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Prensa Libre

27/05/12 - 00:00 Nacionales

Industrializan telas típicas

La industrialización de telas y trajes típicos gana cada vez más mercado y aceptación en el país, y aunque aún no desplaza a los elaborados a mano, estos corren riesgo, coinciden vendedores de Quetzaltenango, porque los primeros son más baratos.

La vendedora Sara González relató que hace unos 10 años un grupo de extranjeros visitó diferentes puestos de ropa típica y fotografiaron los diseños, y siete años después trajeron máquinas computarizadas que hacen los mismos bordados de cruceta que tienen huipiles de algunos municipios del país.

“Varias personas compraron máquinas, una que teje en cruceta y otra en marcador, con las cuales se reduce el tiempo para bordar. Antes bordaban uno en dos meses, en tanto que las máquinas lo hacen en pocas horas”, dijo.

La comerciante Brenda González afirmó que cada vez son más los clientes que prefieren huipiles hechos a máquina, porque cuestan menos. “Es lo que está de moda, y creo que eso hace que la gente lo adquiera”, destacó.

En un recorrido por varios puestos de venta de Xelajú se constató que los huipiles artesanales de San Juan Comalapa, Chimaltenango, cuestan Q2 mil cada uno, mientras que el bordado en forma industrial, Q750. El huipil artesanal de Tecpán Guatemala tiene un costo de Q750, y el bordado y el hecho a máquina, Q200.

Según Esmeralda Hernández, otra vendedora, las fajas con poco adorno cuestan Q125, y las más adornadas, Q200, pero las industrializadas se consiguen en Q90.

“Creo que todo se debe a la crisis que afecta a las familias, y por eso el tejido hecho a mano empieza a ser sustituido por el industrial, porque se ahorra aproximadamente un 60 por ciento del costo de una pieza hecha a mano”, explicó Hernández.

Recalcó que con el paso de los años los telares artesanales podrían ser desplazados si no se hace algo para evitarlo. “Es necesario apoyar a los artesanos, porque lo nuestro es original, resalta nuestra cultura y genera fuentes de trabajo”, enfatizó Hernández.

De acuerdo con los vendedores, los huipiles bordados en máquinas se elaboran en San Francisco El Alto y San Cristóbal Totonicapán, Totonicapán y en Cantel, Quetzaltenango.

Preferencia

La compradora Ana Sofio prefiere comprar huipiles industrializados porque están de moda y son más económicos, aunque comentó que el tejido se desgasta más rápido.

La pobladora Candelaria Cutzal aseguró que prefiere los originales, aunque tenga que gastar un poco más, porque tardan hasta 25 años, mientras que una imitación, solo tres, debido al proceso de bordado, que debilita la textura de la tela, porque es perforada en forma excesiva.

“El precio lo dice todo, es más barato, y por eso no ofrece garantía”, expresó.

El tejedor artesanal Óscar Boj considera que los huipiles hechos a máquina son idénticos a los originales y más económicos, pero no tienen el toque humano que encierra aspectos culturales de cada región del país de donde son originarios.

“En países como China fabrican lienzos del güipil quetzalteco y estos se venden a precios más bajos, y eso perjudica la economía de familias tejedoras”, señaló.

Boj exhortó a los tejedores a diversificar los diseños, para aumentar la oferta, a fin de que logren subsistir.

POR ANA CHRISTINA CHACLÁN /

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