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05/07/10 - 00:00 Nacionales

Niños sufren a su manera las tragedias

Así como los adultos sufren la pérdida de su vivienda durante un desastre natural como la tormenta Ágatha, los niños padecen la destrucción de sus pertenencias como juguetes y mascotas.

POR CORRESPONSALES

La médico María Teresa Estrada, secretaria de Salud de la Cruz Roja Guatemalteca, expuso el caso de un niño que tras la tormenta fue llevado a un albergue de Amatitlán. “Lloraba desconsoladamente porque había perdido su mochilita y cuadernos, y por ello creía que ya no iba a poder ir a la escuela”, relató.

El sentido de la propiedad en los infantes los lleva a desafiar el peligro, como sucedió con Elvis Benjamín Marroquín, de 12 años, cuya casa arrastró el río Pixcayá, en Chimaltenango, pero se lanzó al agua para rescatar a Oso, su perro. La familia del niño fue albergada en la iglesia evangélica El Buen Pastor, de Patzún.

En el salón comunal de la aldea Los Esclavos, Diego Fernando Virula, de 8 años, quería ir a su casa destrozada a buscar sus juguetes.

En el mismo lugar, Heidi Yomara Lemus García refirió que sus cuatro hijos se mantenían tristes porque no podían recuperar sus juguetes.

Yoni, de 10 y el más grande de esta familia, se quejó de que la corriente se llevó su bicicleta.

Lemus comentó que afortunadamente los cuatro menores se divierten con el perro Grupi, que lograron salvar del agua.

Estrada agregó que el equipo de la Cruz Roja detectó esta situación mientras asistía a las personas en los albergues.

“Se llevó ayuda integral, por lo que nos enfocamos en los niños, con quienes se desarrollaron actividades psicosociales”, relató.

El dolor de los niños por sus pertenencias quedó reflejado en actividades como dibujar y pintar. “Diseñaban cosas tristes, sus juguetes y mascotas desaparecidas, y sus casas destruidas”, comentó la facultativa.

Karla De León, psicóloga de la Cruz Roja, explicó que tras la pérdida, los niños llevan un duelo, que puede desencadenar en trastorno de sueño, incontinencia y temores nocturnos, entre otros padecimientos. “En la primera fase, esto es normal, pero si persiste se torna traumático”, afirmó.

La profesional expuso que una forma en que los infantes expresan su frustración es a través de la ira. “Se vuelven más agresivos y pelean con más frecuencia, en especial en los albergues, que están hacinados”, indicó.

Esta reacción se nota porque dibujan leones, cuchillos, alacranes y objetos violentos, mientras que en los lugares donde hay menos problemas, los afectados trazan ángeles, flores, y otras imágenes pacíficas, según la psicóloga.

Otros niños se vuelven más distraídos, se apartan; y otros son más cariñosos porque necesitan sentirse queridos.

De León recomendó que además de víveres y ropa, es conveniente llevar a los albergues juguetes, plasticina, cuadernos para dibujo y crayones.


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