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29/01/12 - 00:00 Nacionales

Difícil salida a un infierno

Para salir del infierno del alcohol y las drogas, muchas personas buscan el auxilio de casas de rehabilitación, donde a menudo se encuentra con otro suplicio debido a los abusos y maltratos que sufren por parte de los encargados, sin que exista una auténtica supervisión por parte del Ministerio de Salud, que a la fecha tiene autorizados cien centros de este tipo.

POR OMAR ARCHILA

La incertidumbre prevalece desde el principio, pues con frecuencia los familiares no pueden ni siquiera examinar las instalaciones antes de ingresar al paciente, son obligados a firmar un contrato y ninguno de los hogares se responsabiliza por lo que pueda ocurrirle al interno.

Abusos

Andrés Pérez, un hombre de 34 años, ha estado internado en varios de esos centros, debido a sus problemas con el alcohol desde los 25 años.

Él compartió que una de las peores experiencias vividas “fue en un hogar ubicado en la zona 1, pues en esa casa dormíamos en el suelo, la comida que repartían estaba en mal estado y las condiciones de vida eran humillantes”, dijo.

“Por mi experiencia en muchas casas de rehabilitación, puedo asegurar que al menos el 90 por ciento de esas casas se denominan cristianas, pero en realidad están lejos de ello, pues el trato hacia los internos es inhumano”, agrega Pérez.

Doris de Villareal confirma lo anterior al calificar de “calvario” lo que vivió su familia cuando debieron internar a un pariente en uno de esos lugares.

“Nos hicieron firmar un contrato, dijeron que él tendría medicamento y sueros para su rehabilitación, pero nunca fue así”, afirma De Villareal.

“No nos dejaron ver las instalaciones, ofrecieron que estaría en una habitación compartida, pero siempre durmió en el suelo”, agrega.

Sin embargo, directores de algunos centros de rehabilitación visitados por este matutino aseguraron que a pesar de que algunos hogares utilizaban la fuerza y golpes para la readaptación del interno, esto ha quedado atrás.

William Contreras, de la Fundación Nicky Cruz, explicó que en esa institución las personas llegan motivadas “porque quieren dejar una mala vida atrás; no utilizamos golpes ni malos tratos. Lo que los pacientes necesitan es amor: lo contrario a lo que reciben en las calles”.

En ese hogar la mayoría de las personas son alcohólicas, pero también hay drogodependientes.

“El no, no es negociable”, es la frase que se lee en la entrada del hogar Contacto, en la zona 7, y según su director Josué Muñoz, ellos utilizan un programa de 12 pasos en las “restauraciones” de vida de los internos.

“En esta casa, de 10 personas que ingresan, ocho son por drogadicción y dos por alcoholismo, por lo que aquí impartimos ayuda espiritual, emocional, y terapias para el interno y su familia”, asegura Muñoz.

Carlos, 21, cuenta que al principio fue difícil, pero se sometió a terapia para cambiar su vida: “Permanecí un mes medicado; luego de eso, la recuperación fue más llevadera”.

Wálter trabaja en ese hogar desde hace dos años, pero alguna vez fue paciente. “Comparto mi experiencia y conocimientos con los pacientes de reciente ingreso”, explica.


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