ahora que ya no es un desconocido.

Sí, eso es algo que me ha costado bastante; sin embargo, es importante demostrar cariño por la gente, ya que por ellos y por el país es por quienes se trabaja.

¿Qué viene para usted en el futuro?

Londres ya pasó, y con mi entrenador pensamos en muchas cosas: el Campeonato del Mundo, los récords y otros Juegos Olímpicos.

Paralelo a la medalla, ¿cuál cree que ha sido el mayor triunfo de su vida?

Ver a mi familia mejor y poder ayudar a la gente cuyas condiciones económicas no son las idóneas.

¿Cuál es el aprendizaje más importante que le dejó lo vivido?

Saber quiénes están con nosotros en las buenas y, sobre todo, en las malas.

¿De qué manera le gustaría que su victoria repercutiera en la actitud de los guatemaltecos?

Que tengan las ganas de triunfar por el país y que haya más y mejores oportunidades para todos.

¿Y cómo podemos lograrlo?

No hay que dejar de luchar ni soñar, y menos de trabajar.

POR FERNANDO RUIZ DEL VALLE /

EN DETALLE

El orgullo de Chiyuc

Acerca del subcampeón olímpico:

Érick  Barrondo García nació el 14 de junio de 1991, en la aldea Chiyuc,  San Cristóbal Verapaz.
Hijo de Bernardo Barrondo y Dora Leticia García, es el mayor de cinco hermanos.
Cuando era niño practicaba  futbol y luego, para seguir el ejemplo de sus padres, quiso ser corredor de fondo, pero una lesión lo obligó a recuperarse con la práctica de la marcha.
Las fotografías de Barrondo fueron tomadas en Hacienda Nueva Country Club, gracias al apoyo de Jorge Nayén.


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