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27/03/11 - 00:00 Nacionales

Vendo mi caja, me quiero morir, nueva novela de Haroldo Sánchez

¿Hasta qué punto lo que se vive en Guatemala deja de ser real y se convierte en ficción? ¿Cuándo la ficción se hace realidad?”, se pregunta Haroldo Sánchez. La respuesta que se planteó está en Vendo mi caja, me quiero morir, una novela que despierta emociones sobre la Guatemala de antes que muchos ya no recuerdan.

POR ÁXEL VICENTE

Testigo presencial

Doña Inés, una mujer de 107 años, es el personaje principal del libro. Ha vivido más de un siglo de historia —¿o histeria?— del país y ahora reclama su muerte.

Su visión femenina sobre las mejores épocas de la nación presenta la evolución de un país que ha llegado a un punto sin retorno. Desde aquellos tiempos cuando se paseaba por la afamada Sexta Avenida, o de aquel mundillo intelectual que prometía un progreso futuro, hasta llegar a la Guatemala violentada, criminalizada, corrupta y narcotizada de aquel futuro que no llegó.

La cultura del narco

“Hay una narcocultura que seduce a muchos que viven la situación sufrida del país. Estos han suplido la labor del Estado y por eso la gente los quiere. La droga permite una vida fácil,” expresa Haroldo Sánchez al referirse al tema de su novela.

A esto se le debe añadir que las teleseries, libros y películas resaltan la vida del narco como un sinónimo de éxito, dinero y supuesto glamur: hombre guapo, rodeado de mujeres exuberantes dispuestas a todo.

“Esa es solo una cara; la verdadera es otra: una realidad donde las drogas matan, prostituyen y acaban con la moral de un país. ¡Ojo! Las drogas y el narco, en el país, vinieron y amenazan con quedarse”, previene Sánchez, quien en el 2001 ganó el premio de novela Mario Monteforte, con otro relato basado en la identidad nacional.

Guatemala evocada

“De alguna manera trato de revivir esa nostalgia de lo que fue el país. Llevar al lector a esa Guatemala que hemos perdido y que no vamos a recuperar”, dice el autor. La presencia de carteles de la droga como los Zetas, el alto consumo de estupefacientes, el crimen organizado, la corrupción y la ausencia de un Estado comprometido integran una realidad que no puede obviarse.

“Pero hay que recordar”, asevera, “que aunque no se vea la esperanza y el futuro sea incierto, no significa que los guatemaltecos no sigamos luchando. Se debe seguir porque aún hay muchos guatemaltecos que amamos este país, que no nos doblegamos, y que a pesar de las limitaciones damos lo mejor”.

Oficio periodístico

Por sus labores periodísticas es difícil determinar dónde queda la frontera entre el periodista y el escritor. El caso es que ambos oficios viven de él.

“Quiero llevar al lector un texto donde él mismo recree lo que ha pasado en el país. Que lo encuentre tan interesante como un gran reportaje. No pretendo ser un escritor consagrado, solamente narrar una historia que puede ser real o ficticia. Esto es una novela, y como tal debe entenderse”, expone Sánchez.


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